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El grito de Tarzán

Mario Morenza escribe una remembranza del cine hollywoodense sobre Johnny Wieissmuller en el personaje de Tarzán con su particular y siempre vigente grito.

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Johnny Weissmuller nació en Freidorf, antiguo imperio austrohúngaro, hoy día Rumanía. Cuando apenas gateaba, cruzó el Atlántico con sus padres a bordo del s. s. Rotterdam. El 26 de enero de 1905, los Weissmuller arribaban a un nuevo hogar: Estados Unidos.

Por recomendación médica para recuperarse de la polio, el pequeño Johnny se inició en la natación a los 9 años. El Lago Michigan se convirtió en la sede de sus terapias y poco después en el lugar favorito para bracear y bracear durante horas y convertirse en nadador.

Ganó su primer torneo en el verano de 1921: las cincuenta yardas estilo libre de la Amateur Athletic Union. Al año siguiente, Johnny Weissmuller constataría que lo suyo no era casualidad y rompió el récord mundial de Duke Kahanamoku en los cien metros libres, la primera vez en la historia en que la marca mundial bajaba del minuto: 58.6 segundos.

En las olimpiadas de París 1924, el atleta se llevó a casa un equipaje con sobrepeso en quilates: ganó la medalla de oro en los cien metros libres, ganó la medalla de oro en los cuatrocientos metros libres y ganó la medalla de oro en relevos 4 x 200. A estas estadísticas se debe sumar una medalla de bronce conseguida junto a la selección de Water Polo de Estados Unidos. Posteriormente, adicionó dos medallas doradas más a sus vitrinas con el sello de Ámsterdam 1928.

Cinco oros olímpicos, cincuenta y dos campeonatos en Estados Unidos, sesenta y siete récords mundiales resumen una vida de triunfos. El nadador se retiró invicto, y de las competencias acuáticas naufragó a los sets de grabación.

Johnny Weissmuller recuerda: «Yo quería ver a Clarke Gable en la Metro Goldwyn Mayer y no me dejaban pasar. Un chico vino y me dijo: “Tienen a casi ochenta jóvenes que hacen fila para un casting de Tarzán. Preséntate a la prueba y así te dejarán entrar al estudio”. Así que fui a hacer la prueba. Me preguntaron “¿puedes correr?”. ¡Claro que puedo! “¿Puedes trepar ese árbol?”. ¡Seguro! “¿Puedes balancearte en una cuerda?”. ¡Claro, solo sonriendo! “Quisiera verlo”. Corrí, me balanceé y trepé. De este modo entré a los estudios y conocí a Clark Gable, a Greta Garbo… Y me marché a casa. Una semana después sonó el teléfono: “Estás contratado como Tarzán”».

Johnny Weissmuller, Maureen O’Sullivan, and Johnny Sheffield en una escena  de ‘Tarzan’s New York Adventure’, 1942. (Foto Metro-Goldwyn-Mayer/Getty Images)

»En la oficina me preguntaron “¿cuál es tu nombre?”. Johnny Weissmuller, dije. “Vale, tendremos que cambiarlo”, me advierte. Le digo, algo desconcertado: ¿de qué estás hablando? “No entrará en la marquesina”, adujo. ¿Y qué es una marquesina?, pregunté exaltado y les reiteré mi posición: ¡No van a cambiar mi nombre! Y un tipo que estaba junto al productor, intervino, susurrándole: “¿Sabes que tiene todos los récords mundiales de natación?”. “¡Fantástico! Dejemos su nombre y pongamos algo de natación en la película!”».

Mientras Johnny Weissmuller memorizaba sus monosilábicos parlamentos, saltó de liana en liana en doce films de la saga de Tarzán y conquistó amores hollywoodenses como los de la cantante Bobbe Arnst y la actriz mexicana Lupe Vélez. El primer film, Tarzan the Ape Man, dirigido por W. S. Van Dyke, se estrenó el 2 de abril de 1932. Richard Thorpe, Wilhelm Thiele y Kurt Neumann se cuentan entre los directores habituales de la franquicia.

El grito de Tarzán retumbó en las salas de cine de todo el mundo, se hizo tan famoso que Weissmuller lo llegó a vociferar como última opción para salvar su vida y la de otras personalidades del espectáculo que se dirigían a jugar golf durante unas vacaciones en Cuba. Los artistas fueron emboscados por guerrilleros fidelistas que, además de ser revolucionarios, sentía debilidad por las películas de Hollywood y, en especial, por las de Tarzán. Weissmuller convenció a sus captores de que lo dejaran libre, de que en realidad él era él, o mejor dicho, él era el Tarzán que tanto admiraban y no un simple turista. No le quedó más remedio que gritar y gritar como aquel personaje creado por el dramaturgo Edgar Rice Burroughs al que había encarnado durante más de quince años.

Weissmuller dejó el papel de Tarzán para firmar contrato con Columbia Pictures. Sustituyó la precaria indumentaria del rey de los monos por un impecable atuendo safari y el ya mítico alarido afónico por la civilizada corneta de una camioneta rústica y descapotable de utilería. Con esta productora rodó trece películas de Jungle Jim (Jim de la selva) entre 1948 y 1954, y grabaría una serie homónima de 26 episodios que se emitieron en 1955.

Una escena de. «Jim de la selva», serie de 13 películas protagonizadas por Weissmuller y 26 programas de televisión que se transmitieron en 1955 Foto: Cortesía.

Hacia finales de los cincuenta, Weissmuller fundó una compañía de piscinas, de alguna manera un tributo a su juventud olímpica. Ya a los 65 años, se retiró a vivir a Florida, donde funda el International Swimming Hall of Fame.

Los últimos años de Johnny no se definieron por ser del todo agradables ni gloriosos como aquellos años olímpicos y cinematográficos. Entre 1976 y 1978, sufrió dos derrames cerebrales. Luego de estos percances de salud, emigró a Acapulco, escenario de su última película como Tarzán y en donde también atosigaría y les daría inenarrables sustos a las enfermeras emulando el grito que lo hiciera tan famoso, ya con unas cuerdas vocales envejecidas. Johnny trataba de no hundirse en el pantanoso lago de la vejez.

El 20 de enero de 1984, Weissmuller falleció en México. Su cuerpo yace en el cementerio Valle de la Luz de Acapulco.

Tráiler Tarzan the Ape Man: