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Contrajuego se arriesga con humor macabro en «Los huesos de Shakespeare»

Con la autoría de Karen Valecillos y la dirección de Orlando Arocha, la obra se presenta en funciones de viernes a domingo hasta el 26 de febrero en La Caja de Fósforos

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Cementerios, catedrales, museos, palacios, lugares sagrados (de cualquier religión), restaurantes y parques, constituyen agendas innegociables del turismo más recalcitrante.

Esos lugares que la narrativa social designa como campos santos, destinos de sosiego, son en realidad museos “vivientes” de la curiosidad y también pretexto de la vanidad del hombre, por redondear experiencias de vida asociadas a la existencia o las heridas no saldadas. Pére-Lachaise en París, el Cementerio Judío de Praga o La Recoleta en Buenos Aires reciben infinidad de visitas sobre cuyas tumbas de gran pompa relampaguean los flashes del enjambre de turistas, pero también del sincero agradecimiento por los obsequios a una vida nutrida de obras de arte irrepetibles. Hay, entonces, que ir donde Wilde o Balzac, donde la Piaff o Kafka o Tolstoi, donde Ludwig van o Karajan, o, no faltaba más, a que Shakespeare, por una simple razón: porque ellos le concedieron significado a nuestras oscuras vidas. Así es la vida, llena de muerte.

En Caracas tenemos un Cementerio, el General del Sur, de fuerte raigambre social pero castigado por las más brutales circunstancias de los tiempos. Es un verdadero teatro del miedo, de despiadada violencia, del desprecio a la memoria. De eso sabrá Karen Valecillos, la dramaturgo venezolana que inspirada en las obras de William Shakespeare concibió una pieza de distendido humor y cadavérica vigencia: Los huesos de Shakespeare. La pieza, actualmente en cartelera de La Caja de Fósforos, se presenta bajo la dirección del veterano Orlando Arocha, responsable por igual de la escenografía y el vestuario, hasta el 26 de febrero.

Cementerio General del Sur Foto: Globovisión
Cementerio General del Sur Foto: Globovisión

(La Caja de Fósforos, donde hace vida el Teatro del Contrajuego, está ubicada en Colinas de Bello Monte con la misión de ser alternativa en una ciudad donde los teatros pasaron a constituir un siniestro cementerio del abandono y en cuya memoria reposa un reparto inimitable: Gómez, Chocrón, Cabrujas, Briceño, Santana, Peterson, Giménez…

Orlando Arocha, Diana Volpe y Ricardo Nortier tienen la responsabilidad de tener las puertas abiertas y asegurarse que sigan así para las funciones venideras).

Cabe imaginar a unos panas alrededor de un toldito armado con retazos de bolsas negras y otros reciclajes, entre gritos buhoneriles e intimidantes, ofrecer en exhibición los huesos del grande más grande de los grandes de todos los tiempos. También venden papitas en bolsas sopladas por ellos mismos (se infiere), agua mineral, papelón con limón (todo se infiere, incluidos los cigarrillos detallados).

Son unos sujetos que vestidos con los chillones trajes de la Corte Malandra de María Lionza asustan a primera vista, por lo macabro del asunto, pero al mismo tiempo encantan, porque en la era del emprendimiento la cosa tiene lógica: rebusque o germen microempresarial.

Los malandros, dos filósofos eruditos en su turno, borrachines, chambones e ingenuos, cavando la tumba que los sacará de abajo, debaten entre el pragmatismo y la ingenuidad el perfil del bisnecito que están cuadrando. Hasta que la tormenta de ideas se ve interrumpida por la aparición de dos personajes shakesperanos, Lady Margarita y Judith la hija del dramaturgo, que se expresan en inglés aunque una lo hace en el inglés de la época, el culto, y la otra se maneja en un lenguaje popular o cocknei propio de gente pobre de la Inglaterra actual.

