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Butoh, la danza de la oscuridad, llega al Teresa Carreño

De la mano de Juan Carlos Linares, los bailarines de la Compañía Nacional de Danza incursionan en esta danza japonesa contemporánea

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¿Qué pretendo encontrar 

internándome en el viento?

Taneda Santoka

 

Este fin de semana -del 2 al 4 de diciembre- Juan Carlos Linares presenta dos piezas de danza Butoh interpretadas por el Elenco Contemporáneo de la Fundación Compañía Nacional de Danza, que cumple 10 años de trayectoria. Para celebrarlo traen al público sus Cartografìas del Cuerpo en el Teatro Teresa Carreño.

La danza Butoh, conocida como La danza de la oscuridad surge en Japón en 1959, algunos años después de los fuertes ataques nucleares de Hiroshima y Nagasaki en donde murieron más de 200.000 personas. Como una expresión del sufrimiento vivido y alojado en los seres, aparece esta danza de la mano de Tatsumi Hijikata y Kazuo Ohno. Ha quedado esparcida en todo el mundo por sus particulares búsquedas y su estética distintiva, que algunos consideran grotesca, fea o incómoda y para otros es una muestra sublime de esculturas cinéticas.

El Dueño del Sol (2014), Fotografía de Erasmo Colón.
El Dueño del Sol (2014), Foto: Erasmo Colón.

Juan Carlos Linares es intérprete, creador y docente de danza, y además, maestro de yoga. Es el exponente de la danza Butoh en Venezuela, lo que lo llevó a sumergirse en esta misteriosa y liberadora danza, él mismo lo describe como algo “inexplicable”. Desde el momento en que se encontró con la majestuosidad de este género que fluctúa entre la danza y el teatro, supo que ese era el camino a recorrer como artista del movimiento.

Esta vez, presenta dos obras de su repertorio: Nacer cada día y La preciosa roca de la noche, y en una entrevista exclusiva para Esfera Cultural, comparte la experiencia de vivir en su cuerpo este arte japonés que cada vez se vuelve más universal.

-¿Qué lo atrajo a la danza Butoh?

-Qué me atrajo… Eso fue, inexplicable. La vi por primera vez en uno de los Festivales Internacionales de Teatro en el año 81’. Vinieron Kazuo Ohno y Sankai Juku. Yo lo vi y quedé fascinado, no explico cómo o por qué, fue una conexión energética, sensorial, que me que dejó literalmente sentado en la butaca después de haber visto aquello, diciendo ¿Qué fue lo que yo vi? ¿Qué es esto? ¿De qué se trata? No tiene explicación. Es una conexión que hubo y cuando lo veía iba diciendo, “yo quiero hacer eso, es lo que yo quiero hacer en danza, eso es con lo cual yo me identifico plenamente”. Pasaron 10 años y tuve la oportunidad de ir a estudiar danza Butoh.-

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“Narciso” (1994), Juan Carlos Linares | Fotografía: Miguel Gracia

-¿Qué encontró en ella?

-Lo que yo intuitivamente sabía que eso me iba a dar. Es un trabajo de mucha libertad, de mucha revisión o de experimentación interna. Es una danza muy introspectiva que te lleva a enfrentar miedos, traumas, bloqueos físicos y mentales. Te ayuda mucho porque te lleva siempre al límite y entonces tienes que asumir esos retos a nivel emocional. Es un mundo de apertura que te va brindando.

Ellos (los precursores) dicen que es más un estilo de vida. Lo más importante es el desarrollo tuyo, cómo te conectas con esa danza y con la vida, como la vida se conecta contigo dentro de la danza. Eso es lo que te ofrece, lo que yo he ido encontrando, encontré y sigo encontrando en las pocas oportunidades que tengo de trabajar, en las que me brinda esa apertura de nuevo.


The Dead Sea, Kazuo Ohno

-¿Dónde estudió este género de danza?

