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El ritmo de un sueño

"Nos llaman guerreras", co dirigida por Jennifer Scorro, Edwin Corona Ramos y David Alonso, se estrena el 16 de febrero en salas nacionales. Al Agua Cinema se encargó de la producción

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Cuando haces películas tienes que estar listo para que ese proyecto te rompa el corazón.

Priscilla Torres. Paráfrasis de Ron Howard.

Tum… tum… tum. Así suena el balón cada vez que impacta contra un pie, un muslo o una rodilla. El encanto de dominar también tiene que ver con llevar el beat. Como los latidos del corazón. El ritmo de la vida, de la cancha. El ritmo de un sueño.

Bajo este tempo se mueven con agilidad un grupo de adolescentes que desde pequeñas tienen clara su meta: jugar fútbol. Los páramos de Mérida, el llano fronterizo de Guasdualito, el barriecito en Valencia o la azotea de los edificios en Caracas se convirtieron en el terreno donde los goles se cantaban con todo y cualquier cosa era buena para convertirla en balón.

Deyna Castellanos, Daniuska Rodríguez, Sandra Luzardo, Verónica Herrera, Yerliane Moreno y todas las integrantes de la Selección Femenina Sub-17 guerrearon desde el principio y guerreras se quedaron. Pero no fueron las únicas. Jennifer Socorro también sintió el ritmo de la pelota, sin embargo, más allá de bailar en la cancha, se armó de empeño y, cámara mano, se propuso contar una historia.

Así fue como el 24 de abril de 2016 Socorro emprendió el viaje, junto a Edwin Corona Ramos y David Alonso, al barrio Brisas del Terminal en Valencia, estado Carabobo. Daniuska los esperaba para comenzar la producción del documental Nos llaman guerreras, ópera prima de los tres directores a estrenarse el 16 de febrero. No hubo tiempo para muchos planes, el contacto con la jugadora arrancó el proyecto. Había terminado el Sudamericano 2016 y empezaban las concentraciones rumbo al mundial en Jordania.

Tum… tum… tum… El corazón latía con fuerza. El panorama era incierto pero la meta estaba clara: había que grabarlas en sus casas y conocer sus historias de vida. “Queríamos contar la historia de un equipo que supera muchísimos obstáculos, no solo dentro de la cancha sino fuera de ella. Escoger entre las 21 chamas fue un proceso complicado, había que lograr un equilibrio entre su importancia para el equipo y lo que ellas tenían para contarnos”, explica Socorro.

Además, el proceso de grabar un documental tiene sus propias características. No es posible, como en ficción, armar un plan de rodaje en el que se contemple lo que va a pasar. “Es muy de documental que todo tenga la posibilidad de descuadrarse. Es un género muy difícil de pre producir. Creo que lo interesante es que siempre van a pasar cosas nuevas o, incluso, confirmar deducciones previas”, comenta Corona Ramos, co director del film.

Los obstáculos se driblan

Sandra Luzardo anima al equipo rumbo al mundial de Jordania.

El equipo recorrió alrededor de seis locaciones a lo largo del territorio nacional. Entre ellas Caracas, Valencia, Yaracuy, Mérida, Margarita y Guasdualito. Más allá de captar las imágenes, el reto estaba en el limitado número de integrantes de la producción. Al Agua Cinema, empresa productora de la película, está conformada por muy poca gente y para este proyecto eran solo cuatro las personas encargadas. De esta manera, todos tenían una cuota de responsabilidad al momento de repartir las tareas.

Así como las jugadoras tuvieron que sortear diferentes obstáculos para llegar al mundial, el equipo se las vio cuesta arriba para poder acompañarlas y terminar el film. Las locaciones internacionales como México, Estados Unidos y Jordania se salían del presupuesto y eran clave para la historia. En la primera tendría lugar un módulo de entrenamiento; en Tallahassee (Florida) estaba Deyna, figura clave del equipo; y Jordania era la sede del mundial.

Conseguir el financiamiento no fue tarea fácil. “Al principio nadie cree en ti. Nos pasó igual que a ellas, nadie cree en su talento hasta que ganan mundiales. Aquí nadie cree en la película hasta que la ven realizada, ven la calidad”, subraya Priscilla Torres, productora del documental.

La lucha era contra reloj, los minutos pasaban y el partido estaba por terminar. Tum… tum… tum. Dos semanas antes de la ida a México, logran contactar a un inversionista que aceptó financiar todo el proyecto. El alivio económico amplió el radio de acción pero aún quedaba cuadrar los permisos. Con poco margen de tiempo consiguieron autorización para grabar a Deyna en la universidad y luego las acreditaciones de la FIFA, que quedó encantada con el proyecto.

Parte de la selección

La selección femenina entona el himno antes de comenzar un partido

Un último golpe los esperaba antes de Jordania. David Alonso, co director, fallece en un accidente de tránsito. Falta. El reloj del juego se detiene. Es momento de agarrar impulso y volver a empezar. Volver a guerrear. Las llaman guerreras, nos llaman guerreros. Para ese momento los cineastas ya eran parte del equipo. Agarrar la cámara y recomenzar. Terminar el juego con el gol ganador.

Tanto Socorro como Corona Ramos coinciden en que el acercamiento con la selección fue muy especial. Ya eran Jennifer y Edwin, los panas de la cámara. Los que compraban chicle o escuchaban los llantos frustrados. “Nosotros también tratamos de utilizar el material que teníamos para motivarlas. Cuando vieron una primera edición el día antes del partido con Alemania dijimos: si esto no las motiva nada lo hará. Y sus reacciones fueron impresionantes”, agrega la directora.

Para ellos era fundamental que se sintieran cómodas con las cámaras. En un principio, les preocupaba que se intimidaran o, más bien, estuvieran muy pendientes de la grabación. “El nivel de compenetración que tuvimos fue tal que eso se logró. El entrenador del equipo (Kenneth Zseremeta) se hizo muy amigo de nosotros. Tuvimos acceso a lugares donde no todo el mundo tenía, como el camerino. Si no hubiese existido ese vínculo nos hubieran visto como unos reporteros más y el documental no existiría”, concluye Corona Ramos.

Más que fútbol

Deyna Castellanos impulsa a las guerreras antes de un partido.

De regreso a casa, fueron 16 las versiones antes de tener el montaje cerrado y 22 antes del corte final. Identificaron tres momentos: conocer la historia de los personajes principales, hacer del mundial algo emocionante audiovisualmente y, el más importante, cómo subir el ánimo del público al explicar que todo lo que vieron antes va más allá de ganar un partido. “Se trata de coser y descoser hasta que por fin dices ahora sí funciona. Ahora sí siento que voy a conectar con el espectador”, acota Torres, también fundadora de la casa productora.

El reto reside en ir más allá de lo deportivo. “Esto no es un documental de fútbol, no se queda ahí, tiene muchas cosas más. Aquí hablamos de superación, de problemas sociales, de la mujer, de temas económicos”, precisa Socorro. Es un documental que va más allá. Que busca a través de la fotografía y las imágenes conectar con cada uno de los personajes. Un film que se narra in situ, a medida que sucede.

Documenta los logros de un grupo de jugadoras venezolanas, la identidad de un país, las claves contra el olvido. Tum… tum… tum… El balón se mueve, choca, lo impulsan. Aterriza y pasa entre los pies de otro grupo de niñas. Ese es el objetivo: impulsar el fútbol femenino en el país porque, dentro y fuera de la cancha, nos llaman guerreras.