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Barrera Tyszka: Escribir es poner el mundo en orden

El escritor venezolano asistió como invitado al Festival Gabriel García Márquez de Periodismo

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“La escritura es una forma de dar orden al mundo. Escribir es una forma de organizar lo que ocurre”, dice Alberto Barrera Tyszka. Es un hallazgo que, a primera lectura, pudiera parecer nimio, pero viniendo de un escritor que ha elaborado gran parte de su narrativa inspirado en la convulsa, compleja y casi inexplicable realidad de Venezuela, cobra un nuevo sentido. Escribir llega a ser, para algunos, terapéutico. Llega a ser sanador.

El autor asistió al Festival Gabriel García Márquez de Periodismo Iberoamericano que se realizó en Medellín, Colombia los días 28, 29 y 30 de septiembre como invitado. Participó en dos charlas: Periodismo y literatura: una cuestión eterna, y El ABC de Venezuela hoy; conversó con periodistas, fotógrafos, estudiantes y otros escritores; disfrutó de la celebración de las mejores historias periodísticas del continente y nos concedió una entrevista.

Sonriente y dispuesto, Barrera Tyszka (Premio Herralde de novela 2006 y del Premio Tusquets 2015) compartió sus reflexiones sobre los grandes temas que le interesan: Literatura y Venezuela.

–Es obvio que se inspira en la realidad para escribir sus obras de ficción pero ¿cuál es la actitud de un escritor frente a lo que ocurre en el país? ¿Cómo es la relación entre la realidad y su proceso literario?

–Es muy difícil ahora escribir algo que no tenga que ver con nuestra realidad. Creo que la relación entre escritura y realidad es un hecho y que el escritor, fundamentalmente, reescribe, reelabora, reinterpreta lo que le pasa, lo que ocurre cerca de él. Diría, incluso, que el escritor es un gran espía, un gran ladrón de otras historias que va viendo, de otras acciones y reacciones de la gente con las que comparte y que, a partir de ahí, construye y crea. Digo mucho que la realidad y la ficción no son cosas que se oponen sino que se complementan. Es muy posible que una realidad tan cambiante, tan dura, tan diversa y tan enloquecida como la venezolana convoque mucho a la escritura porque en el fondo ésta es una forma de dar orden al mundo.

–La literatura, entonces, es una forma de preservar la historia, quizá más que el periodismo

— La literatura se ha convertido en el discurso de la historia. En el siglo XX Vasili Grossman reescribió una de las mejores novelas de esa época, Vida y destino. Es una obra que explica el proceso del Stalinismo y lo cuenta de manera sensacional. Creo que eso pasa con todo, incluso en el caso venezolano. Si nosotros leyéramos a Miguel Otero Silva, allí hay una gran narrativa que puede contar el siglo XX. Pero va más allá. Si uno lee ahora a Pocaterra (José Rafael) en Memorias de un venezolano de la decadencia o Ídolos rotos puede empezar a encontrar que hay una literatura que dialoga con el presente, con lo que estamos viviendo ahora.

Foto: Joaquin Sarmiento FNPI
Foto: Joaquin Sarmiento FNPI

–¿Y qué ocurre con los nuevos formatos? ¿La tecnología ha influido en la manera como se hace literatura en la actualidad?

–Leí hace poco un libro inédito de Guillermo Cabrera Infante que salió hace dos años. Ese libro tiene una vigencia absoluta para Venezuela y no fue escrito en nuestra realidad. Creo que la escritura funciona, rota y cambia de manera impresionante. Por ejemplo, hay discursos que se escriben y no son entendidos como literatura hasta tiempo después. Es decir, alguien puede estar en este momento escribiendo un diario o unas cartas y de repente, dentro de un siglo, se convierta en una pieza literaria maravillosa. En Venezuela, si una persona sube a Internet de una forma precisa los hechos que van ocurriendo en el país a lo mejor en cincuenta años es la mejor crónica del derrumbe venezolano en el año 2017.

