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En nuestra aula de clase

En este artículo, la doctora en Filosofía, Fernanda Guevara-Riera,parte del verdadero objetivo del aula de clases , diserta sobre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible que propician los Derechos Humanos y culmina con un mensaje esperanzador

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“Caminar erguido como un hombre y mirar a todos a los ojos con la dignidad que produce el no haber sucumbido a la opresión y al miedo”.
Nelson Mandela

 

Nuestra aula de clase es más que un lugar en donde se transmiten conocimientos, es más que un lugar en donde se reflexiona y problematiza sobre las posibilidades de determinado pensamiento filosófico a la luz de un autor específico. Nuestra aula de clase es un espacio de formación para la libertad humana, para el discernimiento y la reflexión ponderada, para el cultivo de nuestra sensibilidad, para la creación de Humanidad que se revertirá en todos los espacios de la sociedad.

La historia de la filosofía se torna así en una caja de herramientas en donde el análisis de los textos filosóficos, y las nociones que extraemos de ellos, nos auxilian en la tarea de velar por lo humano; nos ayudan, entonces, a construir -cada vez más y con mayor firmeza- ciudadanía y los espacios de tolerancia democrática que nos permitirán, posteriormente, el diálogo inclusivo necesario que construye y fortalece los Derechos Humanos en nuestras sociedades y con ellos, nuestra dignidad como personas.

La relación que establezco con mis alumnos es de encuentro; un encuentro formativo integral, participativo y armónico; una experiencia académica-existencial cargada de sensibilidad en donde, gracias a nuestro compromiso, hacemos vivir los textos. Y sé que no corro el riesgo de generalizar si afirmo que es así para la mayoría de mis colegas, sin importar la disciplina o la cátedra que imparten. En filosofía, vivir los textos significa dejarnos interpelar y escudriñar por los mismos, ver el alcance de las ideas trabajadas y las elecciones que deberíamos realizar en nuestro fuero interno si asumimos o no dichas ideas con convicción en nuestras vidas.

Estudiante en Librería Lugar Común Altamira @LibreriaLC
Foto de Ana María El Fakih

En cada clase, además, vamos construyendo la confianza y  complicidad afectiva necesaria para vivir los textos también a través de nuestras historias personales con el fin de trascenderlas y hallar en ellas, el aprendizaje necesario que nos haga crecer como seres humanos. De este modo, en nuestra aula de clase seguimos formando concretamente la libertad humana orientada a la construcción del bien común  porque al vivir los textos filosóficos desde nuestra biografía seguimos apostando por comprender con cercanía el mundo de los otros, en la medida en la cual, lo relacionamos con el nuestro, con mi mundo, con mi vida y sus avatares derrumbando, así, los muros que nos separan entre unos y otros y tendiendo los puentes que nos hermanan.

De esta forma, siguiendo la conexión empática alcanzada en la cátedra, trabajamos en el aula -a la luz de los autores seleccionados- los grandes momentos vividos por cada uno de nosotros –pasados y presentes- cargados de dicha y felicidad y, a su vez, analizamos los malos momentos llenos de tristeza y desolación que nos hundieron en un abismo existencial, en un hoyo negro. Los buenos momentos nos sirven de ejemplo para animarnos y llenarnos de energías y los malos momentos también nos sirven porque la firmeza de las ideas filosóficas en torno a la persona humana, aquellas que sustentan nuestras convicciones  y permiten la fortaleza del carácter o no, se prueban en situaciones adversas. Se trata de educar reconociendo nuestras responsabilidades en las situaciones dolorosas y mirar siempre hacia adelante para producir una vida plena, fraterna y de enriquecimiento humano.

Porque se trata de liberarnos, a través de la comprensión que otorga la reflexión crítica filosófica, de las vivencias pasadas negativas en donde nuestros ser fue mermado y disminuido para que el miedo o la opresión no tengan cabida en nuestros proyectos a futuro. El camino es visualizar y apostar sin miedo y con valentía a un futuro en libertad acompañados por una mejor versión de nosotros mismos. Y esta mejor versión de nosotros mismos la lograremos siempre y cuando alcancemos a integrar armónicamente nuestras experiencias, tanto aquellas que nos produjeron alegría como aquellas que nos causaron dolor evitando, así, que estas últimas sean caldo de cultivo de afectos carentes, fuente de toda actitud resentida y negativa para con los otros y para con nosotros mismos.

