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Alberto Barrera Tyszka: El chavismo es muy eficaz a la hora de producir desolación

El autor venezolano, que en la actualidad vive en México, acaba de publicar en Colombia la novela " Mujeres que matan" con Random House y hace poco creó en Venezuela el proyecto editorial Ediciones Curiara

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 “Estaba desnuda, boca arriba.  Tenía los ojos abiertos.  Sin brillo.  Como dos piedras en un vaso de agua.  Cuando la encontraron, llevaba más de ocho horas hundida en la tina del baño.

Las mujeres son distintas en todo.  Incluso a la hora de morir.”

 

Esas son las primeras líneas de la novela Mujeres que matan, que inicia con el suicidio de Magaly Jiménez, a través de este personaje el lector conocerá un país que náufraga día a día; también la historia de un inusual club de lectura que se convierte en la única forma de escape de un grupo de mujeres -Magaly y sus amigas- desesperadas en una Venezuela asolada por la crisis.

 

Alberto Barrera Tyszka (1960).  Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela UCV y en la década de los ochenta formó parte de los grupos poéticos Guaire y Tráfico.  Con, La enfermedad (2006), ganó el Premio Herralde de Novela y, en 2015 , obtuvo el Premio Tusquets con su novela Patria o muerte.  Ha publicado, además, libros de cuentos, poesía y crónicas periodísticas.

Alberto Barrera Tyszka Foto : el espectador.com

-Al terminar la lectura de Mujeres que matan, mi sensación fue que el suicidio de Magaly representa metafóricamente el suicidio de un país.  ¿Cuando empezó a escribir este proyecto tuvo esa idea como premisa o no?

-No.  Para nada.  Por eso creo que el libro es un objeto insuperable.  Cada lectura, de alguna manera, lo reescribe.

Nunca, de forma deliberada, tuve eso en mente.  Para mí solo era Magaly, una mujer que decide acabar con su vida.  Pero también es cierto que, a pesar de las razones (Magaly está sola, vive una realidad violenta, llena de impunidad…), todo suicidio siempre tiene algo de misterio, de enigma.  Pero, como te digo, jamás pensé que el personaje de Magaly podía ser una metáfora del país.

-También de alguna manera Magaly representa al venezolano en su estado de ánimo; es decir tanto los que están en Venezuela como los que han emigrado, viven deprimidos, de alguna manera la alegría fue desplazada por la depresión.  ¿Qué opina?

– Es cierto.  Y quizás no solo ella.  De alguna forma, varias de las mujeres del club de lectura (que es el eje de la novela) viven y están tocadas por lo que sucede en el país.  Sus experiencias tienen que ver con la crisis económica, con la migración, con la sensación de estar en una sociedad que naufraga.  Fíjate que esto que mencionas sobre el “desplazamiento de la alegría” creo que es muy importante.  Yo acabo de estar un mes en Caracas y siento que ahora lo percibí con más fuerza.  Por supuesto que no dejamos de ser caribeños, que el humor tiene un lugar importante en nuestro ADN, pero cada día cuesta más.  La indolencia del chavismo frente a la crisis económica, la represión implacable, el bloqueo informativo interno, la sensación de congelamiento político, todo contagia desesperanza.  El gobierno es muy eficaz a la hora de producir desolación.

-Por otra parte, en el caso de Magaly y de sus amigas del club de lectura, los libros ni siquiera logran salvarlas del régimen dictatorial que viven. ¿Hasta qué punto los ciudadanos son culpables de su tragedia cuando eligen a sus gobernantes guiados por la pasión y no por la razón, cuando creen ciegamente en mesías?

