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El reto interminable

En su primer artículo del año, Lector Metálico arroja luz sobre el problema de la elección de los libros que vamos a leer y para eso hay varias opciones pero lo importante es no tener remordimiento por la lectura que no pudo ser .

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Inicio el año recordando, más bien elucubrando, sobre las lecturas que me acompañaron en días pasados. En las distintas redes sociales, los lectores muestran las portadas de aquellas historias que marcaron sus vidas, y con entusiasmo, comparten las imágenes de aquellos libros arrinconados que esperan ser la siguiente lectura. Como Lector Metálico, compartiré  algunas consideraciones y anécdotas  sobre la lectura que pueden ser de interés y utilidad para los amantes de esta actividad.

Lecturas pendientes

El actor Jon Cryer interpretando un ataque de pánico en una librería en la serie ” Two and a half men” Foto: Lector Metálico

Entre los libros postergados que se apilan en la biblioteca, en el closet, en la mesa de noche, y en el baño, encontramos los agregados: aquellos que compramos porque captan nuestra atención cuando se hallan en la estantería de una librería; los que arriban a través de los amigos en forma de presente; y otros que se anexan de manera temporal en calidad de préstamo. En fin, una dinámica interminable al igual que el tiempo. Nunca tendremos el tiempo suficiente y éste jamás estará a nuestro favor, para leerlos todos. Existe una escenificación ejemplar del drama  del lector, realizada en la serie televisiva  Two and a half Men (2003 – 2015), en el episodio número doce de la tercera temporada: Alan Harper (personaje interpretado por el actor estadounidense Jon Cryer) es disminuido por un ataque de pánico mientras se encuentra en una librería. Esto ocurre cuando la conciencia de Alan despierta, revelando el desconocimiento de muchos de los libros exhibidos, poniendo en evidencia el poco tiempo que ha dedicado a la lectura.

Portada del libro ” El orgullo de leer” de Manuel Caballero Foto: Lector Metálico

Por su parte, el escritor e historiador Manuel Caballero (Barquisimeto, 1931 – Caracas, 2010), en su ensayo “Los libros no leídos”, publicado en su libro El orgullo de leer (Editorial Alfa, 2007), dice que debemos acostumbrarnos a vivir con la vergüenza que nos producen los libros que no hemos abierto, porque es la garantía de que no estamos convirtiendo en un trabajo (y tampoco en un deber), lo que hemos considerado en la vida un placer. En la actualidad, casi a mis cuarenta años de edad, he aprendido a no sentir  remordimiento alguno por las lecturas abandonadas. El tiempo es irrecuperable, y más vale que sea dedicado a los libros que nos resulten de provecho. Esto no quiere decir que yo sea inmune a las angustias propias de los lectores, por momentos, sigo siendo objeto de la ansiedad que me produce pensar que no me alcanzará la vida para leer todos los libros que deseo, aunque he comprendido, con resignación, que es imposible revertir el destino de todo lector.

La utilidad de las listas

Algunos lectores (en mi opinión, ocasionales) recurren a las listas de libros sugeridos, letanías escritas por profesionales dedicados al mundo editorial, y publicadas cada cierto lapso en variados diarios. No suelo recurrir a ellas, entendiendo que pueden ser una buena herramienta para los lectores entusiastas pero prefiero dejarme llevar por la intuición que se desarrolla a través de los años dedicados a la lectura. En un interesante artículo, escrito por Laura Fernández, en la sección de cultura del periódico El País (España) publicado el 31 de diciembre del año 2018, ella habla sobre la utilidad de las listas: de aquellas que corresponden a “los mejores libros del año”. En la nota, Fernández replica las opiniones del escritor español Juan Antonio Masoliver Ródenas, que considera que un lector atento no necesita de ellas, señalando con énfasis que toda lista es una trampa: que pueden estar condicionadas por los afectos entre críticos y escritores; también por las relaciones establecidas entre sellos editoriales y medios de divulgación. Para él, la única lista infalible es la que pasa de boca en boca, impulsada por  las sensaciones germinadas y depositadas a través de la experiencia que otorga cada libro abierto.

Un libro para orientar

Peter Boxall Imagen tomada del portal allevents.in

En el año 2006, el respetado escritor y académico británico Peter Boxall, junto al crítico literario de origen español José – Carlos Mainer, publican 1001 libros que hay que leer antes de morir (Grijalbo); el texto contiene una interesante selección de la narrativa universal, que inicia desde antes del siglo XVIII hasta llegar al siglo XX. El libro fue un éxito entre los lectores interesados en ampliar sus bibliotecas ( en el año 2010, se publicó una nueva edición revisada y ampliada).

 

José- Carlos Mainer Imagen tomada de elpaís.com

Tanto Boxall como Mainer, han facilitado la labor de libreros, editores, y periodistas; brindando un complejo mapa literario al alcance de todos. En las películas The Equalizer (2014) y The Equalizer 2 (2018), ambas dirigidas por el estadounidense Antoine Fuqua, se rinde homenaje al oficio de la lectura. En el argumento, se muestran los fuertes lazos que pueden establecer las personas entre sí a través de los libros. Lo interesante es el papel protagónico que comparte Denzel Washington junto con el libro editado por Boxall y Mainer: mientras Robert McCall, un retirado agente del FBI, reparte tortazos a los malos, divide su tiempo para dedicarse a leer los libros sugeridos en 1001 libros que hay que leer antes de morir, con el fin de cumplir con las lecturas que su fallecida esposa no pudo culminar. A lo largo de la trama, tanto en el primer filme como en la secuela, los libros establecen vínculos entre los personajes: muchos de los diálogos son incitados por la curiosidad ante la presencia, nunca inadvertida, del libro.

La lista es una trampa. Leer es un placer que debe ser compartido.