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Body Art y Aleppo: vanguardia y conflicto en el Tropenmuseum

Dos exposiciones hacen reflexionar a la columnista, Manuela Toro, sobre la curaduría y museografía

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La manera en que se escogen, se planifican y se diseñan las exposiciones (de cualquier tipo, no sólo de arte) aporta radicalmente a su contenido ¿De qué trata? ¿Qué piezas se escogen y por qué? ¿Qué dice el texto de pared? ¿Debería haber texto de pared? ¿En qué orden se ven las piezas? Cada uno de estos detalles tiene algo que decir sobre lo que se expone, le agregan una capa de información, un pedacito de contexto. Durante la última temporada, el Tropenmuseum ha sostenido dos exhibiciones temporales, en salas adyacentes, que aunque opuestas en dirección y contenido, se complementan ofreciendo dos ejemplos de curaduría y museografía de altísimo nivel: Body Art y Aleppo.

Ubicado en la ciudad de Ámsterdam, entre algunos de los mejores y más reconocidos museos del mundo, se colea el Museo del Trópico. Fundado en 1864, el Tropenmuseum sostuvo por mucho tiempo un enfoque etnográfico y colonial, al ser un espacio para informar sobre las ‘culturas del trópico’, particularmente las colonias holandesas como lo fue Indonesia.

Hoy en día, la misión del museo es mostrar objetos que tengan algo que decir sobre la historia humana, utilizando temas universales como el duelo, la celebración, ornamentación, rezos y conflicto. Se enfoca en la franja tropical desde África al sureste asiático, Nueva Guinea y Latinoamérica y demuestra que, a pesar de las diferencias, somos esencialmente iguales. Un mensaje que mucha falta hace en estos tiempos.

La primera: Body Art

Un tema algo inusual en el -a veces- pomposo mundo de los museos, capaz de atraer a jóvenes curiosos. Más allá de su posible éxito comercial, la exposición resulta gratamente educativa e incluso profunda.

Al entrar, a la salida del ascensor hay carteles con testimonios de personas que relatan el significado de sus tatuajes. Luego, en la primera sala se encuentra el famoso video de Dermablend que revela al hombre completamente tatuado de la cabeza a los pies:

La pieza se proyecta frente a un sofá tapizado de color rosado carne con un cojín del mismo color en forma de pierna. La pregunta ¿Juzgas a un libro por su portada?, junto con la instalación del sofá, abren paso a la línea de investigación que ata toda la muestra: ¿Por qué la gente altera sus cuerpos? Los muebles intervenidos con cojines en forma de extremidades se encuentran a lo largo de toda la exposición.

Poco a poco se van introduciendo las distintas tendencias. Primero, los tatuajes que responden a motivos personales, expresiones de amor o tributos, motivos decorativos, o diarios de vida. El próximo video muestra el testamento de un hombre que sobrevivió a un campo de concentración y muestra el número serial que le asignaron tatuado en su brazo. Segundos después aparece su nieto con el mismo tatuaje, sirviéndole de recordatorio y agradecimiento, en sus palabras.

La siguiente tendencia explica las intervenciones grupales, desde cicatrices para ciertas culturas africanas hasta el uso de pintura facial con los colores de un equipo deportivo en el mundo occidental, que dan sentido de pertenencia a muchas personas. Por otro lado, aquellos tatuajes con significado espiritual: para algunas culturas los tatuajes o cicatrices pueden, a través del dolor, tener efectos purificadores. Algunos números, animales, o símbolos también están llenos de connotaciones espirituales, como lo es la tradición Yantra en Tailandia. Body Art para espectáculo explora la idea de tener una audiencia, ya sea para Halloween, para transformaciones permanentes (mediante implantes, por ejemplo, incluyendo los mamarios), o como expresiones artísticas. Una famosa escena de Corazón Valiente (1995) ilustra este punto.

