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Para Antolín Sánchez la fotografía es un juego con agravantes

El Premio Nacional de Fotografía, Antolín Sánchez conversó de su amplia trayectoria dentro del mundo de la imagen fotográfica venezolana en el marco de la publicación de su fotolibro

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A los 14 años de edad Antolín Sánchez emprendería, armado con una cámara propiedad de su papá, un recorrido a través del universo de la fotografía de manera autodidacta. Tras una exitosa carrera, luego de ganar el Premio Nacional y de realizar diversas exposiciones, el fotógrafo se consolida como uno de los más importantes de Venezuela y La Cueva Editorial lo homenajea con la publicación de un fotolibro que reúne su obra.

“Comencé a hacer fotos en la calle, a mis amigos de bachillerato, y ese inicio lúdico me marcó porque siempre he asumido la fotografía como una especie de diversión con agravantes. Es decir, un juego que convive con otras connotaciones expresivas y artísticas que eventualmente genera posiciones críticas en lo político y social pero siempre arrojando una experiencia lúdica”, dice Sánchez sobre sus inicios.

Años más tarde, el creador de la serie Ánimas de Guasare, estudió Matemática en la Universidad Simón Bolívar (USB) y relegó la fotografía a un segundo plano. Quizás por esa necesidad de seguir jugando, antes de concluir la carrera abandonó los estudios y decidió que era momento de retomar aquel pasatiempo y convertirlo en una profesión. Fue así como decidió que a partir de ese momento se dedicaría a captar imágenes.

“Se tiene que ser disciplinado, investigar, ser cada vez mejor. Aunque no estudié fotografía sí hice mucha lectura, tuve mucha influencia de las artes plásticas, sobre todo de la pintura”, asegura y cuenta que desde niño ha sido un apasionado del arte. “Veía muchas imágenes, iba a los museos y al final todo ese proceso de aprendizaje de ensayo y error, con las metidas de pata incluidas, fue más largo pero a la vez me hizo libre porque no tuve ataduras escolásticas”, apunta. Esto le dio la posibilidad de salirse del molde, de esquivar aquellas normas de la disciplina, como el encuadre o la composición, que se dan por sentadas y finalmente limitan.

"La necesidad expresiva puede cambiar en cada serie, pero siempre debe mantener la diversión para que la obra no pierda el sentido", dice Sánchez
“La necesidad expresiva puede cambiar en cada serie, pero siempre debe mantener la diversión para que la obra no pierda el sentido”, dice Sánchez

Precisamente ese conocimiento profundo sobre el arte inspira a Antolín Sánchez a realizar un trabajo de investigación sobre la historia de la fotografía que, en su opinión, ha sido muy mal contada.“La historia que inicia con Niépce o con Louis Daguerre yo la llamo la historia de los peroles, pues para mí la fotografía no tiene 200 sino 600 años, y no me refiero solo a la cámara oscura, sino más allá, al Renacimiento, porque a partir de ahí es que se empieza a valorar y a representar al espacio de forma distinta”, apunta el fotógrafo. La perspectiva lineal que arroja el arquitecto renacentista Leone Battista Alberti en sus estudios, fueron para Sánchez un antecedente importante que buscará rescatar en una publicación próxima.

“En el siglo XV la noción del espacio en las ciudades italianas comienza a ser un valor agregado importante porque sus riquezas provenían de la distancia. La distancia era distinta al espacio físico de la Edad Media, las dimensiones son iguales, pero no la forma, esto fue un cambio transcendental”, dice para explicar. Este importante cambio, que se alimentó de la evolución de la pintura durante los siguientes siglos, empezó a codificarse en el siglo XX cuando finalmente nace lo que el mundo conoce como la fotografía.

“Nace en paralelo al pensamiento filosófico positivista, de la universalización y del comienzo del sistema métrico decimal”, refiere Antolín Sánchez y ahonda: “Se retroalimentan pero seguía fiel a la perspectiva renacentista. Actualmente, los fotógrafos están experimentando la necesidad de expresarse con la perspectiva lineal sin ser consientes de esto y aunque se dispare indiscriminadamente, las cámaras y los teléfonos celulares siguen teniendo el lente con la perspectiva”.

Sobre la noción del espacio físico, el investigador considera que  se ha modificado por razones tecnológicas y facilidades del movimiento y que esto influirá en lo que actualmente se hace en el área. “Se reflejará, indudablemente en la fotografía. Cuándo y dónde sucederá, no lo sé, pero es algo muy latente y será un choque cultural a nivel visual que marcará la necesidad de apuntar hacia otro lado, porque los cambios siempre están presentes en la historia, son procesos lentos pero que se dan y debemos estar prestos a observarlos”, añade.

