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Cabrujas: el estruendo de la memoria

Un performance de Yoyiana Ahumada e Iván Oropeza

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La conmemoración de los 81 años del natalicio de José Ignacio Cabrujas, se llena de un tono nostálgico festivo con la propuesta de Yoyiana Ahumada e Iván Oropeza, denominada: Cabrujas, el estruendo de la memoria. Este  bello performance/instalación se apropia de los espacios de la Sala Cabrujas de Chacao. Con un elenco de primera línea en la escena nacional, como: María Cristina Lozada, Claudia Nieto, Gladys Seco, Carolina Wolf, Nelson Lehmann, Alberto Alcalá y Carlos Fabian Medina, quienes son los encargados de conducir al espectador en un viaje oscilante entre lo público y lo privado, que constituyen la esencia del universo que fue José Ignacio Cabrujas.

La puesta en escena se distribuye en 4 estaciones que dan cuenta de los diversos escenarios en los que hizo vida Cabrujas y que dieron forma a su particular modo de comprender el mundo. La familia como un universo en el que prevalece lo femenino, el encuentro con el teatro, su paso determinante por la televisión y su pasión por la ópera como espectáculo total.

Carlos Fabián Medina como José Ignacio Cabrujas

Lo interesante de este trabajo viene dado, entre otras cosas, por la integración de diversos medios expresivos en los que se logra una integración armónica entre  danza, teatro, música, ópera y  fotografía. Todo ello gracias al esfuerzo mancomunado de directores, actores y un equipo de producción formado por Edgar Vidaurre, Daniel Hernández, Dj Torkims Delgado, Enrique Shaw- Alvárez Fernández,  que supo encontrar las notas precisas para otorgar la atmósfera necesaria para llevar a cabo esta propuesta cargada de una dulce nostalgia por ese mundo fabulado por Cabrujas.

Los tangos de Gardel y Lepera, el radio, la jarrita de peltre, el rosario y los manteles bordados, son los responsables de gestar la atmósfera inaugural para el espectáculo. La casa de los Cabrujas me hizo evocar una forma originaria de la concebida para la familia Ancízar en El día que me quieras, y la latencia de esa pensión en la que se ahorcó la madre de Pío Miranda.

Hay varias ideas que, astutamente, Ahumada pone en boca de los personajes de esta primera estación, nos permitirán observar algunas imágenes germinadoras que dieron vida, en su más elemental modo de ser, a lo que se conocerá como el Quadrivium. Esta es la denominación que, el investigador y crítico venezolano, Leonardo Azparren Giménez le otorga a las piezas centrales de la obra dramática de Cabrujas: Acto Cultural, El día que me quieras, Profundo y El americano ilustrado. Algunas de estas señales se evidencian en las menciones que se hacen en torno al olvido y a las supersticiones propias de nuestro imaginario religioso. Todas ellas vividas y meditadas en los resquicios de la casa de Catia, esa cuyas memorias fueron reinventadas en el famoso cuaderno rojo.

Carolina Wolf, Claudia Nieto y Gladys Seco en la Casa de los Cabrujas

La máquina de escribir dará forma al testimonio del escritor, la trasposición de sus ideas, la materialidad de su pensamiento crítico. El sonido de las teclas hará posible para el espectador un encuentro con el hombre que comprendió el espíritu de su tiempo, que reconoció las sombras que habitan nuestro imaginario colectivo, dibujándolas junto a la imagen de la venezolanidad.

La universalidad de este hombre, profundamente preocupado por la pretensión de lo universal en nosotros, es capturada en ese estruendo de la memoria que cuestiona al país del “mientras tanto y el por si acaso”, de la visión paternalista del Estado y lo mesiánico en los líderes políticos, a los que se les mide por el carisma y no por su eficacia.

Insight Cabrujas con Nelson Lehmann

Además de todo esto, se encuentra la relación con la ópera, que vincula a nuestro protagonista homenajeado  con su infancia, con la figura paterna. Hay algo en esta estación que me resultó fascinante y fue, precisamente, el modo en el que Cabrujas logra transpolar la idea del argumento operático a la telenovela y cómo esa historia conocida hasta la saciedad continúa atrapándonos, forzándonos a dar una tregua ideológica frente al reino placentero del deleite.

José Ignacio Cabrujas continúa haciéndonos pensar sobre nuestra condición humana de allí su universalidad, por ello su trascendencia a través del lenguaje, un territorio donde hace posible la denominación de lo innominado. Sin duda alguna, su teatro sigue vivo en nosotros porque sus preguntas, tal vez, sigan siendo las nuestras.

Todas las fotos de este artículo son de Harold Nieles