Estudiantes de VI Semestre de Letras
Universidad Católica Andrés Bello @lacatolica
Junio, 2018

A su vez, también nos interesa analizar en nuestras aulas esos tristes momentos en nuestras vidas para concientizar con consistencia las situaciones de atropello padecidas y que no queremos nunca más volver a tolerar o a sobrellevar. Y es importante resaltar que para no volver a vivir situaciones injustas que violan nuestros derechos a ser tratados como personas dignas debemos formarnos en el aula de clases y fuera de ellas para aprender a identificar al opresor en todas sus formas, empoderandonos con el saber que libera y que contribuye, de este modo, a la configuración de una sociedad auténticamente democrática, justa e inclusiva que promueva igualdad de trato y oportunidades para todos sus miembros.

Se cultiva y promueve, entonces, en nuestra aula de clase la esperanza encarnada en los Derechos Humanos que nutre la formulación de los  17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)  de la ONU aprobados en el 2015 como Agenda 2030 para poder edificar el futuro humano que queremos ver, lo que queremos alcanzar a hacer a corto, mediano y largo plazo en nuestros países y, de este modo, transformar nuestro mundo para bien. La pretensión fundamental es que el desarrollo sea sostenible para mejorar la vida de todos y que ninguno se quede atrás.

Para ello, ampliamos la mirada en nuestra aula de clase de filosofía y visualizamos el mundo solidario que nos compete y pertenece a todos por igual y que formulado en los ODS tiene como horizontes principales la disminución de la pobreza y las desigualdades existentes en todas sus formas, la promoción concreta de la paz, la justicia, la igualdad de género, salud y bienestar, aguas limpias y energías asequibles y no contaminantes para todos, acciones en pro de nuestros ecosistemas, de la vida en todas sus manifestaciones y de la producción y consumo responsables.  Y, efectivamente, para poder realizar ese mundo que anhelamos inspirados en los Derechos Humanos y en el que estamos comprometidos a través de los ODS, se requiere de nuestra activa formación y compromiso responsable en nuestras aulas de clase.

https://bit.ly/2LqKUDm

Es por esto que en aras de la justicia y del mundo que anhelamos para todos  la educación debe ser siempre inclusiva, equitativa, de calidad y al alcance de todos: primero porque la valoramos como sociedad, en la medida en la cual, gracias a ella nos humanizamos e integramos socialmente y, a su vez, porque los saltos cualitativos de nuestra humanidad como colectividad (como el que implica la formulación de los ODS a la luz de los Derechos Humanos) se posibilitan si alcanzamos a concretar las posibilidades de aprendizaje permanente para todos. De este modo podremos enfrentar –reflexivamente- las viejas y nuevas situaciones que atentan contra la construcción de lo humano en nuestras sociedades. Valga subrayar que la educación humanista de calidad que le subyace a los ODS nos garantiza no sólo ser cada vez mejores personas sino, a su vez, acceder a un trabajo decente con el cual construir ese futuro que anhelamos para nuestros hijos, para las personas que amamos, para nosotros mismos.

En nuestra aula de clase se trata de un encontrarse -entre profesora, alumnos y textos- que construye vidas, que da vida y que nos permite visualizar la vida que queremos tanto en el presente como en el futuro a nivel personal y colectivo. Porque es allí, en el aula de clase, en el acompañamiento durante el semestre o los años escolares, en donde estamos apostando al futuro como sociedad, en donde se cultivan los hábitos constructores de Humanidad y en donde también se gestan y se nutren los sueños de las generaciones presentes y futuras como los expresados en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Junto con sus familias, en el aula de clase estamos formando a los hombres y mujeres del futuro, otorgando oportunidades para que los espacios multiculturales se enriquezcan y erijan  sociedades plenas y fraternas.

