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Cine para 2: El club de la infancia difícil

Joaquin Ortega llega con las reseñas de dos interesantes películas estadounidenses de este año: "Eso" y "El castillo de cristal"

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La niñez está plena de grandes emociones que pueden compararse, quizá, a los inmensos desafíos de la adultez. Las familias ofrecen lo mejor que tienen o simplemente lo único que pueden dar a sus pequeños. Así, el crecimiento es un viaje a la independencia, al autodescubrimiento, a la complicidad, a veces a la negación, pero en especial resulta un canto a la camaradería. En dos filmes con registros distintos, la infancia se vuelve protagonista de los recuerdos, que invitan a un escrutinio de la mejor época del mundo, siempre desde la perspectiva adulta. It  basada en la obra de ficción de Stephen King y The Glass Castle, autobiografía de Jeannette Walls tantean fibras humanas con precisión y brillo.

Glass Castle- El castillo de cristal (Destin Daniel Cretton. EUA, 2017)

Una familia es, en sí misma, una casa intangible. Cuenta en su fabricación con paredes y bloques invisibles, ladrillos emocionales e historias compartidas que terminan siendo los elementos que le otorgan fuerza. La vida de los Walls está llena de momentos de profunda poesía y de inevitable desencanto. Jeannette y sus tres hermanos crecen en la más maravillosa de las aventuras: no hay horarios, no hay reglas, no hay más que tiempo para jugar, pero al lado de este utópico día a día, se esconde un atribulado desapego a la realidad ya que solo abunda el hambre, el frío, la miseria  y el bamboleo emocional.

La película va narrando, con un sincrónico uso de los flashbacks,  cómo la joven adulta y exitosa que se gana la vida escribiendo reportajes, tuvo que sacar fuerzas -de dónde no las tenía- para abandonar un nido emocional, que la hacía sentir bien a ratos, pero que resultaba claramente tóxico.

Los procesos de descubrimiento de un tierno y brillante padre -quien en realidad es un alcohólico depresivo y abusador- y el encuentro con una madre artista, cuyo único método de vida es la irresponsabilidad sistemática, hacen de ésta experiencia visual un continuo ejercicio de llanto contenido y admiración ante la superación individual y el apoyo entre hermanos.

Ninguno de los papeles merece ser desestimado, tanto los niños como los personajes adultos nos empujan a preguntarnos de qué se trata realmente la riqueza espiritual, frente a la vida real y tangible, y cómo ciertas fantasías sobre la vida “al aire libre” pretenden venderse como absoluta felicidad. Ver a alguien comer de la basura en la ficción nunca será lo mismo que presenciarlo en la vida real, pero ambas llaman la atención sobre los límites que se desbordan, cuando se vende al desapego como filosofía y no se tienen los pies en la tierra para orientar a los más débiles eslabones  de un hogar disfuncional.

Actúan: Brie Larson, Naomi Watts, Woody Harrelson, Sarah Snook y Max Greenfield entre un excelente reparto profesional  y novel. Puntuación 5 sobre 5

It. (Andrés Muschieti. EUA, 2017)

Es la nueva versión cinematográfica que se hace del libro Eso de Stephen King; la dirige el mismo argentino responsable de Mama (EUA 2013) -en su versión corto y en su formato hollywoodense- It narra las desventuras de un grupo de preadolescentes, quienes tienen que enfrentar sus propias malandanzas diarias, pero a la vez corren con la terrible tarea de plantarle cara a una criatura maligna que, al parecer,  ataca cíclicamente  a los niños de su población.

En un tiempo apretado se puede llevar a buen término la adaptación –claro está, con ciertas licencias que todo fan hará notar- de la primera mitad del libro. Los niños conocen el horror de primera mano y lo superan, solo para tener una especie de recreo muy tenso, mientras crecen y deben concluir  lo que dejaron a medias.

Ciertos temas siguen vigentes: el abuso sexual, el racismo, la violencia colegial, las verdades a medias, y en especial, la herida del crecimiento con poca o nula comprensión de unos padres tan inexpertos en su tarea, como pueden ser los niños en su rol de hijos.

La estética se retuerce entre los mediados de los ochenta y algunos guiños a los años 90. Abunda una paleta de colores brillantes y vivos –incluso en los momentos con más tendencia a la oscuridad- el vestuario explota de la mejor manera una feria de colores carnavalescos, un tanto más renacentistas, que en aquella versión fílmica donde  el primer Pennywise -el payaso asesino- se nos presentara de la mano del inolvidable  Tim Curry. Bill Skarsgard genera, a puro pulso, una versión plausible dentro de ese mundo de gritos ahogados y miedos personalísimos.

A lo largo de las secuencias no se siente ningún momento desaprovechado: objetos de época, bailes de moda, dulces, jingles de TV, todo tiene su justo lugar, así como esa oscura tensión que nunca deja de estar presente, incluso en los momentos más intimistas y humanos. Fobias infantiles, pesadillas adultas y confianza en la amistad son apenas una parte de la argamasa de una película que pudiéramos sintetizar como efectiva sin efectismos.

Actúan Bill Skarsgard, Jaeden Lieberher, Wyatt Oleff y Chosen Jacobs, entre otros actores jóvenes y adultos, quienes llevan a feliz término una historia de terror contemporánea, y que en definitiva llegó para quedarse en el imaginario popular. Puntuación 5 sobre 5.

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