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Blade Runner ahora

La recién estrenada película protagonizada por Ryan Gosling y Harrison Ford tiene una historia interesante que Armando Coll relata en este texto

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A Roy Batty

In memoriam

Todo pareció empezar en 1982, cuando se estrenó Blade Runner, el clásico de anticipación realizado por Ridley Scott y protagonizado por Harrison Ford. Pero en realidad, todo comienza ahora, 30 años después, cuando por coincidencia se estrena una sequel de una cinta que marcó a fuego a una generación de espectadores, que aun la veneran.

Hoy, a poco de finalizar el 2017 asombra a aquel primer público de la saga que apenas estemos a un par de años de los tiempos anticipados en la novela de Phillip K. Dick, la que inspiró la pieza de Scott escrita para la pantalla por Hampton Fancher y David Webb Peoples. La obra de Dick titulada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? más que prestar los personajes y algunas líneas argumentales, entraña el ethos que signa la versión cinematográfica. Y también el cine de anticipación que desde entonces se produce con mayores y menores aciertos, casi todo digno de olvido, tal vez.

Sin embargo, no recibiría las albricias de la crítica. Sería incomprendida por cierto público más adulto de la época. Tal vez esto compruebe la tesis de que toda obra maestra se resiste a su inmediata socialización, sin dejar de inquietar al que no entiende (o no quiere) y abrir un enigma al curioso perplejo.

El legendario crítico de cine Roger Ebert terminó por reconocer “un delito menor periodístico” al escribir al momento de la premier en el ‘82, que la película no obstante espectacular, adolecía de “una superficialidad en su historia humana”. La enmienda la hace Ebert cuando de nuevo escribe, 25 años después en ocasión de la muestra del final cut, en 2007 (tras sucesivas ediciones más o menos fieles al deseo del realizador y exhibidas sin mucho ruido). Reconoce el gran crítico estadounidense que para él, a principios de los ‘80 del siglo pasado la noción de un androide o replicante, un ser artificial que lleva un diseño genético humano y por tanto es difícil discernir de los humanos reales, no lo interpelaba como lo hacía un cuarto de siglo después. El drama (y el horror) de la inteligencia artificial se veía remoto, improbable.

Aquella Blade Runner no en vano devino película de culto, porque sin causar mayor alarma en las audiencias acercó como nunca el relato de anticipación a la inminencia, al mismísimo presente. Desde entonces, el mito de la distopía (o utopía negativa) trama toda la narrativa de anticipación como una ominosa presencia. Ya el cuento de la invasión alienígena que exterminará a la humanidad ha dado paso a la certeza de que la destrucción ha sido inoculada en el corazón de la humanidad.

El replicante de Philip K. Dick y Ridley Scott, arquetipo prometeico, el Frankenstein hermoso, perfecto como Apolo; el androide femenino, encarnación de la belleza afrodítica; aparecen ambos como demasiado humanos. “Más humano que el humano” es el lema de la Corporación Tyrell que produce los exquisitos artefactos que han empezado a desarrollar sentimientos y, en consecuencia, ¡oh, hybris!, la ansiedad ontológica. La tragedia del replicante es que su alma es un reloj que ya fijó la hora de muerte: “Time to die”, última línea del replicante Roy Batty, final del monólogo tallado en el bronce de la memoria colectiva. “I’ve seen things you people wouldn’t believe…All those moments will be lost in time like tears in the rain”, recita el peligroso Batty, resignado a morir ante quien debía ejecutarlo, el blade runner Rick Deckard (Harrison Ford).

No es casual ni superfluo que el androide que inmortalizó el actor holandés Rutger Hauer, haya hecho una inesperada jugada a los guionistas, cuyo héroe indiscutible era el corajudo caza recompensas Deckard. El público salía de las salas con el corazón asaltado por Batty, el despiadado replicante, con fuerza y frialdad suficientes para con sus solas manos triturar el cerebro de su amado creador, Dr. Eldon Tyrell, el atildado como repugnante magnate propietario de la corporación fabricante de replicantes.

Blade Runner refunda la narrativa y la estética de anticipación en el cine, con clara influencia del cinema noir, el imaginario cyber punk y la vanguardia futurista. A su vez, establece la singladura del género hasta hoy: he ahí Ex Machina (2014) o algún episodio de la serie de Netflix Black Mirror, por nombrar apenas dos epígonos recientes.

Ahora que recién se estrena la esperada segunda parte, 35 años después, bajo el título Blade Runner 2049, dirigida por Denis Villeneuf, con mérito probado, el cine y el mundo han transitado en poco tiempo todos los traumas propiciadores de aquella civilización desvanecida, mutada, irreal, que ya se manifiesta entre nosotros.

 

 

 

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