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El Festival El Viaje Teatral empieza con “ 2 segundos ” y reaviva el TET

Escrita y dirigida por Jonathan Collet, la pieza abre un espacio que pretende dar a conocer nuevas caras de la dramaturgia nacional

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2 segundos es una propuesta que se materializa en el sótano de la Iglesia San Pedro, donde hace vida el Centro de Creación Artística TET, siglas que sirven para el Taller Experimental de Teatro de Caracas.

Éste es un espacio en el que hace años directores de la talla de Elizabeth Albahaca, Guillermo Díaz Yuma, Juan José Martin, Carlos Sánchez Torrealba, Santiago Sánchez y “algún que otro” invitado internacional, se dedicaron a formar actores y montar espectáculos tan memorables como Yo Satán, Las Flechas del Olvido, Las Criadas, Esperando a Godot, Yerma y otros tantos que se escapan a la memoria y al desconocimiento.

El carácter perseverante y constante ha logrado que el TET permanezca en esta Caracas sangrante con las puertas abiertas, al igual que otras salas de la ciudad que por estos días se ven más llenas que los cines. Ya sabemos que el teatro ha trascendido a los griegos, por tanto no resulta tan descabellado pensar que al nadar mares de tiempo no pueda lograrlo contra el zar Nicolás.

El Festival El Viaje Teatral tiene un doble objetivo: dar a conocer voces nuevas -en cuanto a dramaturgia y puesta en escena*-, y reavivar ese amable sótano que también sirvió de sala para todos los extintos festivales internacionales de Caracas. Desde Ñáñez a Ramia, y viceversa.

En palabras de sus creadores, esta iniciativa pretende generar un circuito alternativo, creando un nuevo espacio de expresión para el talento emergente, permitiendo el emprendimiento artístico y el potenciamiento de nuevos proyectos.

Como a los teatreros nos gusta ir contracorriente, aquí nace otro festival para jóvenes creadores en medio de una crisis. Éste se da la mano con la también inaugurada Estación Europa, un festival de dramaturgia europea, organizado por La Caja de Fósforos con el apoyo de la Unión Europea; se emparenta –culturalmente- con el Festival de Jóvenes Directores organizado por Trasnocho Cultural, y también con el Festival de Dramaturgia Contemporánea Norteamericana, que sin cumplir con los mismos estandartes, promueve y desarrolla el trabajo de muchos artistas nobeles caraqueños, de una forma prácticamente “independiente”.

Nuevas ofertas culturales en resiliencia

En este marco, Jonathan Collet, estrena su ópera prima 2 Segundos, una pieza en clave “existencial”, en la que un hombre muerto entabla una conversación con su “yo” de la juventud. Éste, rememora el pasado, sus amores de la infancia, su madurez sexual y su relación familiar.

Antonio Delli y Julián Izquierdo en "2 segundos" Foto: Daniel Dannery
Antonio Delli y Julián Izquierdo protagonizan “2 segundos” Foto: Daniel Dannery

En el desarrollo de la historia queda en el aire las razones del “suicidio”, o al menos no son del todo aclaradas. Algo se asoma a través de una soledad infligida por un sentimiento de culpa (en el algún momento pareciera que el detonante de la tristeza es la muerte de una madre), pero el personaje nunca es capaz de aclararlo. Por lo que se torna un poco confusa.

Aún así, la labor de puesta en escena crea puentes entre las lagunas. Collet dirige yendo del drama a la comedia, según el destino de cada bloque dramático. Cada escena plantea un juego emocional distinto para los personajes, a través de un elemento que los conecta con su vida: un álbum familiar, una maleta, un pantalón, o la presencia de dos fantasmas femeninos.

 2 Segundos cumple con el esquema del teatro de cámara existencial, humanos encerrados en medio de un espacio que funciona como excusa para desgranar temas profundos en contextos antinaturales. Parece surrealismo, pero no lo es. Emulando –consciente o no- estructuras que recuerdan, en mejor modo, a El Ángel Exterminador, o la obra fundadora del género, Huis Clos (A Puerta Cerrada, en español) del filósofo francés, Jean Paul Sartre.

Teniendo estas referencias a sus espaldas, la pieza de Collet no termina por engranar motivaciones con acciones y, es por ello que quizá se tambalea constantemente en el desarrollo de su historia.

La pieza la protagonizan Antonio Delli y Julián Izquierdo, y los acompaña Dennys Camacho, en dos personajes menores.

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Antonio Delli  Foto: Daniel Dannery

En el apartado actoral, quizá los nervios del estreno esquematizaban sobremanera la labor del dúo masculino frente a la puesta en escena. Aún no se dejaba ver la naturalidad de los actores frente al texto en movimiento, pero a simple vista, la química entre ambos devela la energía de fondo, pues se entregan cara a cara (face off), y por momentos conectan con la naturalidad del “hablarse a uno mismo”. Pues es lo que “uno” hace con el “otro”, relación inquebrantable, por ser ambos la misma persona, como un espejo.

Al finalizar la función, en medio de los aplausos y la alegría que presupone llevar a escena un nuevo trabajo, las palabras vuelven a tomar su lugar y el director exclama: “El teatro es nuestra forma de protesta”. Una forma de tomar conciencia frente a los tiempos violentos que vivimos hoy en día en nuestra ciudad –y el país- y en la que el teatro comienza a asumir un rol, pues son los artífices quienes en medio de la crisis que azota al país, siguen creyendo en la capacidad creativa del hacer frente a la adversidad. Mientras tanto, la política se empeña en sembrar inacción.

El resto de la obras que componen el festival estarán bajo la batuta de otros jóvenes directores, tal es el caso de Mateo Cestari con su versión de Jane Eyre, detrás del fuego, basada en la novela de la inglesa Charlotte Brontë, La dama y el oso, de Ida Gramcko y Eleonora, adaptación de la obra Casa de muñecas de Henrik Ibsen, dirigida por Andreína Salazar.

El Viaje Teatral se llevará a cabo hasta el 1 de octubre en el Teatro Luis Peraza – Centro TET- los viernes a las 6:30 p.m. y los sábados y domingos a las 4:00 p.m.

Toda la información sobre las obras participantes del festival, el lector puede encontrarla a través del portal web del Centro de Creación Artística TET.

(*)En muchos casos también funciona como una plataforma para nuevos productores, escenógrafos, utileros, vestuaristas, y mucho más. En algún momento incipiente de nuestra labor cultural, muchos de ellos lograron hacer cine, publicidad y moda. Hoy por hoy, una industria que ha pasado por un proceso de metamorfosis que la tiene en terapia intensiva.

 

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