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Caupolicán, poeta-hostias, señor del escándalo

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La primera vez que escuché el nombre Caupolicán Ovalles fue en un curso en torno a la literatura Venezolana de los años sesenta. Sobra decir que se hablaba de El Techo de la Ballena y del famosísimo poema ¿Duerme usted, señor presidente? (1962). Con ese título, Ovalles aparecía como una estrella organizadora del brazo cultural de la izquierda revolucionaria. Su nombre se difuminaba entre el vasto listado de autores que surgieron en esta época, por recordar algunos: Adriano González León, Francisco Pérez Perdomo, Salvador Garmendia, Rafael Cadenas, Juan Calzadilla, Carlos Contramaestre, Edmundo Aray. Otra de las circunstancias que ayudó a mantener un velo de misterio sobre el poeta-hostias fue la dificultad a la hora de acceder a sus textos. Por eso atesoré la Antología de El Techo de la Ballena, de Ángel Rama; era casi imposible leer algunos autores de esa peña literaria si no era por ediciones viejas, agotadas, objetos de colección.

Este hecho también facilitó que me decantara por la lectura de los nombres que iba encontrando. El de Ovalles se quedaba como una curiosidad. Un poeta que parecía haber escrito un poema fundamental, transgresor y contestatario para luego desaparecer en las brumas de la vida cultural de la noche caraqueña. Releía con cuidado sus versos buscando el genio que duerme en esa botella poblada de amigos. Una de las certezas que tuve al revisar la agrupación de escritores de El Techo fue la necesidad de contar con buenos compañeros de viaje.

De las contadas ediciones existentes del Techo de la Ballena
De las contadas ediciones existentes del Techo de la Ballena

Si revisamos la historia de la literatura encontraremos amistades tan geniales como entrañables. Juan Rulfo y Juan José Arreola compartían una camaradería fundamental con la que guiaban sus talleres de narrativa. Para qué recordar la de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, quienes además se convirtieron en compañeros de escritura. Los vínculos que retroalimentan su actividad creativa pueden rastrearse en la relación alumno-maestro, como ocurre entre William Butler Yeats y Ezra Pound. Este último dio un nuevo aliento a la poesía del irlandés y adquirió una nueva perspectiva del panorama cultural que le permitió forjar otra amistad memorable: la que tuvo con Tomas Stearns Eliot. Roberto Bolaño refiere una posibilidad similar en el mundo hispanoamericano que nunca se dio: a principios del siglo XX, Rubén Darío necesitaba un secretario y Vicente Huidobro estuvo a punto de tomar el cargo.

En todo caso, creo que una de las claves para entender la importancia de la década de los sesenta en Venezuela no se halla únicamente en la presencia de escritores de primera línea. Un evento fundamental fue que esos nombres mantuvieran un diálogo, que se conocieran y se hablaran para enriquecer sus propuestas. El trabajo en común nutrió las realizaciones estéticas que forjaron en ese lapso y que proyectarían varias de las líneas de la literatura venezolana contemporánea.

Sin importar las certezas apuntadas, la poesía de Ovalles se fue reeditando con una cautela inusitada. En el 2008, se incluyó el poema que lo insertó en el canon de la poesía venezolana en El Techo de la Ballena. 1961-1969. Antología y Rayuela Taller de Ediciones ofreció al público Sexto sentido u diario de Praga. Este último poemario muestra un autor mucho más íntimo que combina el surrealismo y el humor negro para evaluar la propia existencia sin las premuras que supone el discurso contestatario:

 

Soñé

que iba en mi entierro

y comencé a hablar

tan bien de mi persona

que me corrieron por escandaloso

y enemigo del difunto.

 

El verdadero cambio en el acceso a la poesía de Caupolicán Ovalles para el público lector se dio en el 2016. El perro y la rana reedita ¿Duerme usted, señor presidente? respetando el formato de las ediciones tubulares del colectivo de los sesenta. Más importante, Rayuela Taller de Ediciones, en conjunto con la Fundación Caupolicán Ovalles, imprime En (des)uso de razón. Caupolicán Ovalles. Antología poética y otros textos.

La relevancia del último título radica en que recoge una amplia muestra del trabajo de Ovalles. La selección revisa las publicaciones del poeta desde su entrada subversiva a la palestra cultural hasta Alfabetarium (2001). Además compila entrevistas, reportajes y semblanzas. Para completar el cuadro, se ofrecen reflexiones en torno a su figura dentro del mundo literario y su trabajo poético. Todo esto acompañado por una cronología y fuentes documentales para darle un perfil académico y profesional al volumen. Constatemos el esfuerzo de la Fundación por recuperar la labor de un autor esencial de nuestra literatura. Con este gesto, ese nombre cobra materialidad en las páginas seleccionadas y cuidadas por Miguel Chillida y Manuel Ovalles Quesada.

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