Inicio»Columna»Daniela Camacho: enfermedad y tragedia transformadas en poesía

Daniela Camacho: enfermedad y tragedia transformadas en poesía

Este ensayo de Yéiber Román logra transmitir a plenitud, la poesía, la verdad y hasta el humor con los cuales la escritora Daniela Camacho muestra su mundo a los otros.

3
Compartido
Pinterest URL Google+

 

En un muy interesante ensayo publicado en 1978 por Susan Sontag bajo el título La enfermedad como metáfora, la filósofa y escritora neoyorquina expone que «no es el hecho de nombrar, de por sí, lo peyorativo o condenatorio, sino específicamente la palabra «cáncer». Hasta tanto tratemos a una enfermedad dada como a un animal de rapiña, perverso e invencible, y no como a una mera enfermedad, la mayoría de enfermos de cáncer, efectivamente, se desmoralizan al enterarse de qué padecen». Sontag apunta a un pensamiento sobre la enfermedad despojado de metáforas o eufemismos, lo que, según su criterio, haría más fácil afrontar su tratamiento para quien la padece. Este concepto envuelve parte de la obra de una de las poetas contemporáneas latinas más leídas: la mexicana Daniela Camacho, especialmente en los libros Carcinoma (Colección Artes de México, 2014) e [imperia] (Fundación editorial el perro y la rana, Venezuela, 2013).

Esta ilustración de Christian Becerra está en la portada de Carcinoma, libro de Daniela Camacho, publicado por Colección Artes de México, 2014.
Esta es la portada del libro  [imperia], editado por la Fundación El perro y la rana (Venezuela, 2013).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Daniela Camacho nació en Sinaloa en 1980. Es poeta, traductora, graduada en Ingeniería Industrial y Maestra en Letras Latinoamericanas. Entre sus publicaciones están, además de los mencionados arriba, el poemario En la punta de la lengua (Tintanueva Ediciones, 2007), el libro de palíndromos  Aire sería (Editorial Praxis, 2008) y Experiencia Butoh (Amargord Ediciones, España, 2017), con el que obtuvo el Premio de Poesía Joaquín Xirau Icaza 2018, por mencionar algunos. De igual manera su poesía ha aparecido en diversas antologías como Postal del oleaje. Poetas nacidos en los 80. México-Colombia (Grupo Editorial Con las uñas y UANL) y La mujer rota (Literalia editores), entre otras. Además, es una ciudadana del mundo: ha residido, aparte de México, en Japón, Suiza y Egipto.

Daniela Camacho es poeta, traductora, graduada en Ingeniería Industrial y Maestra en Letras Latinoamericanas, capaz de conmover con sus versos y sentidas experiencias

 

Parecería muy raro escribir sobre el cáncer de una manera estética; intentar expresar de una forma poética la experiencia de una paciente sobre una enfermedad que, de sólo nombrarla, causa pavor. Sin embargo, Camacho logra este propósito con destreza, y lo hace sin «romantizar» la enfermedad; ni siquiera en el título del poemario: Carcinoma —libro que cuenta con las ilustraciones del artista plástico Christian Becerra— se refleja el miedo ante aquello que vendrá cuando se sabe el diagnóstico:

 

Perdería el cabello y la voz.

Me daría a la palidez y la fatiga.

Alimentada de protones,

sin poder dormir,

hija del asco,

permanecería cerca de la enfermedad para ahuyentarla.

 

Carcinoma es el testimonio de quien debe emprender una lucha por vivir y sabe que el enemigo es muy organizado en su método; que la posibilidad de tregua es inexistente; que si algo caracteriza esta batalla es la limpieza del terreno donde se desarrolla, la cual no basta para apaciguar el temor:

 

La enfermedad odia el desorden. Sus amenazas

ilegibles.

Hay que imaginar paredes muy pulcras. Una belleza

clínica. Luz de día para reivindicar la palidez.

 

Después de la biopsia:

 

Carcinoma mucoepidermoide de glándula parótida.

 

Los ojos pueden llenarse de lágrimas. En el asombro,

todo rostro es el rostro de un desconocido.

 

Y a pesar del llanto y la turbación, la poeta se muestra aguerrida para decirse a sí misma:«pero abre los ojos. Afila tu espada. Mira a tu melliza / interior deshacer con gracia este peligro».

En el poemario [imperia], publicado en Venezuela, Daniela Camacho hace confluir dos desdichas: la primera es, de nuevo, la enfermedad; la segunda, el desastre: en el año 2011 Japón fue golpeado por un terremoto de magnitud 9.1 Mw y un tsunami con olas mayores a 40 metros de alto. Las temáticas sobre el país nipón han estado muy presentes en la obra de la poeta, pues su libro Experiencia Butoh toma la danza butoh —propia de dicha nación— y la transmuta en versos; danza que, vale decir, se basa en movimientos bastante lentos que surgieron del trauma generado por la guerra como método de canalización del dolor.

