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El sacrificio de un ciervo sagrado

¿Qué lleva a un hombre hasta el punto límite que rebasa al cirujano interpretado por Colin Farrell ?

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El sacrificio de un ciervo sagrado es un film realizado por Yorgos Lanthimos en 2017 y se encuentra actualmente en la cartelera venezolana. Trata la relación de Steven y su familia con Martin (Barry Keoghan), el hijo de uno de sus pacientes quién  falleció a causa de una mala praxis. Al principio, no está muy claro el porqué ellos dos salen a caminar, almuerzan juntos con sus familias en sus respectivas casas e incluso Martin lo visita al hospital donde Steven trabaja. Poco a poco, se va entramando un vago sentimiento de culpa que no se manifiesta expresamente, pero sí se sugiere.

 

Lanthimos hace toda esta inspección del vínculo entre ellos dos de una manera casi clínica. La cámara acompaña a los personajes con cierta distancia. Se desliza por los largos y luminosos pasillos del hospital como si se tratara de un testigo muy callado que observa detalladamente cada paso de Steven y de su familia. Esto le brinda un carácter inquietante a las escenas que recuerda los paseos de Danny por los pasillos de aquel hotel solitario en El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980). La dinámica entre hombre y adolescente inquieta porque es el retrato de una obsesión sin el tono desesperado que suelen utilizar los filmes de este estilo.

 

Como si fuera una aguja que poco a poco se va adentrando en el cuerpo, el dolor que embarga a Steven y a su familia ocurre tan lentamente que, cuando aparece la sangre,  nos damos cuenta de la disección que Yorgos Lanthimos hace de este grupo y de sus creencias. Estamos viendo una venganza en cámara lenta, pero sin usar los trucos fáciles, sino con una composición de escenas que demandan la paciencia de un escultor. El espectador se convierte en un testigo que labra las inseguridades y secretos de, en principio, Steven y de Anna (Nicole Kidman), su esposa. Pero también es el retrato de los goces de Kim y Bob, los hijos del matrimonio.

Nicole Kidman y Colin Farrell protagonizan ” El sacrificio de un ciervo sagrado”

En este sentido, Farrell y Kidman envisten a sus personajes de conflictos sugeridos en escenas de la rutina cotidiana en la familia, sin hacerlos demasiado evidentes hasta que la incertidumbre por el futuro de sus hijos los confronta. Kidman delata la confusión de Anna con su mirada. Farrell, en cambio, disimula la crisis de Steven con seriedad y haciendo lo que está en sus manos. Ambos buscan respuestas a lo que viven sus hijos, pero por caminos diferentes: Steven desde lo médico y Anna desde lo personal. Esto esboza dos métodos para abordar la curiosa enfermedad de los niños, pero es el camino de Anna el que consigue un culpable.

 

Hay un detalle en particular que habla de la dinámica en la que están sumidos Steven y Anna. Varias veces durante el filme halagan las manos del cirujano. “Los médicos suelen tener lindas manos”, comentan Martin y su madre en distintos momentos. Este detalle casi nimio da cuenta del reconocimiento en el que están bañados los médicos. Como si sus manos fuesen los instrumentos con los que mantienen con vida o asesinan por error gracias a las operaciones. Después, le hacen el mismo comentario a Anna y ella reconoce frente a su marido que no se había percatado de la belleza de sus manos. Como si fuera algo por sentado para ella, este comentario precede la discusión más fuerte de la pareja cuando están viendo cómo resolver la situación. Finalmente, una breve escena muestra a Steven lavándose las manos y mirándolas  por un instante. A diferencia de las manos de un obrero o de un artesano que crean obras externas a ellos, las manos de un médico brindan vida orgánica. En este pequeñísimo contraste que el filme repite varias veces, reside la capacidad de los guionistas y del director en explorar los detalles de estos personajes.

La película plantea un entramado de situaciones complejas y de fondo una venganza en cámara lenta

Pero volvamos al culpable, u optemos por una palabra menos cargada de sentido religioso: es el propio responsable quien tendrá que resolver la situación de una manera descabellada y exasperante. Esta decisión en el guión logra colocar en un lugar incómodo al médico como un ser superior que suele controlar la estabilidad de los pacientes. Pero es un lugar que a lo largo de la película no había logrado aparecer. Los giros de la trama parecían más bien un asomo de generar misterio frente a la situación, en vez de plantear un acercamiento a la función de los médicos en la sociedad. Antes de ese final, la situación parecía demasiado específica como para representar el status quo de los médicos. Y tras esa decisión, lo indefenso de cualquier ser humano, sea cual sea su desempeño en la sociedad, deja entrever que la maldad vuelve frágil a la persona que pareciera tener más control y más posibilidades en la vida. E incluso, esta maldad no es caricaturizada, sino mostrada como un asomo frente a las respuestas que Martin necesita después de perder a su padre.

El director del film Yorgos Lanthimos y el actor Colin Farrell en pleno rodaje de la película

Finalmente, la música de la película resalta la inquietud que brindan las escenas con una composición clásica que tienta con desafinar en los momentos más tensos. Aquí la música es un acompañamiento refinado de la perversión que se explaya parsimoniosa por todas las relaciones entabladas a lo largo de la trama. Incluso en el vínculo entre Martin y Kim hay una afinidad que no termina de cuajar, un interés perturbador del que Martin está abusando sin que sepamos muy bien cómo. La sugerencia de algo sobrenatural se presenta en sus vidas con un dejo de ignorancia que hace el filme más atractivo aún.

 

Por otro lado, el afiche del filme invierte la figura de Martin para sugerir la inquietud que él permea en la familia Murphy, retratados en el cartel por los perfiles perturbados de Kidman y Farrell. Ya el diseñador del afiche, Vasilis Marmatakis, había trabajado previamente con el director. Esta impronta se ve en los tonos blanquecinos de varios de los carteles y que se repite en éste para recordar el carácter clínico, engañosamente inmaculado, con el que la historia es tratada.

 

Puntuación :9/10

@EElechiguerra