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El cine trasciende al conflicto España-Cataluña

La obra “Estiu 1993” de Carla Simone fue seleccionada el mismo día que fue suspendido el referéndum independentista

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El cine ha sido retrato de la realidad en múltiples ocasiones y, por ende, del acontecer político. Como toda obra artística, una película se alimenta del contexto que la circunda al momento de su creación y, en mayor o menor grado, lo representa. De esta manera cada obra cinematográfica narra, desde lo particular, metáforas universales.

Bajo esta premisa, y a la luz del acontecer actual, resulta curioso que el film preseleccionado por España para competir por el premio a la mejor película de habla no inglesa, en los Oscar 2018, sea la obra catalana Estiu 1993 (Verano 1993), ópera prima de Carla Simone. En sí misma, la pieza no representa el conflicto político actual, más bien relata una historia personal en la infancia de la directora: su primer verano con sus tíos luego de que sus padres fallecieran a causa del Sida.

Sin embargo, la noticia de su posible participación en la premiación estadounidense como representante de España, se anunció el mismo día en el que el Tribunal Constitucional de la nación suspendiera el referéndum de independencia convocado por la Generalitat de Cataluña, comicio que se celebró luego en la comunidad autónoma el primero de octubre de 2017. Esta situación es metáfora del acontecer político e indica, a su vez, que el arte maneja un lenguaje que traspasa los conflictos y llega más profundo.

Al respecto, la realizadora afirma que la película ha demostrado que el cine no tiene fronteras: “Una historia es una historia, sea en el idioma que sea. Sobre todo cuando tiene valores universales que llegan a la gente”.

La política en pantalla

“Las trece rosas” de Emilio Martínez

El cine español, en su historia, ha abordado temáticas diversas por lo que es imposible analizarlo desde un solo enfoque. Cada región produce películas con temáticas propias pero es innegable que grandes hechos históricos como la Guerra Civil, la dictadura de Franco, el advenimiento de la democracia o la historia reciente de España han sido recreados con frecuencia. Así lo afirma Bernardo Rotundo, presidente de Gran Cine y organizador, junto a la embajada de España y Queiroz Publicidad, del festival de cine español que tiene lugar todos los años en el país.

Ejemplo de ello son largometrajes como Las treces rosas de Emilio Martínez Lázaro en donde se evidencia la violación de los Derechos Humanos y la tortura como método de represalia política; La lengua de las mariposas de José Luis Cuerda que hace énfasis en la persecución política; la co-producción mexicana-española-estadounidense El laberinto del fauno; La vaquilla de Berlanga o Las bicicletas son para el verano de Jaime Chavarri.

Rotundo también enumera varias obras de Carlos Saura que se relacionan con el tema político: ¡Ay, Carmela!, Ana y los lobos, La caza y  La prima Angélica. A través de cada largometraje “nos enseña los recónditos espacios signados por los recuerdos del totalitarismo, los espantos de la guerra, la violencia y la represión, la censura, la doble moral y el conservadurismo”.

El foco está en Cataluña

Bernardo Rotundo
Isabela Coixet
Sergi López

 

 

 

 

 

En particular, Cataluña es una de las regiones que produce más películas en comparación con el resto del país. Según datos recabados por el periódico El Confidencial de 1.845 largometrajes estrenados en salas comerciales españolas en los últimos 15 años, 34% fueron producidas parcial o totalmente por productoras radicadas en esta región. Además Barcelona fue por muchos años un importante centro de producción cinematográfico.

Cuentan con el Instituto de Crédito que depende directamente de la Generalitat de Catalunya y reciben financiamiento de TV3 solo para cine producido en la región. Sin embargo, también se benefician de los fondos generales que asigna el Gobierno Central. Existe además la Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya (Escac), uno de los centros educativos más importantes del sur de Europa.

“La tradición cinematográfica de Cataluña es significativa. Ha acunado directores de la talla de Vicente Aranda, Bigas Luna, Jaime Camino, Jorge Grau, Ventura Pons o Francesc  Betriu. La película Estiu 1993 es una demostración de la influencia del cine catalán en la industria del cine español”, asevera Rotundo.

Según el presidente de Gran Cine el movimiento independentista no es muy conveniente para el séptimo arte. En la actualidad existe una relación interdependiente que impulsa la producción cinematográfica con apoyos tanto regionales como nacionales, una simbiosis. “Si los catalanes se independizan, los cineastas regionales perderían el apoyo económico del Gobierno Central y el mercado del territorio español, uno de los más importantes del mundo”, puntualiza.

Las opiniones respecto a este tema son diversas dentro del mismo gremio. La realizadora Isabel Coixet, ganadora de cinco premios Goya, coincide con Rotundo al afirmar que ser catalán y español no son conceptos antagónicos y que es el momento de “tender puentes”. Por el contrario, el actor Sergi López comenta que es natural que cada pueblo pida autogobernarse.

“La lucha por las autonomías ha formado parte de la vida e historia de España, signadas por la confrontación política de variada índole. No podemos olvidar que durante la dictadura de Franco estaba prohibido hablar otro idioma distinto al castellano. El catalán, el vasco o el gallego no podían ser pronunciados por ser considerados una provocación política y subversiva”, acota Rotundo.

El cine no puede escapar del contexto en el que se realiza, se nutre de él y encuentra en las imágenes el medio expresivo para contar un tema universal a través de la metáfora del hecho cotidiano. Ya que al final, lo más importante –como lo dejó claro Estiu 1993- es emocionar al público.