-Mi formación en la danza no fue tan académica con escuelas y estilos específicos, sino con una agrupación que se llamaba Macrodanza en la que estar 6 o 7 años bailando me preparó para enfrentar el Butoh. El entrenamiento era completamente diferente. No era basado en técnicas de danza occidental, era basado más en yoga y con ciertos elementos de la danza universal pero transformados para que el cuerpo fuera lo más dúctil posible. Se improvisaba mucho, todo el tiempo, porque la directora buscaba que cada bailarín fuera desarrollando su propio lenguaje de manera que en algún momento pudiera llegar a ser coreógrafo, pudiera ser un exponente o un creador de la danza-

Juan Carlos Linares contactó a la bailarina y coreógrafa Maureen Fleming, quien nació de una teniente de la Marina de los Estados Unidos durante la ocupación a Japón. Se crió en Yokohama, y a los dos años de edad sufrió un accidente de tráfico que lastimó su columna vertebral. Los efectos emocionales y físicos del accidente han influido en su investigación del movimiento del cuerpo físico y del alma. La coreógrafa y artista del performace estudió durante un largo período de tiempo con Kazuo Ohno, sumergiéndose en técnicas de meditación y creando su propio discurso poético que ensalza la belleza del cuerpo femenino.

– Fui a Nueva York ya habiendo conversado previamente con la maestra Fleming. Pasé cuatro años estudiando en los talleres especiales que ofrecía en una finca a las afueras de la ciudad. Mientras estuve allí, tomé clases con varios maestros japoneses y americanos y participé en el Festival de Butoh de San Francisco en 1996, asistiendo a los talleres y a las funciones  que brindaban varios artistas japoneses y americanos del Butoh-

Min Tanaka | Foto: Archivo
Min Tanaka | Foto: Archivo

Luego, tuvo la oportunidad de estudiar con Min Tanaka, artista nacido en Japón en 1945 quien indaga en los orígenes de la danza a través de la agricultura en un pueblo de montaña llamado Yamanashi, en las afueras de Tokio. Estuvo en un taller de verano durante dos meses, y para esta experiencia, Linares asegura que su enseñanza con la compañía Macrodanza en Caracas fue determinante, pues el trabajo de improvisación lo “fogueo” y propició su desarrollo creativo.

-La experiencia en sí misma fue muy enriquecedora y nueva para mí porque era un taller que involucraba tanto el trabajo comunal, porque vivíamos todos juntos en una granja, así como el trabajo agrícola, donde participábamos las diferentes personas que fuimos de diversos países. Uno se tenía que comprometer a hacer el trabajo agrícola junto al taller de danza. Fue un trabajo muy arduo, muy severo si se quiere, de mucha disciplina y de mucha fortaleza. Si no tenías la fortaleza allí la tenías que encontrar porque se exigía demasiado, tanto física como mentalmente-

Maureen Fleming y Min Tanaka son los maestros que más han influenciado a Juan Carlos Linares, además de Kayo Mikami, una japonesa con quien estudió durante un taller intensivo de un fin de semana y que su producto artístico lo describe como: maravilloso, diverso, profundo y con mucho trabajo interno. Con ellos se inspira y considera que “a fin de cuentas, el Butoh te ayuda a reinterpretar lo que tú asimilaste del Butoh, y cada quien hace su propia creación, concepto, idea.”

-¿Qué necesita un bailarín que quiera acercarse a la danza Butoh?

"Extracto de Rosas" (2005) | Fotografía: Goar Sánchez
“Extracto de Rosas” (2005) | Fotografía: Goar Sánchez

-En este estilo de danza lo que se requiere es apertura mental. Los requerimientos físicos son muy diferentes a lo que la danza occidental busca: la línea,  un cuerpo demasiado estilizado, que sea muy flexible… en Butoh no, lo que se busca es que el bailarín tenga apertura mental.

Al tener apertura mental, la apertura corporal va a irse sucediendo porque no hay ningún virtuosismo en el sentido de que no se requieren grandes saltos, grandes extensiones, piruetas, se requieren otras cosas diferentes… Es más un trabajo de concentración mental, de estar atento al imaginario, al mundo de la imagen, es un trabajo de fuerza arraigaida a la tierra en vez de elevarse y ser tan etéreo como la danza occidental. Peso, gravedad, eso es lo que más buscaría –si es que busca algo, además-, la danza Butoh en cuanto a un requisito como para el bailarín.

Los que tienden a acercarse, tanto en Japón como en Europa, son actores, más que bailarines. Si son bailarines los que se acercan, son los que se han cansado de trabajar siempre igual o de no conseguir algo profundo, y es en esa búsqueda que conectan con el Butoh.-

-¿Qué relación consigue entre la cultura japonesa y la venezolana?

-El Butoh sí, fue originado en Japón, pero es universal porque no tienen ningún código definido. No hay ninguna técnica fija, no hay códigos tan determinantes, más bien ellos evitan cualquier condicionamiento.