— ¿Pero cómo Internet influye en la promoción, difusión y consumo de literatura?

–Internet ha cambiado demasiado nuestra noción de la vida. Sobre todo a una generación como la mía. Hay una revolución absoluta. La posibilidad de acceder tan rápido a la información, la democratización y de promoción de la escritura, me parece interesantísima. Algo que rescato es que la gente volvió a escribir, así sea un mensaje de texto, un tuit de 140 caracteres. Las personas, sin proponérselo, volvieron a la correspondencia, una cosa que se había perdido completamente. Como todo, esto tiene sus ventajas y sus desventajas. Hay gente que lee un tuit y cree que está informada, o que sabe, pero también se ha generado una recuperación de la escritura y de la lectura que a mí me gusta mucho. Nosotros vivíamos con el terror de que el triunfo de la cultura iconográfica y de la imagen iba a arrasar, había terminado de enterrar a Gutenberg y a la imprenta y ocurrió lo contrario, no porque alguien se lo propusiera sino por la velocidad de una revolución tecnológica.

–Pero en Internet encontramos de todo. La gente escribe, muchas veces, sin pensar.

–Eso es indetenible. Eso no se puede controlar. Estuve en la Feria del libro de Bogotá hace dos años. Allí estábamos un grupo escritores entre los que destacan, por ejemplo, Fernando Vallejo, Tomás González, y el primer día hubo un colapso. Llegó muchísima gente al evento pero no por nosotros. Era porque estaba invitado un youtuber que había publicado un libro. Es un proceso que no se puede detener, existe y allí está. No tiene sentido indignarse; no hay nada que puedas hacer para cambiarlo. Creo que algo va a ocurrir tarde o temprano porque con este océano de información la gente tiene una sobreoferta y tampoco puede leer todo lo que hay. El gran problema es entonces quién decide, cómo se orienta uno sobre qué es bueno y qué es malo. Eso pasó también cuando hubo el despertar de la imprenta y empezaron a salir opiniones,  paradigmas sobre esas posibilidades. Lo que es bueno y lo que es malo va a incidir en las percepciones de las personas con los contenidos y seguirá ocurriendo. Los youtubers van a seguir, y los escritores tendremos que aprender a lidiar con ellos.

–Los venezolanos tenemos un despecho generalizado ¿Cómo percibe usted la situación?

— Creo que Venezuela está en una situación límite que no necesariamente tiene que ver con la dinámica política. Ya sabemos y entendemos que el chavismo, el Gobierno, está negado a cualquier cambio y es incapaz de aceptar la alternancia, pero la crisis económica tiene tales dimensiones que hará que algo pase. Venimos de un proceso terrible económico, una inflación de 700%. La constituyente le da un respiro al Gobierno pero le da una gran desventaja; la falta de legitimidad absoluta ante la mirada del mundo. Lo único que logran con esto es postergar un conflicto ¿Qué queda por delante si la situación no cambia? La sociedad se despolariza porque todos padecemos, todos somos víctimas de esta situación. Es difícil saber qué va a pasar con eso.

–Lo cierto es que todos salimos afectados…

–Hay un desgaste enorme, de cansancio y falta de perspectiva ¿Qué haces tú si no te puedes ir? Estamos en un mundo que no tiene los brazos abiertos, esperando venezolanos. Todo lo contrario. Todos los países tiene problemas, por  más que quieran ayudar, es difícil y si estás, por lo menos, condenado a quedarte ¿cómo te reinventas y cómo vives? Ese es un proceso de desgaste muy fuerte y no hay, por lo menos en el Gobierno, ninguna capacidad de generar esperanza. El problema es que además la oposición, que era la que tenia la capacidad de hacerlo, tiene ahora que reinventarse. Estamos ante un país que tiene la necesidad de creer en algo, de saber que hay algo que es cierto y que esto sí tiene una salida.