En una entrevista realizada por la poeta venezolana Diana Moncada, Camacho comentó sobre [imperia] que está escrito así, en femenino —en lugar de «imperio»—porque «hubo una necesidad de apropiación, desde mi condición de mujer, del lenguaje», además de señalar que «el libro trata de la enfermedad y el desastre, no como un relato de lo que pasó, pero sí como una forma de acercarme a la desconocida que fui durante ese tiempo». Quizá nace un desconocimiento hacia uno mismo al saberse enfermo; golpeado por un diagnóstico tan contundente:

 

La imagen del espejo cambia.

Mi imagen frente al espejo cambia.

Hubo días en que todo fue un tembladeral.

(…)

Están apareciendo magnolias en mi lengua.

Quizás uno de los aspectos que más conmueve y que se desarrolla en la primera parte del libro es la afectación del habla. La poeta emplea el recurso de nombrar tecnicismos médicos para hacernos saber de un carcinoma mucoepidermoide de glándula parótida. El posible daño en la voz física se refleja en la voz poética, así como la alarma al saber que «el bulto de mi boca resplandece».

La poeta Daniela Camacho

En cuanto a la segunda tragedia en [imperia], la social, se muestra el retrato de las ciudades azotadas por una calamidad natural, así como la ironía de ver flotar aquellos objetos usados para el buen augurio:

la bolsa inagotable

el martillo de la fortuna

(…)

una moneda oblonga

la perla que concede los deseos

el coral que protege contra las malas influencias

el ancla de la seguridad

la balanza de la prosperidad

el fruto del árbol de la felicidad (tachibana)

 

Daniela Camacho ha demostrado que el cáncer ya no es un tema «escandaloso en la poesía», como hace unos años escribió Susan Sontag. Hace ver que de la oscuridad es posible obtener revelaciones y expresarlas tanto en verso como en prosa. Puede hablar de la enfermedad y la tragedia en lenguaje poético sin importar los estigmas.Las cicatrices, además de marcas permanentes, pueden ser grietas de las que salga algún resplandor, pues, como plasmó Piedad Bonnett, «No hay cicatriz, por brutal que parezca, / que no encierre belleza».

A continuación, una breve selección poética de Daniela Camacho. Que sirva como invitación a descubrir todo el universo guardado en las obras de esta talentosa poeta mexicana.

 

Ilustración de Christian Becerra

De Carcinoma.

 

 PRINCIPIA:

Alteración y abultamiento.

La mano ajena retrocede con espanto.

Así dejó de existir la caricia.

 

Primera sospecha

(los tumores suelen ser benignos).

Corregir.

Completamente ida, la mente

toca lo que él, o ella, o eso

ha comenzado a destruir.

 

***

¿Estaba dios entre los hombres que, como vaciados, sin testículos, sometían la mente y el futuro a un veneno fantástico, a la bendición invisible del radio y ciclotrones?

Los he visto entrar y salir cada mañana de aceleradores lineales. Como golpeados. Con un continente, un pueblo de fiebre y balas atómicas formándose dentro.

Cuando yo misma volvía de la náusea o el cataclismo, pensaba, ¿está dios entre los hombres? ¿Se habrá arrastrado, alguna vez, hacia la vida?

 

***

Foto extraída del Facebook de la autora

 

De [imperia].

 

(b)

Despídete de la infancia. Tus padres serán atravesados por una ballesta al conocer la noticia. Su pequeña cría desprotegida. Su niña tenebrosa a la intemperie. Tendrán pesadillas como animales salvajes; al despertar, tu resplandor les parecerá extraordinario. Para calmarlos, ocultarás la fatiga, inventarás una astucia una pasión un entusiasmo.

 

(Nunca me sentí más viva.

Mi deseo simula un castillo al centro

de una ciudad construida sobre el agua.

La cicatriz sugiere un sueño

una incomprensión algo en peligro.

Por eso procuro no ser vista.

Por eso me protejo de la compasión.

Por eso busco mi lugar entre los elementos)

***

: onagawa

un hombre se ríe maquinalmente. ¿es eso la desesperanza? contempla un cascarón deformado que antes fuera su casa.

un deslumbramiento. encarnizado. una ciudad sumergida. los pescadores se protegen con hechizos y alucinaciones. El movimiento y la putrefacción los acechan. ningún licor los adormece. la temperatura de los niños que se ahogaron les desata la fiebre.

de la boca descomunal de una sobreviviente: onagawa no existe.

islísima mía, ¿cuántos cuerpos hacen falta para serenarte?