La experiencia que tuve con Min Tanaka: él busca romper cualquier patrón corporal que tengas y crearte un cortocircuito entre la mente y el cuerpo de manera que tú no sabes dónde estás. En una entrevista le preguntaron cuál eres su centro, él señalo “en aquella pared” como diciendo, que su centro no está en su cuerpo, ni en su ombligo ni en lo que ellos llaman “hara”, sino que su centro está en aquella pared, allá al frente.

Esa apertura da para que cualquier persona de cualquier parte del mundo pueda adoptar la danza Butoh para sí. Por supuesto, a mí como venezolano esa apertura me da para que mi venezolanismo surja desde la libertad que ofrece el Butoh. La conexión se va dando así.

Los europeos, los americanos, los latinos… Todos los occidentales nos cuestionamos mucho ¿Cómo asumo algo que no le pertenece a mi cultura? ¿por qué vamos a asumir este estilo de danza cuando nosotros no crecimos en Japón, no sufrimos lo que dio origen a este tipo de danza en la postguerra ni vivimos la bomba de Hiroshima? pero es tan universal que da para todos, para cada cultura. De hecho, tanto en japoneses como en toda la globalidad que tiene el Butoh, cuando ves  los productos de cada uno se diferencian, ninguno es igual, y allí puedes ver en cierta medida cómo la cultura de cada persona o individualidad puede estar influenciando al Butoh y viceversa, el Butoh a la cultura o a las personas.

Lo que te ofrece no es una técnica, sino ejercicios prácticos que te van llevando a un cierto estado de concentración, de hiper-atención, y tú te mueves de acuerdo a la imagen que se te está sugiriendo. La imagen es el motor para que vaya surgiendo el movimiento o incluso el no movimiento, pero es la imagen lo que decide y define qué es lo que debe hacer el intérprete de danza Butoh-

"Los Portadores del Cielo" (2015) | Fotografía: François Montalant
“Los Portadores del Cielo” (2015) | Fotografía: François Montalant

-¿De dónde surgen sus procesos de montaje?

-De una idea. Por supuesto esa idea se puede ir transformando durante el proceso. La última producción que hicimos en equipo no surgió de mi parte, surgió de una amiga que quería bailar, los dos teníamos tiempo sin bailar. Ella en un momento me había dicho “me gusta tal imagen”, y en realidad lo pensaba hacer para ella entonces dije “voy a usar su imagen para empezar a trabajar”. Resultó que durante el desarrollo de mi idea dije, “¿por qué no lo hacemos con más personas?”.Fue cambiando todo pero manteniendo la idea básica de ella, pero al final resultó ser otra cosa. Esa es la libertad que también existe para la persona que va a dirigir el proceso.

O surge a través de una imagen gráfica o de algo muy interno, por ejemplo, de una situación que quieras plasmar. Todo eso va surgiendo y de acuerdo a cómo cada creador tenga su proceso de trabajo eso se va a transformar o no, o se mantiene bajo la línea principal, originaria. En mi caso siempre ha sido en base a imágenes.

Una vez fue por una música, me preguntaba por qué esa música me atraía tanto. Por suerte tenía el librito del CD y explicaba un poco la cosa. Lo que inspiró al compositor para hacer su música, me sirvió de base para inspirarme, no digamos coreográficamente porque yo en realidad no me considero un coreógrafo, pero sí para la creación escénica, quizá un poco el mensaje de lo que yo quería expresar.

Es hasta poético porque yo lo que hago no es moverme sino que busco gráficamente imágenes, busco textos, y sobre eso es que voy desarrollando el trabajo físico.-

-¿Hay algún elemento que se mantenga presente o sea constante en sus creaciones?

– No, eso va cambiando. Los que han visto Butoh, sobre todo cuando venían los japoneses, han tenido como la imagen básica esto: hay que maquillarse de blanco, hay que moverse muy lento. Y resulta que no, eso lo tenía como estereotipo y cuando me fui a estudiar vi que no, que te puedes mover tan lento, tan lento, tan lento, como también puedes moverte muy, muy, muy rápido y cambiar de energía de una velocidad a la otra, usar cualquier tipo de música. De hecho, en el principio usaban tango, aunque no tenía nada que ver con los japoneses.

