Inicio»Libros»Libros»El Puente es la palabra (Antología poética de la diáspora)

El Puente es la palabra (Antología poética de la diáspora)

El venezolano no emigraba o lo hacía por corto tiempo. La nostalgia era un sentimiento más arraigado en Brasil. Ahora la situación ha cambiado y los poetas son los primeros en volcar en sus versos el impacto de la diáspora en su alma. Prueba de ello es la antología de 101 poetas venezolanos " El puente es la palabra ", objeto del entrañable artículo del maestro Armando Rojas Guardia que sigue

48
Compartido
Pinterest URL Google+

He aquí un libro admirable y necesario. Sería prolijo enumerar las razones por las cuales considero que constituye una muestra antológica de primer orden. Intentaré resumir unas cuantas.

En primer lugar, seleccionar y organizar los textos que la componen, ha sido una verdadera hazaña. Kira Kariakin y Eleonora Requena, las antólogas, dispusieron de muy poco tiempo para hacer su trabajo. Fue una magnífica proeza reunir los poemas de tanta gente dispersa alrededor del mundo y hacerlo con asertividad y rigor meticuloso. Lograrlo hizo más que demostrar, es decir, mostró que el material antologizable estaba allí, disponible para la atención amorosa de los interesados en la poesía venezolana. Desde aquí, felicito entrañablemente a Kira y a Eleonora por el esfuerzo desplegado, por su tino a la hora de escoger los textos y por el cuidado que pusieron en la organización de los mismos.

Eleonora Requena                                      Kira Karikian

En segundo término, salta a la vista la calidad estética de todos los poemas. Lo esperable era una muestra básicamente desigual, por la cantidad de los poemas que la integran. Pero no: uno tras otro, los nexos revelan oficio y madurez creadora: ratifican que Venezuela es un país de grandes poetas y que, a pesar de que no propicia, como paisaje existencial y cotidiano, estados profundos de conciencia en los que se haga posible la experiencia poética, paradójicamente ostenta una de las tradiciones líricas más importantes de la lengua. Es un auténtico misterio:  al venezolano se le da con asombrosa facilidad la buena poesía. Parafraseando a Andrés Eloy Blanco podemos y debemos afirma que algo tiene Venezuela, “en la leche, la sangre o la placenta”, que otorga a sus hijos el don inestimable de desempeñase con destreza en el quehacer lírico.

Y, por último, lo crucial y principal: todos esos poemas hablan de la desgarradura espiritual y moral que representa el exilio. Alejados tanto de la facilidad existencial como de la buena conciencia burguesa, esos textos expresan unas conciencias laceradas por el desierto. Sabemos que para los griegos el ostracismo equivalía a la muerte del alma. Y estos compatriotas exiliados, poetas en medio de una diáspora multitudinaria, meditan y cantan la distancia que los separa del suelo natal, del propio terruño, no por lejano menos amado. Hay tanto dolor en esas voces que uno, escuchándolas, termina saturado de pesadumbre, emocionado y conmovido.

Ante la imposibilidad de mencionarlos a todos, porque todos merecen ser mencionados, voy a permitirme transcribir uno solo de los poemas escogidos en el libro, como muestra fehaciente de la belleza y la calidad que tienen sus páginas. Es una elegía, redactada con un sentido admirable del fraseo y la dicción:

 

“PADRE”

 

No estoy ahí.

Y ese no estar atropella la noche,

sacude sueños en mi cama,

arroja los ojos contra el cabecero,

hace estallar de culpas la mirada.

 

Temo no estar cuando la luz se apague,

Cuando arranquen de cuajo los impulsos.

Quisiera cubrir de párpados hasta el último brillo,

Dejar dormir aquello que se agota.

Pero no estoy ahí.

No puedo estarlo.

He cortado el tallo del lado de la flor,

he obviado las raíces”

María Cristina Lovera