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Anselmo Portillo: El Festival de Guadalajara potencia nuestra visión del cine

El talentoso realizador de "Corral", "Cacharro" y "Caduco" busca la distribución de sus cortos en el mundo

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Anselmo Portillo tiene toda una carrera cinematográfica por delante. Fue uno de los venezolanos invitados al Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), que tuvo lugar del 9 al 16 de marzo de 2018, y parece que esta experiencia lo ha llevado a tomar una decisión: emigrar o quedarse. En nuestro país la actividad cinematográfica, como tantas otras, se encuentra disminuida y salir es una opción válida para la juventud con deseos de crecer. Más, si se trata de un realizador cuyo reconocimiento ha llegado hasta Corea.

Portillo realizó sus primeros cortos en cuanto empezó la carrera de Medios Audiovisuales de la Universidad de Los Andes y este año arribó a Guadalajara luego de que una de sus producciones resultara nominada en la Selección Oficial de cortometrajes Iberoamericanos. Cacharro, cuenta la historia de cómo padre e hijo empujan su carro maltrecho para continuar el camino. «Una grata sorpresa para un ejercicio académico del 6to semestre de la carrera Medios Audiovisuales de la Universidad de los Andes desarrollado por un equipo de veinteañeros con más pasión que dinero», dice el director que en México llegó a recibir clases magistrales con el ganador del Oscar, Guillermo del Toro.

Anselmo Portillo ha recibido reconocimiento en festivales nacionales e internacionales

 — ¿De qué trata  Cacharro?

–Escribí y dirigí esta historia para reflexionar sobre los vínculos tormentosos entre padres e hijos en muchas familias latinoamericanas , inspirado en la relación con mi padre que careció de empatía. Para llegar a Guadalajara tuve que unir fuerzas con aliados en el mundo y así tuve la oportunidad de asistir al FICG 33, acompañar nuestro Cacharro en su estreno internacional, intercambiar conocimientos con otros directores en competencia y disfrutar de toda la programación del evento.

–¿Cómo fue la experiencia y qué aspectos del festival le parecieron más trascendentes?

 –– Participar en el FICG 33 es un gran impulso para mi crecimiento personal y profesional. Pude conocer lo mejor del cine iberoamericano actual, tener información de los fondos e incentivos de financiación en el mundo, como pilar del cine de autor, y acercarme a los programas de formación como el Talents Guadalajara y el DocuLab una iniciativa que reúne cada año a cineastas con proyectos en marcha. Esta experiencia expande mi visión del medio cinematográfico, me deja amigos en todo el continente  y me incita a crear el cine que me inquieta.

— ¿ Al término de un festival que contó con más de tres mil participantes, pudo identificar qué tendencia prevalece en el contenido de los cortometrajes de ficción en América Latina?

 –El cine Iberoamericano pareciera a simple vista que está atado a la denuncia de las penurias de los más necesitados, el poder desmedido de las élites y los problemas familiares, sin embargo en la actualidad hay una diversidad inmensa de contenidos y de formas narrativas que expande los horizontes posibles.

–¿ Con qué representantes de Venezuela coincidió en Méjico?

–Coincidí con  Juan Carlos Lossada (CNAC), Rodolfo Coba (Las hijas de Abril – La familia), Ruben Sierra (El Amparo), Jorge Thielen Armand (La Soledad), Joanna Nelson (Aplicación “OLFFI” banco de fondos de financiamiento en el mundo) quienes participan en distintas actividades de la industria nacional y  llevaron nuestras historias  y buscaron co-producciones en el marco del festival.

–¿Cómo explica el éxito de los cineastas mexicanos en la meca del cine norteamericano?

 Guillermo del Toro brindó clases magistrales en el FICG para incentivar a las nuevas generaciones. Me inquietaron sus comentarios sobre las alternativas creativas que los latinoamericanos aportan a la industria del cine; por ejemplo, rodar La Forma del Agua con solo el tercio del presupuesto previsto. La capacidad de hacer lucir las películas más caras de lo que realmente son, rendir los presupuestos, brindar buenas historias con menor inversión,parece ser una razón de los logros latinos en Hollywood.

¿Cómo le ha afecta personalmente el estancamiento del cine venezolano?

