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Alberto Soria: Hay que ser escéptico para defender al gusto

El coordinador académico del diplomado de cultura del Vino Spirits de la Universidad Metropolitana, director de la cofradía de catadores y escritor de libros como “Con los codos en la mesa”, “Bitácora para sibaritas”, “Los sabores del gusto” conversó en la Librería Lugar Común de Altamira sobre las mentiras en el mundo gastronómico

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La tertulia titulada La superficialidad y el engaño en la gastronomía. Etiquetas psicológicas, estuvo a cargo del profesor Alberto Soria, quien ahondó en lo que se conoce en publicidad como la percepción de la realidad.

El fotógrafo Nelson Garrido lo acompañó durante la charla, y presentó como parte de la introducción al tema un fragmento de la película Días de furia, donde el personaje principal pide una hamburguesa que termina siendo completamente diferente a la del aviso del local.

“He trabajado junto a Soria haciéndole las fotografías para las portadas de sus libros, y uno que conoce el maquillaje de alimentos puede decir que a veces lo que se ve no se parece a lo que uno se va a comer, es lo que plantea la publicidad, engañar”, dijo Garrido.

–Para el consumidor — señaló Soria –la percepción de la realidad es la realidad. Si a usted le gusta una bebida, alguna sopa, el vino, el cocuy y la lechuga, los refrescos, el ceviche, el sushi, es conveniente que comience a ser un escéptico, pues serlo es una necesidad en defensa del sabor, de la autenticidad, es decir, en el gusto se trata de una defensa–.

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“Ser escéptico no significa ser desconfiado sino marcar el sentido común. La gente lee las etiquetas de los alimentos y se cree absolutamente todo lo que ahí aparece y nadie se pregunta quién escribe esa etiqueta o quién escribe los avisos de publicidad ¿Un observador imparcial?”, cuestionó el estudioso.

Asimismo, el investigador aseguró que las etiquetas psicológicas que pretenden humanizar a animales o cosas “están de moda” y son engañosas. Entre bromas puso como ejemplo: “el vino de uvas no estresadas, los huevos de gallina no estresadas”. Ahí se planteó la pregunta “¿y eso qué significa?” La respuesta a la que llegó es que el mundo del mercadeo lo que hace es vender ilusiones, con una gran cantidad de dinero de por medio, para lograr manipula al consumidor, entonces se le hace creer que una lechuga, por ejemplo,  tiene atributos de los que obviamente carece.

Soria continuó su ponencia con  una idea que aún después de siglos está vigente: “si la gente cree que algo es así, actúa en consecuencia”. Contra eso, se preguntó el escritor, ¿qué defensa tiene el consumidor? –En la actualidad – explicó– todas esas connotaciones que se le dan a los vinos a través de la publicidad, orgánicos, naturales, biológicos , son mera manipulación–.

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Algunos de los libros publicados por Alberto Soria Foto: Gerardo Rojas

— Recuerdo hace poco tiempo el vino azul–  relató Soria sobre ese fenómeno — millones de mensajes en las redes hablaban de las maravillas del producto. Incluso recibí tres llamadas preguntándome si ya había probado el tal vino azul, y sin probarlo, sabía que era una porquería. Fue por el sentido común que pude imaginarme la clase de cosa que era eso–.

El conocimiento pierde ante la tecnología

Tanto Soria como Garrido opinan que la interconexión y la cantidad de información que actualmente reciben las personas a cada segundo por medio de las redes sociales significa un grave problema para la sociedad de hoy y para las futuras si no se logra valorar realmente las cosas.

“Damos por cierto todo lo que aparece en las redes sociales con el agravante de que además nos abruman con una cantidad gigantesca de mensajes escritos por cualquiera y, si no establecemos cierta racionalidad, estamos perdidos. Se necesita sabiduría, fundamento, historia, todas estas cosas hacen a la verdad”, acotó Soria.

Sobre lo mismo reiteró: “El valor del conocimiento, del sentido común se respetaba en sociedades anteriores a la actual. Tener acceso a prácticamente todo no significa que se tenga razón, en este sentido ante la avalancha informativa, la posibilidad de encontrar la verdad es cada vez más difícil”.

Sobre el tema de la mentira, que se repitió durante toda la charla, se llegó a la conclusión de que finalmente “domina al mundo”. Soria aseguró que “estamos sumergidos en una vorágine, deseosos de información, de ser los primeros en leer los mensajes así dure muy poco y con un bajo nivel de comprensión, que nos hacen caer en las manipulaciones”.

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Se presentó un fragmento de “Días de furia” Foto: Gerardo Rojas

Por otro lado, los ponentes conversaron sobre la identidad del comensal y de cómo las cadenas de comida rápida, por medio de la publicidad, acondicionan al consumidor para que olviden, borren cualquier vestigio de dicha identidad y remplacen vivencias propias, por memorias asociadas a las marcas.

“Las multinacionales en los eventos deportivos de los últimos años, te muestran que la felicidad es una marca, es un producto. Ya pasaron a borrar a Papá Noel, personaje que pasó a trabajar para una compañía de refrescos y si ellos lo dejan de usar, vendrá otra empresa y como no pueden escribir que Papá Noel es un traidor, le cambiarán el nombre y el color. Por esas cosas es que tenemos y necesitamos hacer uso de nuestro sentido común, de nuestras convicciones. Tenemos un mundo maravilloso que aprender”, concluyó Alberto Soria.

El catador ilustrado, próximo libro de Soria que saldrá a la venta dentro de dos meses en España, sirvió de ejemplo para que su autor acotará como última reflexión que el regreso a los productos naturales o regionales tiene sentido en la medida que eso esté al alcande de la gente. “Las cocinas regionales y criollas tienen dos grandes obstáculos en el mundo: la monotonía, pues no han sido creadas para innovar en platos y el otro elemento que atenta contra la cocina autóctona es el tiempo, no hay tiempo para cocinar. Si la cocina no trae alegría o no produce un placer cae en la monotonía, por eso insisto, es en conocimiento donde hay que invertir”, finalizó.

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