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El fútbol…¿ un juego para estúpidos?

En opinión de Roberto Giusti ,un deporte que atrapa la atención del mundo entero no es estúpido por el contrario es universal y democrático.

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A contracorriente de las tesis más socorridas que lo convierten en instrumento de control mental, siempre pensé que el fútbol era el más universal  y democrático de los juegos preferidos por las  masas.

Universal porque el 99 por ciento de la población mundial cae hipnotizada  ante la justa planetaria no obstante voces como la de Jorge Luis Borges, quien condenaba al juego por “estúpido”,  dejando lelos a sus interlocutores  con sus jugarretas de erudito travieso al afirmar que la misma opinión sostenía, ya en el siglo diez y siete, nada menos que William Shakespeare. Y democrático porque las grandes diferencias que separan a los pueblos  desaparecen en el juego  y por 90 minutos los más débiles y pequeños se equiparan con los más fuertes y poderosos en la tabula rasa del rectángulo verde.

Las victorias insólitas

Ciertamente en muchas oportunidades los resultados confirman la realidad que se vive más allá del balón y se impone la lógica,  pero en ocasiones se produce lo inesperado y los pequeños se alzan con victorias insólitas que desafían el sentido común. Quizás el más socorrido ejemplo de estos hechos sea el de la final del mundial de 1950, cuando el gigantón Brasil, teniendo a su favor 200 mil espectadores torciendo por su victoria, cayó ante el pequeño Uruguay, en una victoria conocida en la historia del fútbol como el Maracanazo. Así la rumba que ya tenían lista los brasileños con mucha cachaza y samba para celebrar el triunfo, se convirtió en velorio nacional por esos avatares que hacen del fútbol un juego manejado por lo impredecible.

El gol que le daría el triunfo a Uruguay sobre Brasil en el Maracaná

Una demostración de esta propensión al capricho la encontramos en la final que se juega este domingo en Moscú. Un país pequeño de reciente creación, (luego de una cruenta guerra)  un equipo que ocupa el vigésimo puesto en el ranking de la Fifa (el peor finalista en la historia de los mundiales) y cuya clasificación se logró a duras penas, va a enfrentarse con una rutilante selección francesa cuya plantilla no la compra nadie por menos de mil 500 millones de dólares (la más cara del mundo) y tiene a los franceses listos para celebrar su segundo campeonato, incluyendo el presidente Macron, quien viaja a Moscú para ver ganando a los suyos.

La caimanera croata

El equipo francés tendrá que  vérsela con una Croacia que siendo un país europeo tiene algo de sabor latinoamericano en su fútbol, con jugadores que toman lo mejor de ambos mundos. Así, la competencia entre Latinoamérica (nueve títulos) y Europa (con once)  se atribuía a dos formas de entender el juego: una, la europea, rápida y brusca, con el balonazo a la olla para matar frente al arco y la latina, que pretendía llegar al arco contrario sobre la base del toque preciosista, vertical y habilidoso con una buena ración de criolla picardía. Se suponía que el jugador latino crecía y se formaba en las “caimaneras” de los barrios populares, cosa de puro instinto y habilidad innata para pegarse el balón al pie (a veces sin calzado) y avanzar  en una calle destapada hacia una portería sin palos y hecha sobre dos montones de ropa vieja y quizás un pedazo de ladrillo.

Pero hace ya décadas que el juego se profesionalizó y el jugador de élite se concibe como un atleta en el mejor sentido de la palabra que, además de sus atributos propios del jugador tradicional, debe ser un atleta listo para correr al menos diez kilómetros por partido. Al mismo tiempo le toca familiarizarse con la estrategia de su director técnico y atender las observaciones de los denominados  analistas de partidos, quienes visten y desvisten en la computadora la estrategia  del adversario y la forma de neutralizarlo. En otras palabras, hoy en día  las formas de encarar los partidos se han condensado en un jugador polivalente, con fuerza, velocidad e inteligencia estratégica, capaz de jugar al toque, al balonazo o al contragolpe según sean las circunstancias o la decisión del director técnico.  Ese es el caso de los franceses pero también de los croatas(a pesar de su tumbao latino), aun cuando, en el papel, los primeros sean los favoritos.

Antoine Griezmann , estrella del fútbol francés

¿El grande o el chiquito?

¿Quiere decir esto que ganarán los franceses? No necesariamente porque hay algo descubierto por los analistas en el partido contra Inglaterra y que se convierte en la razón de la trabajosa trayectoria seguida por los croatas en su objetivo de alcanzar el triunfo definitivo. Eso es el sufrimiento activo, la fe en lo que hacen y la inflexible determinación de no darse por vencidos bajo ninguna circunstancia. Luka Modric, Iván Rikitic y Mario Mandzukic,  (quienes sufrieron la guerra y el exilio siendo niños) son los tres líderes de un equipo comprometido hasta los tuétanos con la victoria y por eso  cuando los ingleses bajaron la guardia, agotados  por un largo e intenso partido, en el tiempo extra, ellos sacaron fuerza de flaquezas y anotaron el gol de la victoria. ¿Va a pasar algo similar este domingo? No lo sabemos. Si así fuera se rompería, de nuevo,  la rutina de los ganadores de siempre con su parafernalia tecno–científica para darle paso a unos jugadores que se ganaron el campeonato a puro pulso y le dieron aliento democrático a este jueguito para estúpidos.

La preciada Copa del Mundial Rusia 20