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1984: amor, paz y verdad (El Gran Hermano te salvará)

La obra original de George Orwell "1984" en la adaptación dramatúrgica de Aníbal Cova (2017) se presenta en Trasnocho Cultural

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El año 1980 marca el inicio de una década caracterizada por dos generaciones. Los X, aquellos que intentaron hacer del posmodernismo su manifiesto de vida, y los Y o milenials, que crecimos educados por una sociedad paranoica, alarmada o alertada por el posible fin del mundo. Uno, signado por el Y2K, las profecías mayas, y el nuevo paradigma de la información: su “democratización”.

Un viaje, del ciberpunk, a la nostalgia signada por la verdadera era tecnológica.

Treinta años después, la humanidad que no ha sabido engranar el pensamiento político con el progreso tecnológico, se encuentra en una de esas etapas complejas. Basta con revisar las amenazas sobre la creación de una ley que regule el contenido del Internet en Venezuela, para entender lo que digo.

Las alertas del fin del mundo parecen haberse materializado en las múltiples interpretaciones culturales.

El siglo XXI, imagen de una sociedad distópica orwelliana ( sociedades u organizaciones que reproducen actitudes totalitarias), pasa de ser una sátira novelada, a convertirse en realidad. Llegando a ese momento en el que la realidad y la ficción se alinean -llámelo dharma, si quiere-. Sociedades gobernadas por Gobiernos partidistas y populistas (coloque aquí el nombre de su dictador favorito elegido democráticamente o de su red social de más frecuencia) que controla todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos.

Éstas son sociedades guiadas por dictaduras virtuales, contra dictaduras políticas. Algo así como si los bolcheviques hubiesen fundado My Space o, el chavismo Hi5.

¿Y quién guía el pensamiento? La respuesta da un abanico de posibilidades infinito, desde el meme de turno, hasta la estampa de una empresa como Google, concebida por los conspiranoicos del teclado, como el verdadero “Gran Hermano” de nuestra era.

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Foto: Daniel Dannery

Del otro lado de esa línea invisible, que separa el mundo virtual del mundo empírico, se encuentra el tonto útil uniformado (de turno), fundado en liqui liqui negro, o beige apagado, vigilando a todos y todas, a través de una “Policía del Pensamiento” encargada de detectar a cualquiera que piense algo contrario al Gobierno, o cualquier cosa que ellos consideren pueda ser contraria al gobierno.

Tal método, delimitar la libertad individual y suprimir la libertad del pensamiento, crean la ilusión de una libertad de expresión, que pronto se ve cercada cuando de expresarse se trata, precisamente.

¿No lo cree? Le propongo este ejercicio, haga algún comentario políticamente incorrecto en su red social favorita. El tema puede ser variado, tiene usted todo un mundo dominado por “minorías” haciendo valer sus derechos, haga algún comentario crítico. Deje reposar. Pronto descubrirá cómo sus derechos son anulados por una “legión de idiotas”, como les llamaba Umberto Eco.

Así que lidiar con la libertad individual en el aquí y ahora de la realidad, con la libertad de pensamiento del mundo virtual y observar una conducta que anula ambas, es el sueño de Joseph Goebbels hecho realidad.

Todo a través del amor. En pro y a favor del amor. El Gran Hermano dicta.

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Foto: Daniel Dannery

Una sociedad de paz, para guerras imaginarias

El amor lleva a la paz. El hombre es el enemigo del hombre. Esta sentencia se emparenta con aquel título Perro come perro. El hombre se sabe capaz de manipular a otros y lo usa a su favor. Se sabe con la idea de distorsionar las ideas del otro, lo ha estudiado, lo ha perfeccionado. El conductismo se ha convertido en una herramienta para el control psiquiátrico de poblaciones. A través de esa grave acumulación de saberes mal usados -y en algunos casos mal habidos-, se va domesticando a sí mismo hasta coartar el principio de la evolución, del progreso de la mente humana, cercando a la propia humanidad.

La historia de la humanidad en ese sentido es estúpida, reza el libro de Paul Tabori, pues el hombre a través del poder, de su voluntad y sus ansias, encuentra la trinchera necesaria para llevar a cabo las más cruentas atrocidades.

Todo, dice el hombre: en pro del hombre, y por la paz.