Dependiendo de lo que yo quiera crear como atmósfera, eso me define la música, el vestuario, escenografía no he usado porque esas son grandes producciones pero también pudiera definirme eso, define iluminación, define todo, de acuerdo a la atmósfera de lo que tú quieras mostrar. No sucede que yo quiera el diseño de tal vestuario de tal manera, sino que es al revés, la imagen define el diseño, eso en mi trabajo, pero cada quien trabaja de una manera muy específica. Por ejemplo, mi maestra Maureen Fleming usa mucho el desnudo, y lo disimula a través de las luces o a veces baila como en unas penumbras, ¡bellísimo!, o a veces se cubre con telas inmensas.

Los japoneses en sus inicios usaban vestuarios muy estrambóticos y vistosos. Es muy libre, realmente es muy libre. –

Maureen Fleming | Fotografía: Archivo
Maureen Fleming | Fotografía: Archivo

-¿Cómo ha sido la recepción del Butoh por parte del público venezolano?

Siempre ha sido muy particular. Como en todas partes del mundo hay gente que le gusta, hay gente que se aburre, hay gente que no le gusta porque le parece demasiado perturbador, o grotesco, hay gente que lo ama por lo sublime con lo cual se conectan, esto respecto a las agrupaciones extranjeras pero igual ha pasado conmigo.

Sin embargo, sí he notado dentro de la generación de bailarines o actores jóvenes una apertura mental para asumir este tipo trabajo. Desde el 2011 cuando participé en en el proyecto de Aktion Kolectiva en donde realicé un extracto de la pieza (El Vuelo, dirigida por Julie Barnsley) en Butoh, los bailarines que participaron allí estuvieron dispuestos, les interesó. Después un proyecto personal que hice el año pasado y el que estoy realizando ahorita con la Compañía Nacional de Danza, quienes han estado también muy dispuestos, muy abiertos, nos hemos entendido muy bien y se ha desarrollado un trabajo equilibrado, muy armónico, han captado bastante bien la idea de lo que se les ha propuesto.-

"Los Portadores del Cielo" (2015) | Fotografía: François Montalant
“Los Portadores del Cielo” (2015) | Fotografía: François Montalant

-¿Cómo ha sido la experiencia de trabajar Butoh con la Fundación Compañía Nacional de Danza?

– Ha sido muy bueno, ha sido sorpresivo para todos, tanto para los bailarines que es su primera experiencia en el reto de bailar Butoh y también para mí, trabajar con bailarines bien codificados. 10 años cumple la compañía, 10 años moviéndose de una manera bien determinada y ha sido muy enriquecedor, realmente ha sido muy bonita la experiencia de todos.

Tienen toda esa cantidad de años y de estudio, además, para venir yo a romperles eso en nada, porque tenemos muy poco tiempo, desde mediados de septiembre de este mismo año trabajando con un taller para ver si había realmente material y posibilidades de trabajar. Resulto que sí, resultó ser buena.

Lo que me ha gustado de ellos es que ha habido entrega. Tienen pasión para entregarse a esto. No les ha sido fácil y todavía no les es fácil pero cada vez van a estar más, diría yo, descodificados, entregados al abismo de todo lo que es este tipo de trabajo, porque hay realmente que estar lanzándose al vacío todo el tiempo.

Son dos obras, Nacer cada día y La preciosa roca de la noche. De Nacer cada día se van a presentar dos extractos, uno se llama Brisas de Dolor y el segundo Madre Perla, es del año 1994 y es una pieza que en general tiene que ver con las virtudes como constancia y perseverancia para superar esos momentos de inercia u obstáculos en los que nos encontramos muchas veces, momentos de poca fe, digamos, en que nos paralizamos y no superamos aquellos escollos que nos puede presentar la vida.

La preciosa roca de la noche es del año 1997, donde quería mostrar las deidades o arquetipos femeninos relacionados con las fases de la luna, la luna nueva, media luna y luna llena, así como diversos animales o imágenes que están conectadas con cada fase de la luna.-

"La Preciosa Roca de la Noche" (1997) | Fotografía: Miguel Gracia
“La Preciosa Roca de la Noche” (1997) | Fotografía: Miguel Gracia

Las piezas se presentan como parte del espectáculo Cartografías del Cuerpo, en los Talleres de Realización del Teatro Teresa Carreño este viernes y sábado a las 5:00 pm y el domingo con doble función, a las 11:00 y a las 5:00 pm.

Las entradas tienen un valor de Bs. 500 y pueden adquirirse en las taquillas del teatro.

Imagen principal: Bordes