Pero, ¿qué significa dar clases en las aulas de la Venezuela herida de hoy? La pregunta la realizo desde las aulas de clases de una Venezuela diezmada producto de años de abuso totalitario por parte de un régimen que asaltó todas nuestras instituciones con saña, incluyendo la educativa, reduciéndola a la sobrevivencia y obligando a muchos a desertar de las mismas. Profesores y alumnos padecemos una situación límite producto de la corrupción e indolencia de un gobierno que ha secuestrado al Estado y que con dicho secuestro ha eliminado las instituciones que nos garantizaban a todos los venezolanos un trato digno promotor de los Derechos Humanos.

Más bien la bandera del régimen ha sido y es el atropello sistemático de todos los ciudadanos, vejándonos a través de las carencias de los bienes e insumos necesarios para vivir dignamente, como la falta de alimentos y medicinas que causan diariamente muertes en los más desvalidos y vulnerables de nuestra mermada sociedad como lo son nuestros niños, ancianos y enfermos. Todo esto en el marco de una hiperinflación que pulveriza todas nuestras perspectivas de futuro estable. Estamos enfrentando una crisis humanitaria.

La desesperanza tiñe nuestras aulas universitarias y luce un sueño irrealizable ese mundo que lucha por los Derechos Humanos en su formulación concreta de los ODS. Lucen irrealizables nuestros anhelos humanistas cuando no tenemos -como la mayoría de los venezolanos independientemente de la profesión u oficio- las condiciones para realizar a plenitud nuestra labor educativa y  luchamos diariamente contra condiciones muy adversas que merman nuestra dignidad humana.

https://bit.ly/2JHKeVy

Sin embargo, en la Venezuela herida de hoy la esperanza no muere y tanto en nuestras aulas como fuera de ellas, en nuestro suelo y allende al mismo en otras latitudes, los venezolanos estamos luchando por revertir las sombras de la oscuridad que buscan aplastar nuestros anhelos humanistas más profundos. A  través de muchas organizaciones y con la participación ciudadana en todos sus espacios, los venezolanos no hemos renunciado a nuestro derecho a denunciar la infamia de un gobierno que carga sobre sí innumerables muertes.

Y es que hemos ganado una particular fortaleza espiritual, aquella que emana de tener el derecho y la justicia de tu parte y que es la savia de la Humanidad. Frente a la adversidad nos hemos fraguado, tanto alumnos como profesores, una esperanza que nos permite seguir adelante con nuestras convicciones y no ceder nuestra alma frente al opresor de turno, a pesar de la situación diaria que padecemos en la Venezuela herida de hoy. Porque sí, estudiar, trabajar y vivir en circunstancias como las que atravesamos requiere de una buena dosis de esperanza, saber y convicción. De creer en los sueños y de seguir trabajando por ellos aunque la realidad aplastante pretenda aniquilarnos. Esto es así porque considero que: la razón no puede prosperar sin esperanza, ni la esperanza expresarse sin razón”. (1)

El cultivo de la razón va de la mano con el cultivo del alma, con el cultivo espiritual, afectivo que se logra cuando alimentamos nuestras esperanzas junto con la de los otros y no nos doblegamos frente a las calamidades que nos toca vivir. Es por ello que vivimos en nuestras aulas de clase los textos de filosofía con una reflexión encarnada y sólo así los Derechos Humanos y sus Objetivos de Desarrollo Sostenible tienen posibilidades de ser concretas en nuestras en nuestras vidas, en nuestros países y en todas nuestras relaciones.

Este escrito es una invitación a no desfallecer. El cambio comienza y se fragua en uno mismo, en creer que es posible y en no ceder nuestra libertad. Dentro y fuera de Venezuela, dentro y fuera de nuestras aulas de clase estamos llamados a seguir construyendo ciudadanía universal,  a seguir construyendo Humanidad.

Muchas gracias por su gentil lectura y hasta la próxima entrega.

@fguevarariera

Referencias bibliográficas:

(1) MUGUERZA, J.; “Desde la perplejidad”, México, F.C.E., 1990, p.38.