Corte Malandra Foto: gmiradaspublicas.blogspot.com

Una dicción clara que hace comprensible el lenguaje del cerro, intoxicado de retorcidas citas extraídas de un catálogo del IESA como si de futuros franquiciadores se tratara, provocan desternillantes carcajadas entre un público que desde su butaca asiste a sesudas reflexiones sobre la vida y sobre la muerte (obvio, las profirió Shakespeare).

William Shakespeare no es un autor extraño al Teatro del Contrajuego, de hecho La Caja de Fósforos abre sus puertas en 2013 con un Macbeth que aun ronda en los camerinos. Los huesos de Shakespeare, que reitera la familiaridad del Contrajuego con el Cisne de Avon, es producto de un arduo trabajo iniciado a partir del año Shakespeare (1564-1616) por invitación del British Council  que quería hacer un homenaje mundial al dramaturgo…más grande de los grandes…de lengua inglesa.

–Empezamos a trabajar para ver qué podíamos hacer –señala Orlando Arocha-, nos reunimos con una gente que vino de Inglaterra, echamos unos cuentos, Karen (Valecillos) empezó a escribir, nos hacía llegar los primeros textos, lo analizábamos, yo le mandaba mis impresiones…hasta que llegamos a un texto definitivo que se convirtió en la obra que acabas de ver. Pero durante el proceso de ensayo introdujimos nuevos cambios, rehicimos el final; fue un trabajo bien compenetrado con los actores, con la autora

Valecillos es fundadora de la agrupación Tumbarrancho Teatro y es autora de las piezas Lo que Kurt Cobain se llevó, Cuentos de guerra para dormir en paz, Jazmines en Lídice, Sobrevivientes, Vino la reina y Cría de Canguros. Cuenta con experiencias en dramáticos de televisión y proyectos cinematográficos. Arde Troya, inspirada en la guerra mitológica pero ambientada en una cárcel venezolana, es su pieza más reciente que aguarda por su estreno con el mismo equipo del Contrajuego.

Orlando Arocha Foto: Prensa Alcadía de Baruta
Orlando Arocha Foto: Prensa Alcadía de Baruta

–Ella tiene su forma de escribir –razona el director-, de abordar su estructura. Tiene una visión del hecho dramático, sin embargo es una mujer abierta a otras expresiones y lo ha demostrado con este y otros trabajos que ha hecho con nosotros. Ella intentó tomar aspectos populares de William Shakespeare, como los que están presentes en esta obra; no hay más que pensar en los personajes populares de Sueño de una noche de verano, en los sepultureros que están aquí remaniados; en de Hamlet o Falstaff y sus personajes trágico-cómicos, en los borrachos…Ella intenta con todo ese universo hacer una cosa muy venezolana pero en dialogo con el mundo shakesperiano.–

De hacerlo verosímil se encargan Ángel Pájaro, Jesús Carreño, Anton Figuera Nella Martínez, Gladys Seco , Gonzalo Guerrero y Ari Savio.

-Es importante tener actores comprometidos que entiendan los códigos actorales que hemos escogido –enfatiza Orlando Arocha- y que en esos códigos ellos estén claros en sus responsabilidades, que den lo mejor de sí al papel que se les ha asignado y con las indicaciones precisas que se les marcó en el escenario. Yo quise explorar ese aspecto de lo popular en Shakespeare, que es mucho y muy grande y por lo tanto el trabajo de dirección no fue nada complicado. Ah, Shakeapeare, lo universal, el gran autor que toca al ser humano en su pequeñez, eso lo hace mas grande. El gran autor, el gran Shakespeare nos permite decirle al publico mira  Shakespeare es grandioso pero es grandioso porque nos toca en lo cotidiano y en nuestra pequeñez. La muerte es un país de donde nadie ha regresado nunca, es el celebrado monólogo de Hamlet que en tono populachero y remaniado interpretan esos filósofos eruditos. En la obra hemos hablado de la muerte durante una hora y nos hemos reído y eso ya es una victoria tomando en consideración la situación del país.