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De Armando Rojas Guardia: El deseo y el infinito

Fedosy Santaella desgrana y amplifica, la poética prosa de Armando Rojas Guardia en "El deseo y el infinito" ( diarios 2015-2017) publicado por Editorial Planeta en 2017

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Armando Rojas Guardia nos entrega El deseo y el infinito (diarios 2015-2017), y admito que no tengo las capacidades suficientes para hablar con mayor profundidad de este libro, y aun así lo haré, con cierto arrojo temerario.

El deseo y el infinito expone, en mi resumen, una ética de la estética, y cuando digo estética hablo de los sentidos, de lo sensorial, del cuerpo en el mundo, hablo sí, del deseo que nace de la relación del cuerpo con las cosas y de cómo ese contacto transforma para bien, a través de un debido cuidado de sí mismo, de la epimeleia heautou, o el gobierno y la práctica de sí mismo.

No me resulta descabellado traer esta noción de la Grecia antigua a los diarios del poeta, porque muchas de estas prácticas, que se cimentaron con fuerza entre los estoicos, continuaron luego en el cristianismo a través de los primeros padres cristianos y de los monjes de claustro. De hecho, en estos diarios, Rojas Guardia nos habla de sus particulares retiros conventuales, en los que entran en juego místico los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, textos de Nietzsche y antiquísimas prácticas estoicas relacionadas con aquel gobierno de sí, o cura sui, como también se le conoció en el mundo latino. A través de estos textos somos testigos de cómo Rojas Guardia combate su ego, pero no para erradicarlo, sino para elevarlo a través de una ética que se reconoce en el contacto sensorial del mundo. No hay rechazo del cuerpo, ni de la sensualidad ni del erotismo sino otra mirada que busca la serenidad y conocimiento de sí mismo desde la belleza, entendida ésta como un obsequio, como un hallazgo espiritual. En un párrafo, Rojas Guardia resume esta ética o si se quiere esta mística de la religiosidad y del cuerpo. Dice así:

 

«La vida moral empieza allí, en la sensación placentera o disgustante que nos provocan los objetos, en la percepción sensorial —la aisthesis griega— por medio de la cual evaluamos espontáneamente las cosas: nuestro juicio y el ejercicio de nuestro criterio valorativo nacen del contacto de la sensibilidad, la sensorialidad y la sensitividad con las texturas, los tonos y los sabores del cosmos. La ética comienza por ser una respuesta estética a los estímulos de la realidad. Nuestro juicio moral brota connaturalmente cuando encaramos de manera abrupta o parsimoniosa la belleza del mundo».

 

El autor, Armando Rojas Guardia, con su obra ” El deseo y el infinito” en la foto cortesía de Libreriasónica.blogspot.com

Disculpa lector la larga cita, pero sin duda el poeta lo dice mejor que yo, y a él le dejo sus palabras, las palabras de un místico del cuerpo, de un hombre que ama profundamente la belleza de otros cuerpos y que entiende que el hombre no puede dejar a un lado la carnalidad y el mundo si desea cuidarse a sí mismo y acceder a niveles espirituales de reconciliación consigo mismo. Porque al final, esa es la lucha de toda una vida: encontrarse, entenderse y reconciliarse con uno mismo (y con el mundo, como dice incluso el poeta). Porque estos diarios también nos hablan de la libertad. Del hombre como ser libre que ama la tierra y que ama las sensorialidad que el mundo le ofrece a su cuerpo. Para Rojas Guardia, ese mundo deseado es también fundamental en el catolicismo y de allí que no encuentre contradicción en su búsqueda espiritual. El catolicismo, nos dice, no rechaza el mundo, como otrora lo hiciera; ahora más bien lo abraza, lo acoge, lo desea. Cita acá a Thielard de Chardin, quien llega a decir que si perdiera su fuerza interior, su fe en Cristo y en su Dios personal, seguiría «invenciblemente» creyendo en el mundo.

El deseo y el infinito tiene sí una unidad temática, pero por supuesto, y es natural, otros asuntos van apareciendo, no menores ni menos interesantes. En momentos el poeta habla de la poesía y del trabajo poético, habla del amor cristiano (que no se aparta de su ética de lo estético), de la oración, de la música, del cine y la locura. No son exactamente apartados, pues siempre están allí la belleza, el cuerpo, el deseo y el ansia de trascendencia.

Estamos ante un libro profundo, pero permítanme decir que también ameno, y que nadie exquisito se escandalice por utilizar esta palabra. También podría decir que es entretenido. Y esto porque Rojas Guardia es un maestro de la escritura, y los textos de sus diarios son una clara, evidente muestra de que se puede ser profundo y que al mismo tiempo es dable expresar esa profundidad de manera clara, hermosa, poéticamente. Rojas Guardia se nos muestra acá como un erudito, pero el conocimiento no se vuelve en él dificultad ni oscurana. Su prosa es brillante, es decir, entendible, y siempre bella, un prodigio sin duda excepcional.

En este sentido, me permito terminar con un inciso. En Las leyes de la simplicidad, John Maeda cuenta que en varias ocasiones recibió cursos del maestro suizo de la tipografía Wolfgang Weingart. Maeda relata que en todas esas oportunidades, Weingart dijo siempre lo mismo, se repetía. Más aún, decía siempre lo mismo, sí, pero simplificando cada vez más. Explica Maeda: «Enfocándose en las bases de lo básico, él era capaz de reducir todo lo que sabía a una forma de esencia concentrada de lo que deseaba transmitir». Esto, según lo entiendo, sólo lo logra un maestro, alguien que realmente conoce a fondo lo que dice, lo que enseña. Rojas Guardia, con estos diarios, lo logra: su prosa sin afectaciones, pero además de escritura poética, logra transmitirnos con profunda sencillez el contenido de su alma. Hace pensar —y se sabe— que el poeta ha pasado buena parte de su vida viviendo en el cuidado de sí mismo, buscando siempre conocerse; no hay confusiones, cada vez entiende con mayor claridad su deseo, sus ansias de infinito y hasta sus propias oscuridades. Se agradece, porque un alma quizás sea todas las almas, y ver con claridad un alma, ayuda también a ver la propia con agradecida nitidez.

 

Armando Rojas Guardia

El deseo y el infinito (diarios 2015-2017)

Editorial Planeta, Caracas, 2017.