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Las 108 reverencias de Blanca Strepponi

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Inspirada por las enseñanzas del maestro Ho Jung Jang y acompañada por la Orden Won Budista a la que pertenece, en Blanca Strepponi se fue gestando el poemario Crónicas Budistas, ganador del Premio de la Crítica- Ficción Breve- en su reciente edición. La naturaleza, los pequeños gestos de la vida, la gratitud, la compasión y la patria “otra”, dialogan con los 108 epígrafes devocionales.

En 1997 el periódico El Nacional inaugura un sello editorial: Libros de El Nacional. Su creadora y ejecutora: Blanca Strepponi, una venezolana de origen porteño, alba y pequeña con la fuerza de una walkiria, diseñaba la línea y proyectaba lectores. Había sido parte del fondo de publicaciones de Monteávila y  Fundarte, reunía la experiencia de producir las revistas Nueva Sociedad,  Zona Franca y Criticarte.  Su nombre ya figuraba en el panorama literario de su país de adopción. Una pieza de teatro Birmanos (Monte Ávila- 1991); los poemarios El Jardín del Verdugo (1992) y Diario de John Roberton (El Tucán de Virginia, 1996-); Las vacas (Editorial Pequeña Venecia, 1995) de la cual fue cofundadora- y Poemas visibles (Casa de la Cultura de Maracay, 1998); El libro de relatos El médico chino (Monte Ávila Editores, 1999) y Fabulosa y ricota (cuento ilustrado,2001), Balada de la revelación (Editplus, 2004). Su obra ha recibido los premios literarios: Bienal Ramos Sucre de Dramaturgia, el Premio de Poesía Casa de la Cultura de Maracay y el Premio de Narrativa Alfredo Armas Alfonzo. Desde hace varios años vive en su Buenos Aires natal. Esfera Cultural conversó con ella vía email a propósito del poemario Crónicas Budistas ( Dcir Ediciones) ganador del Premio de la Crítica como mejor poemario del año 2017

hago una reverencia para saber que el amor inmutable fluye a través del universo  Foto : Blanca Strepponi

En el orden de necesidades expresivas ¿Cuál vino primero? 

-Se dice que los escritores y poetas- artistas en general- en realidad no tienen muchos temas, por eso resulta tan apasionante seguir la obra de un artista -aunque haya dejado de interesarnos o aunque su obra sea irregular-  y llegar a advertir “el tema” que casi siempre está ahí guiñando el ojo. Mis relatos están relacionados con mis libros de poesía y también con las obras de teatro que escribí. ¿Por qué un género u otro? No sé explicarlo, se da de un modo natural.

-¿Qué le significa la poesía dentro de su propuesta autoral?

– En mi casa no había ninguna otra fuente de entretenimiento, excepto la radio. Mi madre en su tiempo libre leía y no le gustaba que la interrumpiera, yo leía lo mismo que ella. Muchas de esas lecturas no eran adecuadas para mi edad. Sumé a esas lecturas otras más convenientes, como la colección Robin Hood- libros de tapa dura con sobrecubiertas amarillas ilustradas: libros para niñas y para niños. Leía con igual emoción: tanto a Luisa May Alcott como a Julio Verne. Llegué a la poesía en Venezuela gracias a mi experiencia en el taller Calicanto y a las amistades que se forjaron allí, muchas de las cuales todavía conservo. Muchos de mis amigos y compañeros habían estudiado Letras, mientras que yo en Buenos Aires había estudiado Medicina. Afortunadamente mis estudios secundarios habían sido muy exigentes: años de latín, gramática castellana, francés, literatura clásica y contemporánea…Descubrí la poesía, siendo una joven adulta. Fue deslumbrante y lo sigue siendo. Sé que tiene menos lectores, pero yo siempre argumento frente a quienes no la aprecian, que es el país de la palabra, una zona demandante, de experimentación, el lugar de total libertad donde es posible que el lector encuentre revelaciones y momentos de esplendor.

Le da pudor asumirse como poeta ha dicho en otras entrevistas:

-Me cuesta porque me parece que los poetas se dedican con mayor pasión y constancia que yo tanto a la escritura de poesía como a su lectura. Vuelvo a mis poetas e incorporo nuevos con cierta regularidad, pero menos de lo que quisiera (alguien dijo una vez que para un lector, nunca se está leyendo lo suficiente). En todo caso, en mi interior y a lo largo de los años, muchas lecturas se fueron conectando, estableciendo puentes entre géneros. Para mí “emiten” en el mismo canal los narradores Raymond Carver, Sam Shepard y los poetas Elizabeth Bishop y William Carlos Williams; o Coetzee y los poetas Gottfried Benn y Héctor Viel Temperley. Y si bien no vuelvo a estos narradores (creo que no releo a ningún narrador), sí regreso a los poetas.

-Tiene una producción poética reconocida ¿Cuándo se sintió poeta?

-Me cuesta mucho escribir, muchísimo. Pero lo que más me cuesta es escribir poesía, tal vez porque trato de decir nada más que la verdad, y con esto me refiero no solo a lo que estoy diciendo, sino a las palabras que empleo. Creo que en Crónicas budistas llevé a un extremo esa necesidad de verdad. Tuve que concentrarme mucho a cada paso y ser valiente y asumir riesgos. Sé que por momentos caminé por el filo de la banalidad.

Hago una reverencia por una mente iluminada y pacífica Foto: Blanca Strepponi

-¿Con cuál tradición poética de su país de origen se identifica? ¿Con cuál poeta o tradición poética de Venezuela resuena? 

