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Agosto, condado de Osage: verdades asfixiantes en una atmósfera densa

La obra del dramaturgo Tracy Letts, dirigida por Orlando Arocha, muestra el universo privado de una familia víctima de las adicciones

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Este 22 de junio inició, en la Caja de Fósforos de Bello Monte, el III Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense, evento auspiciado por la Embajada de los Estados Unidos y con el apoyo de la Alcaldía de Baruta. Orlando Arocha hizo los honores con una impactante pieza del dramaturgo, ganador del premio Pulitzer, Tracy Letts: Agosto, condado de Osage.

Entrar a la Caja de Fósforos y encontrarse con ese dispositivo escénico móvil que oscila entre el realismo y algo deliberadamente artificial, nos pone en una situación  muy particular frente a la escena. La imagen:  una postal de Eric Fischl o  Edward Hopper. La luz tenue gesta una atmósfera densa, que reproduce el mundo de las adicciones, asunto que no puede evadirse y que sin escapatorias, nos lleva a pensar en el maestro del teatro norteamericano Eugene O’Neill, con piezas como Largo viaje del día hacia la noche o El vendedor de hielo. Arocha retorna al uso de los recursos multimedia pero esta vez lo hace de un modo distinto, captura momentos íntimos y puntos de quiebre en los personajes, con ello logra hacer un énfasis en ese desproporcionado silencio frente a una realidad exasperante.

La familia se reencuentra en la obra “Agosto condado de Osage” Foto Miguel Hurtado

Letts se presenta en esta pieza como heredero de la tradición de los maestros del teatro norteamericano del siglo XX, la influencia de O’Neill, Miller, Williams y Albee es determinante. En Agosto pone al relieve el universo privado de una familia, más que disfuncional, atomizada por los secretos y las adicciones. Este es un interesante drama en torno a la brecha entre padres e hijos que expone lo monstruoso en la estructura familiar.

Diana Volpe, Djmail Jassir, Nerea Fernández Dorronsoro, Elvis Chaveinte, Marcela Jabes, Daniela Alvarado, Grecia Augusta Rodríguez, Rafael Monsalve, Giovanni García, Iliana Hernández, Jailer Romero, María Fernanda Bistoché y Alberto Gulín, son los responsables de dar vida a este viaje en el interior de una familia desgajada.

Diana Volpe en una impecable interpretación de Violeta, una madre sumergida en sus adicciones Fotos: Miguel Hurtado

Diana Volpe, en una impecable interpretación, encarna a Violeta, una mujer desencantada de la vida, cuyo sufrimiento la ha transformado en un ser cruel y monstruoso.  Ella padece una enfermedad terminal y el refugio para su infinita soledad han sido los analgésicos, la pregunta que me hice constantemente en el despliegue de su crueldad fue, si ella siempre había sido así o si son las drogas que las han hecho surgir a ese ser atroz, oculto en la fragilidad del delgado y débil cuerpo enfermo. Ella se encuentra en una situación límite que obliga a la familia a reunirse en la casa paterna. Su marido, Beverly, ha desaparecido. Las tres hijas del matrimonio se reencuentran para dar forma a este drama en el que solo importan los hechos y no  las razones.

Daniela Alvarado, la taciturna Ivy      Foto de Miguel Hurtado

Las hijas son: Bárbara intransigente y decidida, la taciturna Ivy y la despampanante y autoengañada Karen. Interpretadas por Nerea Fernández Dorronsoro, Daniela Alvarado y Grecia Augusta Rodríguez, respectivamente, dan cuenta de la fragilidad de los lazos familiares y ponen en evidencia que el amor entre hermanos es un asunto que se construye y que no viene dado consanguineamente. Son tres extrañas que se reencuentran para descubrir cuán ajeno es lo familiar en ellas, cuántos secretos y mentiras han sostenido el entramado de sus vidas.

En una memorable escena Violeta y Bárbara se enfrentan en un duelo que exhibe la fractura moral de la familia y la desvencijada máscara que lo cubre todo estalla. Madre e hija son exactamente la misma, todo lo que Bárbara detesta de Violeta es lo que la constituye como ser humano. Lo interesante es que la sentencia que las hijas ejecutan sobre sus padres, no es un castigo unidireccional sino que, ellas mismas son víctimas de sus decisiones porque la pena es compartida en ese miserable infierno que constituye sus existencias.

Nerea Fernández y Elvis Chaveinte ; el drama de la incomunicación Foto Miguel Hurtado

Por otra parte quisiera, decir que me he reencontrado con el inteligente y preciso director que Orlando Arocha ha demostrado ser en su largo y prolífico recorrido, capaz de trascender la miseria de lo cotidiano que nos agobia como espectadores y nos lleva a un espacio, profundamente abyecto pero que apela a la reflexión en torno a la condición humana. Cosa que en montajes anteriores, a pesar de su solidez discursiva, la apuesta por la política se mostraba panfletaria restando altura a un trabajo de calidad, porque es muy difícil hablar de nuestro presente sin correr ese riesgo.

Agosto es una impecable propuesta. Este III Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense comenzó con el pie derecho. La selección de textos  es prometedora y tendremos la oportunidad de ver el trabajo de directores consagrados y de jóvenes en formación. La apuesta por generar un espacio en el que se reúne un enorme equipo de trabajo para traer una propuesta de alta factura, en estos momentos, es invaluable.