Un libro amarillo Kodak

Con una selección de las mejores fotografías pertenecientes a 17 series, entre ellas Tarot Caracas y La naturaleza pictórica de la naturaleza, Antolín Sánchez dijo haber sido convencido por Diana Vilera, editora de La Cueva, Casa Editorial para llevar adelante el proyecto. “Vilera armó un gran equipo conformado por Carolina Arnal y Waleska Belisario en la diagramación, Keila Vall con un excelente texto de investigación previo al libro, donde más allá de explicar la obra se ofrece una puerta de referencias para que cada lector vea lo que quiera, y traducido al inglés por Gabriela Gamboa”, apunta.

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Portada del libro de Antolín Sánchez

Para el autor de La caída de Babilonia, cuyas referencias fotográficas provienen de George Uelsmann, Man Ray, Robert Capa, Cartier-Bresson y Sebastiao Salgado, no era prioridad hacer un libro de su obra, no obstante quedó contento y agradeció a todo el equipo tras la publicación antológica de un trabajo que tardó más de un año en realizarse, con un color de portada que él mismo ha llamado “amarillo Kodak” por lo similar al de la emblemática marca.

Premio Nacional de Fotografía en el 2000, Sánchez sigue trabajando mucho más después del galardón. “El premio no es un título nobiliario que hace a tu trabajo mejor. En el ámbito corporativo algunos piensan: ‘ahora va a cobrar muy caro porque es Premio Nacional’ pero eso no tiene que ver. Hay que entender que es un reconocimiento que uno valora pero no significa que es una patente de costo. Los premios hay que tomarlos con soda, hay muchos artistas que en sus vidas no los reciben y resultan ser mejores que todos los premiados, como otros que son premios y a los años se nota que fue solo moda y no una verdadera transcendencia, pierden fuerza”, refiere con firmeza.

Sobre su tránsito a la fotografía digital, Sánchez asegura que tras unos años de dudas, accedió a dejar atrás lo análogo. “En principio tuve mis dudas a pasarme de análogo a digital, no porque fuese algo de religión donde haya jurado trabajar en negativo toda la vida, sino me preguntaba por la calidad que necesitaba. Sin dejar de usar el negativo, compré una cámara digital y empecé a probar, probar y probar. Me dio los resultados que quería y en 2005, 2006 decidí guardar lo analógico como recuerdo y hacerlo todo en digital”, dice.

Admirador de la obra del también fotógrafo venezolano Luis Brito, Antolín Sánchez recuerda los trabajos que le han conmovido durante su carrera. “Brito, fue un gran amigo y su trabajo tiene una fuerza telúrica con esas imágenes sobre las personas y las religiones, la trilogía humana, son conmovedoras esas fotografías de pies, rostros y manos humanas. Alfredo Boulton con sus paisajes y retratos hechos en sus años intelectuales en Caracas. El trabajo de Carlos Germán Rojas de La Ceibita me parece muy bello, así como el de Ricardo Armas con esas visiones de espacios vacíos de Nueva York en 1980 que dan un valor distinto a esa ciudad siempre llena de gente, y las series de Nelson Garrido, con ese humor y esa acidez brutal, abordando temas políticos y sociales tan fuertes pero que los transforma en algo divertido”, refiere sobre sus colegas.

Sobre la realidad actual de Venezuela, Antolín Sánchez considera ha sido una involución enorme. “Se ha creado una generación donde la gente entiende que el Estado debe resolverle todos los problemas y que su trabajo es serles fiel, creando una dependencia que si bien antes existía, ahora se ha expandido y cuando eso cambie será un choque cultural”, apunta al respecto.

Finalmente, el fotógrafo venezolano recomendó la autocrítica como acompañante en cada trabajo y también estar dispuesto a escuchar los comentarios de quienes conocen la materia. “Una de las mejores cosas que me pasó fue conocer a Jorge Godoy, director de teatro y fundador de la Galería Viva México, quien me hizo una crítica muy fuerte sobre Tarot Caracas. Digamos que, con elegancia, lo destrozó. Salí muy mal humorado pero él tenía razón, fue una gran lección escucharlo, y por eso le doy muchas vueltas a los trabajos, los dejo reposar (…) a veces un coscorrón es válido para redimensionar tu obra”, finaliza.

 

 

 

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