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«Comegato»: el fin justifica el crimen

La obra, original del dramaturgo Gustavo Ott, se estrenará el sábado 21 de octubre en la sala La Viga del Centro Cultural Chacao

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El ritmo de la pieza es vertiginoso: como en una película de Jonathan Jakubowicz. “Ya estamos listos, en segundos sabremos de este resultado histórico para el hipismo nacional”, anuncia el narrador. El metal yace en sus manos. “¡Partida!”. Lo sostiene como si fuese una extensión de su cuerpo. Se escuchan tres detonaciones. Ya los dedos jalaron el gatillo, repetidas veces, como si en vez de balas pudiera disparar sus sentimientos y frustraciones. De la boca de David –la misma que hasta hace tres minutos desbordaba adrenalina por la victoria de “Superman” en la sexta válida- se desliza un río rojo que salpica a borbotones el maletín que aún acuna entre los brazos. “¡Natalia, qué hiciste!”, grita Rubén. “Todo tiene su final, nada dura para siempre”, canta Héctor Lavoe.

La obra original es ambientada en un taller mecánico y narra una historia de traiciones filiales y conyugales que terminan conformando un triángulo amoroso fatal. Comegato, del dramaturgo venezolano Gustavo Ott, recibió tres galardones en el año de su aparición: Premio Nacional Casa del Artista (mejor obra, 1997), Premio Municipal de Teatro (mejor obra, 1997) y Premio Municipal de Teatro (mejor, director 1997).

Dos décadas después de su estreno en la Sala Principal del Teatro San Martín, el joven director Rafael Barazarte la trae de nuevo a la palestra teatral, en los espacios del Centro Cultural Chacao. Sin embargo, a diferencia de Ott, sitúa a sus personajes en un bar de apuestas que al ritmo salsero de las canciones de Lavoe, las carreras de caballos y el sabor a cerveza, relataran sus miserias.

Foto: Edisson Urguiles
Foto: Edisson Urguiles

El final es el comienzo

El tiempo transcurre hacia atrás, a la velocidad de una carrera que ya pasó. El final de la sexta hípica es un presente que se vuelve pasado. La historia se desarrolla en una tasca caraqueña. La barra, pequeña y marrón, sostiene wiskis, cervezas, vasos, santos y en la pared guinda un cartel donde puede leerse: “Hoy no fío, mañana sí”. Hay en el espacio dos mesas, cuyos manteles tienen margaritas. Al fondo, se deja ver un cuadro de El Cantante. Hay también una pizarra en la que van los nombres de los caballos que, junto a un reloj antiguo, irán marcando el paso de las horas y situarán a los espectadores en las escenas que hilan el misterio que guarda la trama: el negocio.

Comegato construye el imaginario de un matrimonio en debacle y la llegada de un personaje del pasado, que trae una propuesta, que podría cambiar el rumbo de sus monótonas vidas. David –ex militar, dado de baja por formar parte de una insurrección- es el dueño del bar y está obsesionado con las apuestas y las carreras de caballos. Su esposa, Natalia, es una mujer histérica, maltratada e impulsiva cuya relación con su marido es un periódico de ayer. Pero cuando en la barra se encuentra con el otrora amor de su vida, Rubén, todo se vuelve convulso.

David entra en la escena y de un solo golpe deja caer sobre el suelo tres cajas rojas de cerveza. “¿Y tú qué haces aquí, hermano?», le pregunta a Rubén, que todavía se está subiendo la cremallera. Hasta hace pocos segundos se encontraba adentro de Natalia, quien permanecía a horcajas sobre la mesa del bar. La voz de David suena herida, se sabe traicionado, por su hermano y su mujer. Rubén disimula, vuelve a hablarles del negocio, les cuenta lo fácil que resultaría ganarse cinco millones de dólares.

Foto: Edisson Urguiles
Foto: Edisson Urguiles

Natalia duda, tiene miedo, pero al escuchar el monto de la ganancia un destello aparece en sus ojos. “Tranquila, a ellos sólo los ayudaremos a tener un futuro mejor”, argumenta Rubén. La moral se vende en dólares, la traición también. David está demasiado ocupado en la carrera, aprieta el rosario blanco que cuelga sobre su pecho, como si la fe pudiera exprimirse. Fantasea con lo que comprará cuando gane Superman, el caballo sobre el cual galopan sus esperanzas. Dice que se irá del país. Su hermano continúa explicando el negocio.

Rubén tiene un alter ego: «Comegato» es su otro yo. El valiente, el villano, el asesino, la bestia que habita dentro de la jaula de su ser, el planificador del negocio. “La calle es una selva de cemento y de fieras salvajes como yo”, canta Lavoe. Les pide a su hermano y cuñada que le den una respuesta definitiva, sobre si finalmente aceptan meterse al negocio.

“¡Partida!”, anuncia el narrador hípico (Antonio Delli). David está atento a la carrera. En las manos de Natalia yace la pistola. El final también es el comienzo. “Pronto llegará el día de mi suerte”, canta Lavoe.

Foto: Edisson Urguiles
Foto: Edisson Urguiles

 -¿Cómo fue el proceso de adaptar la obra de Ott a la realidad venezolana actual?

–Es un tremenda responsabilidad –dice el director Barazarte- ajustar la pieza a un bar, cuando en el contexto original era un taller mecánico. No fue nada fácil, pero necesitábamos la realidad tanto de los muchachos, como también de la situación del país, y un bar se ajustaba bien para el negocio, que es el hilo conductor de la obra.

–¿Qué tipo de obstáculos se presentan al hacer teatro actualmente en el país?

— Los principales son los económicos. Sin embargo, esta producción se hizo en el Teatro Trasnocho, enmarcada en el Festival de Jóvenes Directores, y tuvimos mucha suerte  al obtener apoyo de los patrocinantes

–¿Qué significado tiene para ustedes tocar un tema tan delicado como lo es el tráfico humano?

–Es difícil, sobre todo manejar las emociones, enterarte de ese tema. Hay público que ha visto la obra y ha salido llorando. Esta es una obra para mostrarle al público una realidad que estamos viviendo actualmente, sólo que está como por debajo de la mesa.

–¿Por qué las canciones de Héctor Lavoe son las que dirigen la banda sonora de la obra?

–Lavoe pasa por varios sitios en su propia música, en especial el disco que escogimos para la pieza, por los que también transitan los personajes: la infidelidad, la drogadicción, pasa por se reconocerse a sí mismo como persona, reconocer a la otredad. Entonces cada canción es puntual.

El elenco del montaje está integrado por Ana De Sousa y Maddy Hernández –quienes alternarán el papel de Natalia-,  Eduardo Pinto, en el papel de Rubén, y Luis Ernesto Rodríguez, como David. Acompañados de una participación especial del actor Antonio Delli como narrador hípico. Todos bajo la dirección de Rafael Barazarte. La obra, que se estará presentando durante cuatro semanas seguidas, estrena este 21 de octubre de 2017 a las 4:00 pm, en la sala La Viga del Centro Cultural Chacao.