–El cine venezolano no se detiene ante las adversidades. Así lo demuestran El Amparo, La Soledad, Desde allá, Pelo malo, entre tantas otras cintas que exploran nuevas formas narrativas y reciben galardones por el mundo. Sin embargo, me preocupa la crisis que lo ha destruido todo a su paso, dejando sin fondos de financiamiento ni campo laboral a los profesionales , y dificultando la formación a las nuevas generaciones que han abandonado masivamente de los centros de estudio  por cuestiones de supervivencia. He sido testigo de la amplia deserción estudiantil en mi carrera de Medios Audiovisuales de la Universidad de Los Andes y personalmente sufro incertidumbre por mi graduación.

 

En relación al recibimiento que tuvo su cortometraje en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, Portillo expresa:»Ante Cacharro el público se mostró interesado en los procesos creativos frente a las adversidades socioeconómicas de Venezuela y en este caso sobre la autofinanciación estudiantil a través de la colaboración voluntaria. Conversamos sobre el panorama político de Venezuela debido a los rumores que llegan a la ciudad de Guadalajara, somos el foco de atención de toda la región a causa de las  próximas a elecciones.Finalmente reflexionamos sobre el impulso de hacer arte en medio de una crisis humanitaria de tal magnitud y sobre cómo expresarnos es una parte integral de la sobrevivencia del venezolano.»

–¿Qué le diría a los estudiantes de cine venezolanos que desean realizar películas en plena formación como usted lo hizo con éxito?

 —El cine se hace con muchos recursos que pones tú u otros voluntariamente. Se puede prescindir del dinero, nunca de los recursos. Cine sin dinero no es sinónimo de cine pobre, el valor de los recursos es lo principal. Venezuela está plagada de recursos con gran valor, sus paisajes, su cultura y su gente abierta a la colaboración. Dejemos los prejuicios, los complejos y los protocolos convencionales de producción, abracemos el riesgo y las soluciones creativas.

-A la par- continúa el cineasta-  hay que aprender que los cortometrajes abren las puertas de la  distribución  Expongamos nuestras historias al mundo sin complejos y que juzguen los especialistas. Hay una gran diferencia entre ser modestos y subestimarse.

«Corral» es el primer cortometraje de la trilogía  de Portillo y en  el mismo destacó la actuación del niño Naifer Betancourt

Sobre  su trilogía Corral, Cacharro y Caduco su realizador destaca“Desarrollé la trilogía sobre el tema de  la paternidad en el 5to, 6to y 7mo semestre de la carrera Medios Audiovisuales con la finalidad de abordar un tema que me obsesiona y ahondar mi relación de mutua confianza  con los protagonistas que es importante por el carácter intimista de los guiones. La serie inició con Corral, la historia de un padre que obliga a su hijo a matar a su primera gallina en un acto iniciación en un paraje de montaña. Continuó con Cacharro, la reflexión de las relaciones tormentosas. Y finalizó con Caduco, la historia de un niño a cargo de su padre quién está por morir.”

–¿ Cómo describiría  el impacto del género del cortometraje y qué han significado en su trayectoria los premios que recibió?

 –El cortometraje es un grito en la multitud, un abismo fugaz a otro mundo, una carta de presentación.

–En los últimos años – dice Portillo-  vi quebrar a mi familia y mis proyectos también sucumbieron. Los cortos se volvieron en lo personal, cartas de auxilio en botellas al mar. Finalmente los festivales y los premios nos brindan luz en el horizonte, esperanza para realizar nuestra vocación.

Actualmente el joven realizador está enfrascado en  un cortometraje de ficción sobre las cosechas que se pierden diariamente en Venezuela por las distorsiones económicas. “ Nos encontramos en etapa de post-producción. El rodaje lo realizamos en las montañas del Táchira antes que saliera de Venezuela. A la par me ocupo de la distribución de Cacharro y Caduco por el mundo”.

–¿Qué futuro le depara al cine venezolano? 

 –La crisis es un tiempo de limpieza de corruptos y ociosos. Hoy más que nunca queremos contar nuestras historias, sobretodo dar el testimonio de nuestra tragedia. El talento dentro y fuera contará, explorará y crecerá. La incertidumbre nos brinda la posibilidad de lo inédito.

Emigrar para un cineasta apegado a su país debe ser un problema serio. ¿Cómo lo asume?

–Más allá de las oportunidades en los tiempos difíciles, la crisis es un desafío emocional para todos. Me tomo la emigración como un reencuentro con la cordura, a pesar de los nuevos retos de supervivencia. En lo personal sueño con contar nuestras historias, en nuestra tierra y con nuestra gente. Parto con una maleta llena de cortos que mostrar al mundo con la esperanza de volver muy pronto a reconstruir la cultura que nos han robado.