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© tropenmuseum.nl

Expresiones de rebeldía y expresiones de belleza también están incluidas. Imágenes de adolescentes convertidas en hadas góticas, o Geishas en su proceso de preparación, incluso una explicación sobre la transformación anatómica que ocurría con el corset que solían usar las mujeres hace algunos siglos. Y para finalizar, mi favorita: el uso del maquillaje de diario como una representación más del Body Art, como lo explica en un video la blogger Angela Loy. La exposición cierra subrayando que el cuerpo humano es también un medio de comunicación que usamos para resaltar nuestra identidad, una necesidad compartida por muchísimas personas.

Es de las pocas exposiciones a las que he asistido en las que he leído cada texto explicativo, y en la que me he sentado a ver cada video. El recorrido entero genera curiosidad. Se plantea una pregunta inicial, y se exploran todas las posibles respuestas durante el trayecto para poder llegar a una conclusión. Cada uno de los temas se presenta junto a uno o más ejemplos. La decoración de la sala en colores rojo, rosado y negro, las luces bajas y los muebles “humanos”, permiten que el material expuesto se luzca. Objetos, imágenes y video se complementan de manera simbiótica. Este método resulta educativo, accesible, dinámico y,  sobre todo, eficiente.

La segunda: Aleppo

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© Stanley Greene / NOOR/ tropenmuseum.nl

Al cambiar de exposición, el visitante entra a otro universo. La sala es blanca, pequeños bombillos amarillos cuelgan del techo al nivel de la vista, como luces flotantes. Es una muestra casi exclusivamente fotográfica. Los espacios están divididos por imágenes impresas en telas semi-transparentes que también cuelgan del techo, esta vez hasta la altura de la cintura. Las fotos, en papel fotográfico, están expuestas en el piso, en pequeñas plataformas elevadas también de color blanco. Algunos videos en blanco y negro se proyectan en la pared.

¿Cómo demostrar la importancia histórica y cultural de una de las ciudades más antiguas del mundo cuando está en guerra y sus habitantes han sido reducidos a la palabra ‘refugiados’? Es la pregunta que se plantea esta muestra. “Es completamente imposible para cualquier exposición capturar las emociones viscerales de la guerra”, dice la reseña del Tropenmuseum.

La imágenes impresas en tela se ven como cortinas desgastadas y realmente parecen ventanas a Aleppo. La escala envuelve al espectador en cuestión de un segundo y le hacen sentir como si estuviera adentro de la ciudad, parado en la calle, viendo el horror, la violencia y el dolor aflorar frente a sus ojos. Es evidente el contraste entre el fotoperiodismo de las imágenes colgantes y el discurso estético de las que están en el piso. Son dos inmersiones completamente diferentes para el visitante. Primero, la que se presenta de golpe, descaradamente, sin aviso y sin escapatoria; como la guerra. Luego, a la que se asoma el individuo intencionalmente al inclinarse sobre sus pies para leer la fotografía. Personalmente, las interpreté como recuerdos, imágenes que se visitan. Ambas igualmente impactantes.

Una maqueta de la ciudad recoge todo el contenido de la exposición. Esta vez no hay mayores explicaciones, ni textos de pared, ni títulos o ejemplos. El trabajo habla por sí mismo y transporta al visitante al lugar de los hechos, explicándole el contenido sin usar palabras, educándolo tan eficientemente como en la sala anterior. La oferta de dos maneras tan diferentes y efectivas de educar y contar historias son motivo de aplauso para el museo.

Es sumamente importante pensar sobre cómo se expone un contenido, qué luz se le da a cada tema, cuál es el hilo que sigue una muestra y por qué. Cada pequeña decisión en el diseño de una sala de exposición tiene algo que decir sobre lo que se está exhibiendo. Aleppo, por razones obvias, me llevó a las calles de Venezuela. Este momento crítico de país ha traído consigo una enorme cantidad de trabajo artístico que será (o debería ser) documentado y que quedará para el futuro. La forma en como se exponga ese contenido será tan importante como conservarlo.

Imágenes y videos: Tropenmuseum

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