La novela 1984 de George Orwell, abre la ventana a una distopia real. Cuando fue escrita entre los años 1947-48, Orwell tomó inspiración de los regímenes fascistas-comunistas, aquellos que intentaron dominar el mundo desde Alemania, Italia, España, Rusia, y solo lograron acumular cadáveres, expandir el grito de la desesperanza, mientras guiaban las mentes de sus habitantes hacía la hecatombe, a favor de la paz.

Hoy, las amenazas de guerra se encuentran al cruzar la esquina. Corea del Norte lanza misiles nucleares para hacer vibrar el pedestal del megalómano Trump (y con ello del mundo entero), mientras Nicolás Maduro, crea una milicia civil armada compuesta; en la mayoría de los casos, por ancianos, mujeres y niños, partiendo de la idea de otra <<invisible>> “guerra económica”. Es como un juego imaginario pero afecta a la vida real. Ya lo dijo Goebbels: Una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad.

Es así como 2+2=5, porque si el Gran Hermano lo dice, debe ser cierto.

Mientras, en otra parte, -la venida a menos- clase media, que se sabe “educada y culta” dice <<No vale, yo no creo>>. La burguesía se llena los estómagos del caviar más barato del mundo, y la “prole” que no sabe nada del intelecto, se alimenta de lo que encuentra en las bolsas de basura. Ponga usted estos tres elementos a hablar de paz y deje cocinar a fuego lento. Mientras el Gran Hermano se ríe en sus caras, con un símbolo hippie en su mano. Así es el cinismo.

Maldad.

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Foto: Daniel Dannery

En pro de la abundancia, al borde de la subsistencia

La imagen del Gran Hermano está ahí para suplir al personaje político de carne y hueso (piense en la mirada de Chávez que se alza sobre esas esperpénticas edificaciones construidas por la misión vivienda, y que ya se están desmoronando).

La mirada del Gran Hermano es así, omnipotente y presente: él es el comandante en jefe, el guardián de la sociedad, el dios pagano y el juez supremo. Él es la encarnación de los ideales y el que vigila sin descanso las actividades cotidianas de la población. Él es una estampa religiosa, símbolo de abundancia y confort.

En el mundo de Orwell, la mirada del líder ha llegado al espacio privado. No hay un solo recinto que no esté acondicionado con su “telepantalla”. Hoy está en nuestras computadoras, en banners, en avatares, portadas, páginas webs, tuits, fotos, etc. Cualquiera de sus formas es una imagen conveniente para recordarnos nuestros pecados y rezar para que en nuestros hogares haya abundancia y nunca falte el pan -aunque el pan ya no exista-.

Solo la verdad nos salvará

Para llevar a cabo su plan, la unión de sus cuatro ministerios (amor, paz, abundancia y verdad) es insoslayable. A través de esa mínima maquinaria del estado, el Gran Hermano hace trabajar sus engranajes para mantener domesticada su población. Sí, hay amor, pero solo hacia el líder. Sí, hay paz, cuando se decide un nuevo enemigo. Hay abundancia, la necesaria. Pero, sobre todas las cosas, hay verdad. Una única verdad. La que el Gran Hermano quiere que sepas.

¿De qué se trata esa verdad? Sin ellos, nosotros no somos nada.

La pieza adaptada por el nobel director Aníbal Cova, se mantiene lo más fiel posible al texto y respeta los principales arcos dramáticos de Orwell. Su otro director Abel García, junto al equipo de creadores y actores, hacen lo posible al apegarse incluso al género. Desde cierta austeridad, en cuanto a efectismos se refiere, mantiene la verosimilitud de su historia a través de las interpretaciones, en las que sus protagonistas, aquí interpretados por Elvis Chaveinte y María Alesia Machado, asumen el drama de ser engañados y manipulados, durante un poco más de dos horas, con compromiso, entrega y talento.

Si usted me está leyendo y no ha leído la novela, aquí tiene una oportunidad de enfrentarse a un texto profético, muy cercano. Pienso que quizás, conociendo el origen del mal, es más sencillo luchar contra él.

1984, puede verse en el Espacio Plural del Trasnocho Cultural los días viernes 7:30 p.m., sábados y domingos a las 7:00 p.m.

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Foto: Daniel Dannery

 

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