-Los ciudadanos pueden ser responsables de una votación, de haberse equivocado eligiendo a un gobernante.  Pero no son culpables de que ese gobernante, después, haya transformado su popularidad en una forma de dominación, haya cambiado las reglas del juego y se haya convertido en un dictador.  Yo creo que todo lo que ocurre no solo tiene que ver con las grandes mayorías que votan sino también con las élites.  Mientras en América Latina continúe reinando la desigualdad y la miseria, continuarán también apareciendo mesías tentadores.  Parafraseando a Goya podría decirse que el sueño de la pobreza también produce monstruos.

-Tanto en Patria o muerte como en Mujeres que matan están marcadas por la violencia, ¿cree posible a futuro escribir sobre el país sin este registro violento?

– Pienso que es una aspiración que tenemos todos los venezolanos.  Leer el informe de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU es aterrador.  Y que el gobierno ignore o descalifique esa realidad también es otra forma de violencia.

Mujeres que matan también hace un homenaje a las mujeres escritoras, específicamente en un párrafo donde se menciona a Pilar Quintana, Samanta Schweblin, Fernanda Melchor, Guadalupe Nettel, entre otras.  ¿Cree que el nuevo boom de la literatura, no sé si latinoamericana o hispanoamericana, está en la pluma femenina?

-La palabra boom siempre es complicada.  Siempre además se enreda con el tema del mercado, de las operaciones publicitarias, etc,  Yo creo que en América Latina y en España siempre ha habido mujeres que escriben, escritoras excelentes.  Pero ahora –no discutamos en este momento las razones, los contextos, la historia-  se están publicando más libros de mujeres, escritoras jóvenes, muchas de ellas fabulosas, geniales.  Lo que quiero decir es que tener ahora más libros extraordinarios, escritos por mujeres, no significa necesariamente que antes las mujeres no escribieran.

-Es inevitable preguntarte sobre Venezuela, fue muy polémica la carta que publicaron los intelectuales apoyando a Guaidó,  ¿Será él la persona que conduzca al país a una transición democrática?

– Yo no lo sé.  Lo que sí puedo decir es que Juan Guaidó, hoy, representa institucionalmente la única alternativa de la oposición ante la crisis.  Es el presidente de la Asamblea, la única institución con legitimidad democrática que tenemos.  Está reconocido internacionalmente.  Eso no quiere decir que yo estoy de acuerdo con Guaidó.  Hay cosas que no me gustan.  Pero no hay otra opción.  Lo demás son espejismos que solo sirven para escribir tuits: la renuncia de Maduro, la invasión, la implosión militar o la rebelión popular.

-Hace poco participó en el proyecto fotográfico de Santiago Escobar Jaramillo, que se inspiró en parte su novela Patria o muerte.  ¿Qué significo para Usted, que un extranjero tratara de interpretar lo que ha sido el comunismo en Venezuela y Cuba?

-Santiago Escobar es un fotógrafo muy talentoso y el acercamiento a nuestra realidad que hace en sus fotografías me pareció impresionante.  Creo que justo busca, desde adentro, desnudar esa consigna.  Por supuesto que me encantó que me pidiera unas líneas cuando hizo su libro.  Además, en una de las fotos, está presente también la novela.  Pero creo que su mirada es independiente, que en sus imágenes está su experiencia, su propio viaje al peso demoledor de la utopía sobre nuestra realidad.  Es un poderoso retrato de nuestro derrumbe.

-Recientemente en Venezuela creó el sello Ediciones Curiara.  ¿De alguna manera este proyecto es una forma de resistencia?

-Exactamente, de eso se trata.  De resistir.  De tratar de poner en Venezuela libros publicados afuera, de tratar de que haya novedades, de que no nos devore la sensación de que todo se acabó, que solo nos quedan los saldos.  Empezamos con dos libros, ahora estamos preparando un cuento infantil y esperamos sobrevivir y seguir publicando.

-Y finalmente, ¿cómo es la ventana por donde mira un emigrante?

-No existe.  Es un ausencia que siempre nos deja un poco en el aire.  La ventana se quedó en Venezuela y a nosotros nos toca aprender a mirar sin ella.