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Cine para dos: Un robot sensible y una esposa cansada

Ex Machina y The Wife son dos películas que indagan cómo funciona el amor en humanos y robots.

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¿Los sentimientos son inherentes a la persona …pueden ser programados….es el entorno el que los transforma? Para muchos pensadores, vendría a ser algo así como una suma de posibilidades instaladas desde la creación – a su vez unidas a la evolución- dentro de un aparato responsivo conocido como el cerebro humano. A todas estas, dos creadores revisan el espacio sentimental desde géneros distintos: la ciencia ficción de la mano de Alex Garland y su Ex Machina, insiste en retomar el mito del moderno Prometeo de Mary Shelley. Por otro lado, Björn Runge con The Wife arma una sólida polifonía sentimental en donde el amor se extiende desde planos tan íntimos como el sexual hasta el de los sueños compartidos.

 

Ex Machina. Alex Garlan (Inglaterra/Estados Unidos, 2015)

Alex Garland es un narrador que viene de la novela, ha pasado sin problemas de los libretos cinematográficos a desarrollar tramas para video juegos y ahora dirige cine.  Es el epítome del creador Transmedia. Su novela The Beach fue llevada al cine por Danny Boyle (The Beach. Inglaterra, 2000), luego escribió el guión de la postapocalíptica 28 Days Later (Inglaterra, 2002. También dirigida por Boyle) y Dredd (Pete Travis. Inglaterra, 2012) una nueva adaptación del violento cómic inglés, entre otras aventuras pop. En Ex Machina dirige por primera vez y nos enfrenta a un tema recurrente en la ciencia ficción clásica: ¿Puede crear el ser humano una forma de vida que lo comprenda y lo supere?

La trama se vale de un pequeño grupo de personajes, junto a un contexto estético de minimalismo y economía de locaciones. Se pasa del mundo exterior a un entramado de compartimientos y subtramas breves que desembocan en el sitio donde un robot femenino -cuya inteligencia artificial es puesta a prueba- negocia el aprendizaje con unos hombres cuya sensibilidad se trastoca por una máquina que se va volviendo demasiado humana.  La propuesta artística del robot recuerda las líneas frescas de Apple, la de los androides de I Robot de Alex Proyas (EUA, 2004) y en ciertos momentos al clásico de todos los tiempos Metropolis (Alemania, 1927) de Fritz Lang. De telón de fondo, el clásico libro de H.G. Wells: La isla del Doctor Moreau  se muestra sin revelarse del todo como inspiración más directa.

Las actuaciones de Oscar Isaac y Domhnall Gleeson se debaten entre la tensión de la sospecha mutua, el debate inteligente y la reciprocidad creativa que implica resolver estratégicamente problemas de diseño, ingeniería y respuesta a programas inteligentes. Toda vez que extendemos a los dilemas éticos, la tensión emocional y sexual toman las riendas de la película haciendo que, al menos, un par de veces sorprendan a la audiencia con giros en la trama.

El papel de Ava, llevado adelante por la sueca Alicia Vikander juega con unas tonalidades centradas en su expresión facial y en el posterior lenguaje corporal que ensambla, junto a esa suerte de exoesqueleto que va mutando en armadura y de allí a texturas Cyborg. Sin duda, es un total acierto la escogencia del reparto, el logro en la producción, el clima de ajedrez mental que se potencia en un espacio cerrado en donde las emociones sirven de trampolín para acciones que nos invitan a pensar en el ahora de nuestras creaciones y cómo pudieran vernos ellas a nosotros, el día que nos superen en inteligencia, pero en especial, en autoconsciencia. A pesar de que los últimos minutos del film queda un poco agarrotada la trama, sigue siendo una experiencia que mezcla problemas éticos y entretenimiento de forma prudente.

Ex Machina recibió una serie de premios ganando a los mejores efectos visuales en los premios Oscar de la academia, la Austin Films Critics Asociation la premió como mejor película y mejor guión, ganó el primer premio a la mejor película británica independiente, así como el primer premio de la asociación de críticos de cine de Chicago. Todos los premios entregados en el año 2016.

Puntación 4 sobre 5

The Wife. Björn Runge (Suecia/Inglaterra, 2017)

 Los silencios en la cama son tan necesarios como provocadores. Si la mente toma las riendas de los temores toda noche empezará y terminará en una constante pesadilla.

En ésta adaptación de la novela de la norteamericana Meg Wolitzer, el pertinaz director sueco Björn Runge construye una delicada red de titubeos y certezas alrededor de un matrimonio, cuya suerte cambia de un día para otro. Joe Castleman    –Jonathan Pryce- vive con su esposa Joan –Glenn Close- y recibe la noticia de haber ganado el premio Nobel de literatura. Es así, como a partir de éste detonante la vida diaria se muestra en sus jaleos y bemoles.

Joe es un hombre infiel, megalómano, mal padre y peor esposo. Joan, por el contrario es una mujer abnegada, amantísima y dedicada a ser columna y sostén de un hogar –y garante de una buena fama, casi propagandística- que la obliga tenazmente a debatirse entre dar lo de mejor de sí misma… o dejarlo todo a un lado.

El viaje comienza en el lecho ardiente y termina mas allá de Estocolmo. La pareja pasa por una serie de momentos agridulces, en donde el recuerdo de los primeros años de matrimonio trata de salvar lo peor del tiempo actual. Para completar el cuadro, casi en clave de comedia negra, los ojos del periodismo insisten en desentrañar las oscuridades del ahora genio probado de la novelística. Ser la buena esposa de un villano es todo un reto y las capas que revisten a un personaje tan molido se descubren perfectamente, gracias a la destreza de una actriz de la dimensión de Glenn Close.

La fotografía y le edición recuerdan al fresco atrevimiento de algunas de las obras anteriores de Runge como Happy End (Suecia, 2011) o Mouth To Mouth (Suecia, 2005) en donde, poco a poco, el frío del ambiente ayuda a contrastar el fuego interior de unos seres humanos marcados por el deseo de entregarle demasiado corazón a las personas equivocadas.

Estrenada en el festival de Toronto de 2017 la escena inicial -de alto contenido erótico- ha sido celebrada por muchos como un canto al amor, más allá de la venta de la belleza juvenil cinematográfica tradicional.

Puntuación 5 sobre 5

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