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Faitha Nahmens: Caracas es mi forma de vida

Conductora del programa radial Caracas vuelta y vuelta, autora de " Mujeres de Carne y Hueso"; en su etapa de mayor ebullición , Faitha Nahmens culmina la historia controversial de Franklin Brito

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Aunque con frecuencia viste atuendos elegantes, prefiere usar zapatos bajos para caminar por la ciudad sin molestias. A veces anda en autobús y siempre que puede, se sienta cerca de la ventana para encontrar esos rasgos que la enamoran de Caracas todos los días, siguiendo un ejercicio que puede ser muy rápido y ligero, o eterno y pesado, según lo demarque el conductor y su habilidad para sortear el tráfico.

En su cartera lleva un libro, sus documentos personales, un labial para retocar sus labios — casi siempre pintados en color rojo—  y una libreta, una de tantas que guarda en su hogar y que ocupan al menos un metro y medio de su biblioteca.

Faitha Nahmens es abierta, risueña, y la más entregada a su absoluta vocación de contar historias, aunque confiesa no ser una persona disciplinada y no seguir una metodología para escribir.

Faitha Nahmens tiene cinco mil amigos en la red  y amanece con la frase precisa que va a escribir en mente Foto de la colección del editor Federico Prieto

“Antes escribía por las noches”, cuenta la periodista, hija de Caracas. “Comenzaba a las 11 de la noche y me funcionaba, sí, pero ahora me da sueño.  Ahora siento que los días son mucho más intensos. Me funciona más escribir en las mañanas y casi siempre me levanto con buenas frases, pero todo esto lo hago sin horario. Estoy viviendo las cosas poco a poco”.

Aunque tenga 5.000 amigos en Facebook ella no usa las redes sociales tampoco Whatsapp, ni siquiera para comunicarse con su hijo que vive en Estados Unidos. “Si estoy metida en las redes tendré que invertir tiempo en eso y, la verdad, lo único que yo quiero es escribir”, dice.

Escribir. Ese es el oficio que emprendió desde la escuela y también en el bachillerato, época en la que sin pena alguna ya redactaba breves crónicas de los acontecimientos diarios en clases, crónicas que luego quedaban estampadas en las carteleras informativas del Centro Docente Católico, en Chuao, donde estudió.  Más tarde, Faitha Nahmens seguiría ratificando su pasión por las letras en medios memorables como la revista Exceso, a la que recuerda como “el laboratorio de ideas donde aprendí a hacer periodismo”. Aunque su trayectoria es completa, hizo de todo en periodismo,  ahora es cuando su trabajo se encuentra en estado de ebullición.

—Siempre habla de  Exceso como su escuela. ¿Cómo fueron esos años?

–Fueron más de veinte años, desde 1991. La redacción, las reuniones que allí se daban, los periodistas que escribían y compartían con el resto, sus impresiones con respecto a un tema o lo que había ocurrido ese día.  En mi mente sigue ese ruido, ése taca taca taca de las máquinas de escribir que para mí era lo mismo que una suite musical.

–En Exceso – continúa-  realicé tantas investigaciones y tantos perfiles. Todavía, cuando tengo que escribir un texto para Clímax o para Prodavinci tengo el formato de veinte mil caracteres en mi cabeza, y luego tengo que recortar hasta donde sea necesario, pero ¿qué puedo hacer? Tengo más de 20 años escribiendo de ese modo.

–Además – señala Nahmens- la revista era dirigida por Ben Amí Fihman, un hombre de mucha cultura, de mucho olfato periodístico, un hombre sabio en gastronomía y todas las áreas de la cultura. Él sabía realmente de compromiso en el periodismo. Trabajar en Exceso era trabajar por la defensa de la creatividad. La exigencia era  que un texto tuviera mucha calidad, y las investigaciones de un tema ,  profundidad.

Esta periodista venezolana es la prueba viviente de que lo cortés no quita lo valiente  La foto es un obsequio del editor Federico Prieto a Faitha Nahmens

 –¿Cómo se hacía periodismo en esos días?

–Eran tiempos en los que podías vivir con un solo empleo, no hacía falta tener tres o cuatro. En Exceso nos encargamos entre todos del tema del humor – un género que siempre me ha gustado y del que he escrito algunos textos que no he publicado— y luego me hice cargo de páginas y de otras cosas.

–A los periodistas nos daban un mes para investigar un tema y escribir – señala la comunicadora y dice: “De los trabajos que recuerdo está el reportaje sobre el caso de asesinato al empresario Casto Martínez que me produjo una demanda por difamación y cuatro años de persecución. Fue uno de los textos que mejor investigué y para ello realicé más de 20 entrevistas, Fue una historia muy dramática que me hizo salir del país por una semana, “enconcharme” un tiempo en casa, dejar de ver a mi hijo pequeños por unos días.

