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Reír: la deformación del rostro

En la exposición de Vívenes estamos ante el abismo de lo grotesco

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Sería imposible pasar por alto el talante político de la exposición Actuante, de José Vívenes, en la galería Spazio Zero de Caracas. Sus pinturas representan símbolos patrios y laureles militares que generan revisiones equívocas y críticas. Las hombreras y los quepis nos obligan a recuperar la gesta heroica tantas veces ensalzada por políticos e historiadores. Si quedan dudas, Eduardo Planchart Licea se apura a aclarárnoslas: «Para José Vívenes el arte debe crear una vinculación con la realidad», descrita como «un espacio-tiempo dominado por el temor». El mismo pintor explica:

Venezuela hoy es un país en crisis que sigue creyendo en el carisma y no en la razón, vestido de emociones y algarabías por comicios o festividades para que la ignorancia (y la estupidez) sean slogans   utilizados por una sociedad ahogada en la orilla.

 

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Los dibujos de Vívenes participan de la caricatura Fotos cortesía de Spazio Zero

La claridad y la fuerza de las citas suscitan una lectura de toda la exposición como un planteamiento político. ¿Observamos una manifestación que despoja al arte de su carácter proteico para enviar un mensaje claro y unívoco? ¿Esto es un cuestionamiento partidista? ¿Están las imágenes de Vívenes constreñidas a la misión de debatir valores caducos y reafirmar la necesidad de unos nuevos como lo refiere en el video José Vívenes: Actuantes (https://www.youtube.com/watch?v=wWGB_Ot8w4M)? No lo creo.

Esto nos obligaría a aceptar que estamos ante una inversión del realismo socialista, un tipo de manifestación que renuncia a su pluralidad creativa para asegurar el mensaje plano, político y supuestamente constructivo. La obra rayaría en lo panfletario, quizás en lo oportunista. Pero no es el caso. Las piezas expuestas en Spazio Zero trascienden lo político. La lectura que referíamos al principio está presente y se ha querido destacar de forma oportuna para relacionarla con el contexto, mas es insuficiente.

El proyecto visual evalúa la realidad y la cuestiona en todas sus facetas. En algunas piezas Vívenes toma mapas de Caracas y sobre ellos planta figuras oscuras que describen ratas o cerdos. La desproporción del dibujo contrasta con el orden del plano. Jerarquía y margen se superponen y tasan las contradicciones del hombre. El juego con los opuestos radicales es constante en una propuesta donde prevalece lo grotesco como lectura del mundo. Esta abstracción también es tensada con los referentes directos al contexto del artista que ya habíamos mencionado. Lo masculino y lo femenino, en sus nociones más arcaicas, se funden en un uniforme militar que, en lugar de pantalones, porta un tutú. Los prejuicios se conjugan para mostrar una realidad aberrante que despierta cierta comicidad.

vivenes-1-1     Sonreímos ante el abismo. Baudelaire reflexionaba sobre algunos caricaturistas y explicaba que divertían a la gente superficial pero a él lo asustaban. El espectador esboza con cuidado su sonrisa ante los fragmentos de Actuante. Evoca su realidad más humana: la miseria ante el Ser absoluto y la superioridad respecto a los animales. La risa es una contradicción que se experimenta en su matiz más oscuro ante la obra de Vívenes. Podemos adjudicarle la reflexión del poeta francés sobre el tema: «la risa es esencialmente humana, es esencialmente contradictoria, es decir, a la vez es signo de una grandeza infinita y de una miseria infinita».

Conjeturo a un espectador que no tiene contacto con la realidad venezolana. Es difícil considerando la popularidad que ha adquirido últimamente, pero hagamos este ejercicio de imaginación por un momento: alguien que no conozca el mundo inmediato que originó la exposición Actuantes; una persona para quien los nombres Chávez, López, Capriles, Maduro y demás, no tengan ningún significado. De todas maneras, la exhibición lo impactaría, lo abarcaría y lo situaría en la experiencia estética del vértigo que describía Baudelaire.

vivenes-2-2Los dibujos de Vívenes participan de la caricatura; un pollo asado cuelga de una soga y una multitud de humanos con cabeza de cerdo, rata o buitre se abalanzan inútilmente sobre la presa. Nos reímos, degradamos a esos seres; en un segundo momento nos descubrimos en sus gestos y actitudes y sentimos el abismo de lo grotesco.

Ese conflicto, esa contradicción es el mensaje último de esta instalación. Allí está el gran logro. Más allá de la política y las reflexiones morales inmediatas, José Vívenes nos provoca ante los rasgos más absurdos que preserva el ser humano en su interior.

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