– Me siento un poco ajena frente al tema de las raíces y las tradiciones: cuando me preguntan no sé qué decir. Sin embargo, puedo nombrar dos poetas que he leído con gran placer estético: el venezolano Fernando Paz Castillo y el argentino Ricardo Molinari, ambos coetáneos. Mencioné a Héctor Viel Temperley, un gran maestro, también argentino. Blanca Varela (Perú) y Fina García Marruz (Cuba) me llegan al alma. Por razones de amistad y también profesionales -me ha tocado editar algunos de sus libros-, he estado muy cerca del trabajo excepcional de Yolanda Pantin e Igor Barreto ¡Me rindo ante los pies de ambos! Ha sido un honor para mí tener la oportunidad de editar poesía, un privilegio y una ocasión de oro para conocer mejor el trabajo poético.

-El poeta Armando Rojas Guardia afirma en un ensayo que no a todos los seres humanos les es dada la facultad de escribir poesía, pero que la aspiración del hombre “debería” ser vivir poéticamente. Vivir atentos ¿Qué piensa de esa idea?

-Hace unos años pude leer una muy breve publicación de Shunryu Suzuki, un monje japonés. Cito algunas frases:

“La mayoría de nosotros quiere saber qué es el ser (self). Esto es un gran problema (..) Tozan, el fundador de la escuela china Soto Zen, dijo: No trates de verte a ti mismo objetivamente. En otras palabras, no trates de buscar información acerca de ti mismo, esa es una verdad objetiva. Es información. El dijo que el ser real no es esa clase de cosa. Yo voy por mi propio camino. A donde vaya, me encuentro a mí mismo.(…) Esta idea tiene que ver con lo que señalas acerca de la reflexión de Armando Rojas Guardia sobre el vivir poéticamente y el estar atento a la realidad del mundo. Es justamente este estar atento y del percibirse unido al mundo de donde nacen los poemas de Crónicas budistas.

-¿Cómo llega al budismo?

-Estando en Caracas, cuando ya había decidido regresar a Buenos Aires, algo muy doloroso para mí. Me dije un día que mi camino espiritual iba a transitar por el budismo. Y me puse a leer a D.T. Suzuki, ¡entendía poquísimo de lo que leía! Pero no desistí. A los días de llegar a Buenos Aires, por casualidad, toqué la puerta de un templo budista cercano a mi casa, algo poco frecuente, la ciudad es enorme y hay pocos templos budistas. Me dijeron que se reunían los sábados. Fui el sábado y desde entonces sigo yendo. Se trata de una organización coreana llamada Won Budismo, que “apenas” tiene algo más de 100 años. Ir al templo ha sido para mí una experiencia humana, intelectual y espiritual de enorme valor. He traducido varios libros de autores won budistas (del inglés al español) y puedo decir que cada día aprendo y comprendo un poquito más, y que eso me ayuda en mi intento de ser mejor persona.

-Fue activa promotora cultural y editora en Venezuela, sigue ejerciendo esa tarea en Buenos Aires? ¿Qué le dejó esa faceta al ser creador que es? 

-En la industria editorial cumplí todos los pasos: diseño, producción, edición, comercialización, promoción, marketing, tanto en editoriales culturales como comerciales. Y ejercí la docencia. Todo lo he hecho lo mejor posible y con el mayor entusiasmo. Mi profesión me ha dado enormes satisfacciones y estoy muy agradecida a las personas que a lo largo de 30 años me dieron la oportunidad de trabajar. La práctica profesional hace del editor una persona que cultiva la imaginación, la curiosidad, entrenada para establecer relaciones, y genuinamente dispuesto a adquirir conocimientos y asimilar información. Todo esto facilita el trabajo creativo en general.  Desde que regresé a Buenos Aires trabajo por mi cuenta: no tengo responsabilidades administrativas, del éxito de mi gestión ya no depende el destino laboral del personal: soy territorio libre de estrés. Lo valoro mucho: puedo dedicar mi tiempo y energía creativa a asuntos que me interesan.

-¿Cómo llega su libro a Dcir Ediciones?

-Propuse el libro a varias editoriales independientes venezolanas y tuve la suerte de que Edda Armas me aceptara. Ella: su hermana Annella Armas- junto a María Clara Salas y al Maestro Carlos Cruz Diez-  llevan con gran amor este proyecto tan bonito. Hay que verle la cara a tener una actividad editorial- o cualquier otro emprendimiento- en Venezuela. Son realistas: publican dos libros al año, y esa “limitación”, la convirtieron en concepto editorial. Estoy muy feliz, nos mantienen informados, promocionan los libros, son persistentes y lo hacen muy bien. No dudo en calificar a Dcir como una editorial interesante y exitosa.

La primera parte del poemario es una salutación a la naturaleza, los animales, y el ser humano en ella;  la  segunda parte, el país de la patria elegida, que quedó atrás: Venezuela

VII

En mi otra patria

mis amigos los vencidos envejecen

y de a ratos sus bellos corazones

se vuelven agrios

-Estos 20 años de destrucción han transformado a los venezolanos. Es una tragedia que todavía no podemos medir. Es tan doloroso y triste que preferiría no decir nada. Hay tantas personas que cultivan la dignidad, el respeto y el amor en medio del caos y la violencia… Todo eso es poesía, es la voluntad de preservar el alma.

«Estos veinte años de destrucción han transformado a los venezolanos», afirma Blanca Strepponi Foto:  Blanca Strepponi