“ Muchas veces bromeaba con Ben Amí Fihman y le decía que  Exceso no era una revista mensual sino menstrual, porque estaba llena de ciclos: unas veces nos generaba dolor y otras veces nos tocaba parir”, recuerda Nahmens

¿ Desde esas experiencias del pasado, si pudieras hacer una comparación, cuál sería su lectura del ejercicio del periodismo en la actualidad?

–El periodismo es una pasión, es una forma de vida que atrapa a los curiosos. Desde siempre ha sido una forma de aproximarse a la verdad, de buscarla, y eso de buscar la verdad es una tarea tan titánica que ya me suena a religión. En este momento político me da miedo que lleguemos a creer que tenemos la razón. A veces suponemos que sabemos todo sobre un hecho porque vimos una imagen, pero cuando investigamos, nos damos cuenta de que la historia es otra, y a veces esa historia es mucho más compleja y dura. La tarea principal de un periodista debe ser encontrar  (nos) siempre.

–¿Esto aplica también para el periodismo cultural? 

–Sí, hay que encontrarnos. El periodismo tiene que ser un enlace. Cuando se escribe sobre alguien hay que describir quién es esa persona, en qué situación se encuentra, qué siente y esto es porque el periodismo debe ser investigación en todo momento. Para una pequeña reseña debes indagar y todos los datos deben estar confirmados. Ahora hay gente que está creando y comunicando hasta con las uñas, y eso nos está dejando como resultado a muchos nuevos héroes.

 — ¿Cómo ve al escenario cultural actual en Venezuela?

–Ahora hay un movimiento cultural venezolano súper intenso: la gente no para de hacer teatro, no paran de crear, la gente está escribiendo muchísimo en cuento, en poesía, y me atrevería decir que estamos en un momento de esplendor. La crisis no ha mermado nuestra creatividad, al contrario: nos ha obligado a dar más. En medio de un discurso tan hostil y tan terrible salen a la luz grandes noticias, como los premios a Yolanda Pantin (el Casa de América de Poesía Americana), y  a Rafael Cadenas (el Reina Sofía de Poesía), por ejemplo.

 –Recientemente usted también recibió un premio: el de Periodismo Cultural, el primero en su tipo en ser otorgado por el Museo de Arte Afroamericano de Caracas.

–Sí, y es algo que me llena de orgullo. Un día me llamó Nelson Sánchez, el fundador del museo, y me dijo ‘Faitha, aquí en la directiva hemos estado pensando en otorgar un premio de reconocimiento a la trayectoria cultural. ¿Imagínate a quién se lo vamos a dar en nuestra próxima edición?’. Mientras pensaba en nombres él respondió antes que yo: ‘Tú, mijita, tú. ¿Por qué crees que te estoy llamando?’. Fue muy conmovedor.

–Creo que la noticia del día siempre será la política – prosigue – y por eso he decidido dedicarme más a lo social, lo cultural, que son las fuentes de las  informaciones  que vienen  detrás de las noticias sobre salud y los números… Sin embargo, si me preguntan qué tipo de periodismo prefiero yo respondería que todo mi trabajo lo hago  pensando en la ciudad.

Una imagen de Sabana Grande cortesía de Globovisión

–¿Está enamorada de Caracas?

–Sí, yo realmente amo a Caracas y la amo como si fuera mi gran útero, el espacio donde crecí, donde está la esquina en la que hace años besé a un muchacho, donde caminé y me encontré con alguien. Eso es la ciudad y si yo saliera de ella saldría de mi forma de vida. Caracas es mi forma de vida: es febril, es angustiante, y cada vez que la miro siento que hemos avanzado tan poco en tantas cosas, como en materia de reciclaje, por ejemplo. Pero Caracas también está llena de cosas tan maravillosas. Cada día compruebo que amarla no es una locura.

–Sabemos que está escribiendo un libro sobre Franklin Brito…

–Este es un libro muy doloroso. Tengo demasiados datos, he hecho demasiadas preguntas, escribí y escribí y escribí hasta alcanzar picos muy altos y ahora estoy como en bajada. He revisado y citado muchos documentos, ha sido un trabajo agobiante y en varios momentos he tenido que parar para llorar.  –Franklin Brito fue un hombre con un temple inusual – advierte la autora de su biografía- cualquier persona en su lugar, tal vez, hubiera apelado a la negociación, pero no, él dijo que no, y se mantuvo en huelga de hambre esperando a que le devolvieran sus tierras.  He entrevistado mucho a su madre y a su esposa. Saldrá publicado con una nueva editorial que se llama La nave de libros, pero todavía  está crudo.

–¿Aquí en Caracas se queda Faitha Nahmens?

Sí, aquí me quedo, a menos que me saquen. Además, me queda mucho por escribir.