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Cine para 2: Amar en tiempos tardíos o difíciles

"Violette" (Martin Prvost. Francia, 2013) y "Más vivos que nunca" (Alfredo Anzola. Venezuela, 2017) son las películas incluidas en esta nueva columna

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El cine nos da una oportunidad para adentrarnos en los mundos emocionales de gente que se parece a uno o que, por el contrario, ha vivido cosas que jamás nos atreveríamos a hacer.  Amar es un rasgo humano que no solo se va asentando con el tiempo, sino que se extiende con una profundidad que prueba de qué estamos realmente hechos. Ya sea por un asunto de no chocar contra los convencionalismos sociales o, simplemente, por ver con demasiado drama el reloj de nuestras vidas, más de una vez se ha dejado de vivir un encuentro romántico, trayéndonos solo autolimitación. Hoy en Cine para 2 revisaremos un par de películas que atienden al amor en distintas facetas: totalmente humanas y totalmente vigentes.

 

Violette (Martin Prvost. Francia, 2013)

Darle pocas vueltas a problemas personales, exponiéndolos artísticamente es una de los grandes y acertados ímpetus de la literatura de Violette Leduc. En este caso, la película inspirada en diversas biografías, logra de una manera precisa retratar el contexto en el cual una mujer -en tiempos de posguerra- intenta encontrar su lugar en el mundo.

Desde la primera escena, en la que vemos a una joven que convive en un matrimonio arreglado acicalándose (sin ningún tipo de comodidad pequeño burguesa), hasta las profundas diatribas sobre estilo, tiempo y temática con una joven filósofo –Simone de Beauvoir– la historia nos lleva sutilmente de la mano a universos de amor y profesionalismo insospechados.

El dialogo campo-ciudad es un subtexto maravilloso en sí mismo y planteará reflexiones a más de uno, incluso después de abandonar la sala de cine. Una cantidad de personajes menores representan vicios o estilos ante la vida: la angustia, la pereza, la envidia y hasta la estulticia rumian sus propias miserias por los pasillos. No hay papel pequeño en esta cinta. Fundamentalmente, la amistad es la base para que nazca el amor no correspondido de esta aspirante a literata, por la ya famosa pensadora. Por cierto, la luz juega un papel muy importante porque apadrina tanto los difíciles momentos de conflicto interno, como los más ligeros de reencuentro con la autoestima y las realidades menos pesadas de la vida cotidiana. La puesta en escena plantea unos años cincuenta inundados de creadores,  artistas, pintores, intelectuales con tantas contradicciones ideológicas, como colmados de propuestas, que casi rayan en la egomanía.

Estructurada en episodios de encuentro con grandes figuras consolidadas del arte y la escritura francesa, Violette exhibe una serie de resultados disímiles pero creíbles. La relación con Jean Genet, el encuento con Albert Camus, la transferencia casi psicológica y emocional con Maurice Sachs o Jacques Guérin, complementan el mundo interno de nuestra protagonista, marcado por el abuso infantil, la ausencia de afecto materno, la lucha sobre la autonomía de su propio cuerpo y el amor no correspondido.

Actúan Emmanuelle Devos como Violette, Sandrine Kiberlain como Simone de Beauvoir, Jacques Bonnaffé como Jean Genet. Estuvo nominada a los premios Magritte en 2014 como mejor cinta en coproducción conjunta. En el festival internacional de Toronto de 2013, recibió una ovación de pie el día de su estreno.  La respuesta de taquilla y el gusto en el público han convertido a esta película en un producto cultural clave para entender la literatura intimista y al feminismo naciente de los años cincuenta. Puntuación: 5 sobre 5

 

Más vivos que nunca (Alfredo Anzola. Venezuela, 2017)

Vivir después de cumplir con ciertas etapas consideradas como “normales” o “naturales” es todo un reto, no solo en Venezuela sino en el mundo. Ser abuelo, mantenerse soltero, ser viuda, estar al margen de hijos o familiares, enfrascarse en la soledad, o vivir en hogares para la tercera edad; no son muchas las posibilidades que ofrece el final de la vida, pero sí serán diversas las formas de enfrentar esas realidades.

El ojo de Alfredo Anzola combina, gracias a su formación humanística –no olvidemos que además de sociólogo, es doctor en ciencias sociales por la Universidad Central de Venezuela- una mirada documentalista, intensa, sugerente en lo descriptivo y  a ratos, emocionalmente costumbrista. El guión resulta organizado y equilibrado, lo que le da a la realización un tono de estructura y resolución elíptica sin ambages ni manierismos.

Con un tono de comedia que roza los sentimientos más cercanos, la historia narra en formato de road movie, la salida sin permiso de unos ancianos quienes deciden cumplir el último deseo de una de sus compañeras: que sus cenizas se mezclen con un río en el interior del país. A partir de esta transgresión, la aventura se convierte en una sucesión de eventos en donde familiares, amigos y personajes incidentales le dan el chance a los protagonistas de reencontrarse con potencialidades olvidadas y talentos ocultos.

Al decir del cineasta Edgar Rocca (El hombre más malo del mundo. Venezuela. 2016) esta película: “En esta película hay una búsqueda…de un último logro. Es a ratos conmovedora y refleja las añoranzas de un director que trabaja desde los años setenta en el cine venezolano (…) en el tema de la dirección de actores y de escenas, debo decir que es muy digna e interesante”.

Más vivos que nunca es protagonizada por Rosario Prieto, María Cristina Lozada, Eduardo Gadea Pérez, Pedro Durán, Gonzalo “Chile Veloz”, Antonio Delli y Nohely Arteaga entre otros excelente actores que generan un muy atinado reparto. Fue ganadora del primer Premio especial Movistar, a la película más votada en redes sociales. Puntuación 4 sobre 5.

 

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