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El ballet exige su cuota de sacrificio

El maestro Rumen Rashev revela las dificultades económicas y sociales que viven los que creen en la danza como forma de vida

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Elegantes y firmes movimientos caracterizan a la danza clásica, también conocida como ballet. Un control absoluto del cuerpo, el desarrollo de la fuerza y la elasticidad, así como la comprensión de leyes matemáticas y físicas van moldeando con los años un cuerpo preparado para la danza: ágil, resistente y, a la vez, armonioso y elegante.

Estos cuerpos definidos, tonificados, inteligentes y elásticos no se crean de la noche a la mañana. Se preparan diariamente durante horas, con sudor caliente y el placentero dolor que sólo los danzantes disfrutan. El ballet enseña, además de la comprensión anatómica, valores humanos imprescindibles como la disciplina, la constancia, el respeto y la perseverancia.

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Foto: Miguel A. Hurtado

El maestro Rumen  Ivanov Rashev, con su refinamiento y ojos color turquesa, ha embelesado a los espectadores en escenarios del continente europeo, asiático y americano a lo largo de su carrera. Su compromiso con la danza lo ha hecho merecedor de múltiples galardones y su labor como maestro ha llevado a brillar con intensidad a los alumnos que ha formado en salas de danza venezolanas desde 1990.

Lamentablemente, en los últimos años estas estrellas han tenido que abandonar su terruño para volar a escenarios lejanos. “En este momento en Caracas no hay ni una compañía, excepto la del Teresa Carreño, que también está en llamas”, revela Rashev, y agrega que los alumnos que le quedaban allí partieron para audicionar en el Ballet del Teatro Municipal de Lima, Perú.

Tiempos difíciles

Sin plazas de trabajo, los apasionados del arte escénico se ven tentados a abandonar sus esfuerzos y a dedicarse a otra profesión. Aún más complejo es el caso de los hombres porque hay un discurso social que arremete contra ellos, por el hecho de querer dedicarse profesionalmente al baile. “Es una moda en la sociedad, que la niña a los 4 o 5 años tenga que entrar al ballet, ´mi nieta o mi hija hace ballet´. Pero cuando se trata de varones no es lo mismo. Es mal visto. Nadie ha dicho que para ser bailarín hay que ser homosexual pero se generaliza este supuesto, sin entender que si un bailarín es homosexual, esa es su vida privada. Tengo amigos homosexuales y no son bailarines. Por supuesto que el arte en general y no solamente la danza, hacen al ser humano mucho más sensible, por eso él mostrará diferentes formas de amar. Eso no es un delito, siempre y cuando no se le haga daño a otra persona. Si se dedica a su arte, el resto no importa”, explica el maestro de origen búlgaro Rumen Rashev.

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Foto: Miguel A. Hurtado

Considera además que es necesario que un alumno de ballet curse, al menos, ochos años para egresar como profesional. «Por lo general en Venezuela, la sociedad concibe el arte dancístico como un pasatiempo, no como una profesión seria  por razones sociales y económicas, y claro, este enfoque negativo influye en todos los involucrados en el ballet o la danza. Es decir, no hay un apoyo gubernamental, no hay un apoyo de la sociedad a la danza como profesión» sintetiza el maestro. En comparación con otras sociedades, Rumen considera que aquí en Venezuela hacer ballet es difícil: «No se ve como en Europa, como una profesión normal. Allá es motivo de orgullo para un padre decir  que su hijo el bailarín principal de una Compañía tanto o más que si dijera que su hijo trabaja en un banco. Aquí es diferente. Es al revés.»

Los prejuicios invaden las mentes y limitan los cuerpos. Sobre esa idea recalca el maestro la usual expresión “ser bailarín es ser gay y ser bailarina es ser una niña que, o no sabe qué hacer con su vida, o no está bien» El problema, insiste Rumen, «es cultural.»

Los que resisten

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Foto: Miguel A. Hurtado

Cuando un jovencito decide tomar clases de ballet, es tarde. “Realmente la edad para comenzar es entre 10 y 11 años. Por supuesto que a ningún chico de 11 años sus padres lo van a dejar. Los que están aquí tienen más o menos 23 años y comenzaron a venir hace 3 años”, relata Ivanov, y añade que les cuesta mucho adaptar el cuerpo al ballet a esa edad pues éste ya está formado, “pero como tienen las ganas, entonces sí se logra. A lo mejor no alcanzan la perfección que uno desea, pero por lo menos un nivel decente”.

A las 4:00 de la tarde en el Hogar Croata de Caracas, en Chacao, la fundación sin fines de lucro Ballet de las Américas recibe a hombres jóvenes que quieren bailar. La clase es abierta y gratuita, dirigida por el mismo Rashev, quien es maestro fundador de la escuela. No recibe remuneración alguna por el trabajo que realiza hasta las 5:30 de la tarde.

“Tengo el carro malo porque no hay repuestos. Tengo que venir de Guatire hasta acá con tres autobuses y el metro, tengo el celular en las medias, la cartera en la ropa interior y así estamos. Si uno quiere, tiene que superar todo los obstáculos, seguir adelante. Los que vienen aquí es porque quieren, yo me presto a ayudarlos pero ellos están aquí porque quieren bailar”, recalca Rashev.

«Cuando uno quiere, el otro tiene que ayudar, hasta dónde y cómo puede»

Trabajo de hormigas

Rashev creó hace dos años la Fundación Ballet Municipal del Hatillo. “Está adscrita a la alcaldía pero no tengo ni un centavo de presupuesto. Trabajo con las uñas, me ayudo de aquí y de allá para dar posibilidad a los chicos que quieren bailar o por lo menos, les permito acercarse al ballet”, destaca el maestro, quien paga a su bailarines con el dinero que recoge en la taquilla de las funciones. “Ahí estamos, tratando de solventar y seguir adelante”.

Por su parte, la Directora General de ésta fundación, Gabriela Tortoledo, contribuye con los chicos menos favorecidos, y además de sus labores administrativas, cada día prepara almuerzos para dos o tres que asisten regularmente a las clases del maestro.

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Foto: Miguel A. Hurtado

“Es un sacrificio que hace quién quiere bailar  y más si es hombre. Estoy haciendo otra fundación para recibir fondos para ayudar a los muchachos, no solamente de Caracas sino de todo el país quienes, por lo general, son de bajos recursos y pasan mucho trabajo y penurias para dedicarse al arte dancístico», explica Rashev.

Los viajes que llevaron a sus alumnos a obtener medallas por todo el mundo han mermado. La última vez, fue en el año 2014 durante el Star of the 21st Century International Ballet Competition en Panamá, en donde Yosmer Mejías (18) obtuvo medalla de Oro y Plata y Ana Karina Enríquez (16) se adjudicó dos de Plata, gracias al entrenamiento y las coreografías del maestro Rumen Rashev.