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¿El fin de Gay Talese?

"El motel del voyeur" (Alfaguara, 2016) siembra la polémica en la carrera de uno de los mayores representantes del periodismo literario

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Gay Talese es una leyenda viva del llamado “Nuevo Periodismo”, corriente periodística en la que la investigación apunta a hechos reales que aparentan ser ficcionales. Aquí el escritor afianzándose en la conciencia del lenguaje, hace de la indagación una pieza narrativa. Entre uno de sus trabajos más reconocidos se encuentra Frank Sinatra está resfriado, una formidable crónica sobre el cantante apodado “La voz”, considerada la mejor historia publicada en la prestigiosa revista Squire.

A principio de la década de los años 80, Talese recibe la carta de un hombre que es propietario de un motel en la población de Aurora en el estado de Colorado (EE.UU.), alegando que tiene información de interés para el autor: un diario exponiendo la intimidad de sus huéspedes. En la carta el hombre revela que las habitaciones están acondicionadas para que dos sujetos (al mismo tiempo) puedan observar el interior de los cuartos a través de unas falsas rejillas de ventilación ubicadas en el techo. El sujeto le extiende una invitación para que visite el motel y sea partícipe de la experiencia voyeurista, siempre y cuando, Talese lo proteja manteniendo su anonimato.

Aunque el cronista acepta la invitación,  pone en duda realizar algún trabajo escritural sobre el curioso voyeurista. Apegado a la realidad, él siempre ha colocado los nombres verídicos de las fuentes y de aquellos que forman parte de sus historias, característica que lo ha definido en su trayecto por el periodismo narrativo.

Al llegar al aeropuerto el escritor es recibido por Gerald Foos, la persona detrás de la carta. En su breve visita (unos cuatro días) Talese observa, desde el perverso escondite construido por Foos, a una mujer complacer sexualmente a su pareja. En las conversaciones con Gerald llega a conocer los orígenes que motivaron su parafilia, comportamiento desencadenado por la figura de la tía Katheryn, la atractiva hermana menor de su madre a la que el voyeurista espiaba día a día por la ventana.

Al término de la visita, el interés de Talese se orienta hacía los diarios de Foos, los cuales comienzan a llegar vía correo a su domicilio. Este proceso, que duró meses y luego años, aunado a la experiencia anterior se convirtieron en el libro que es hoy. Gerald Foos (al paso de los años) autoriza al escritor a que realice el trabajo, asumiendo los riesgos que se puedan generar ante la ley.

El motel del voyeur rompe con los principios que han caracterizado la labor periodística y narrativa de Talese: al ser su estadía breve, el libro se fundamenta en los registros realizados en el diario de Gerald Foos y no en su rol activo como periodista. A diferencia de sus otros libros Talese no es parte activa de la historia. Cabe recordar que para su libro La mujer de tú prójimo (Doubleday: 1981) el autor pasó más de 10 años documentándose, y se empleó en el Sandstone Retreat (un resort swinger al sur de California) para explorar el comportamiento sexual de los norteamericanos desde los años finales de la Segunda Guerra Mundial hasta la década de los 70.

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Aquí comienza la polémica, ya que El motel del voyeur se convierte en un diario intervenido por el escritor: comentarios que acompañan los registros de un sujeto de dudosa reputación.
Para sostener la veracidad de su fuente, Talese incluye en el libro variadas fotografías del archivo de Foos: imágenes de las habitaciones alteradas (mostrando los lugares donde se encontraban las rejillas de observación); algunas fotos de Gerald compartiendo con sus esposas en momentos familiares (se casó dos veces y ambas fueron cómplices de su voyeurismo) y otras del área donde se encontraba el hotel luego de su demolición.

Sin embargo las inconsistencias persisten en debilitar la historia: las fechas que indica Gerald no concuerdan con los tiempos en los que dice haber sido el propietario del motel. También alega ser testigo de un crimen perpetrado dentro de una de las habitaciones; información que ningún ente policial logra corroborar. No por esto El motel del voyeur deja de ser interesante.

¿Las memorias recopiladas en El motel del voyeur son las propias de un pervertido? Para Gerald Foos definitivamente no, considera a su diario un aporte a la ciencia. Para él sus registros son “estudios” que otorgan resultados reales del comportamiento de las personas cuando se encuentran a salvo del ojo crítico de sus pares. Una respuesta honesta ante otros diferentes estudios donde los sujetos saben que son observados.

Talese con su reciente libro ha infligido una fisura cargada de dudas en el imponente muro que es su carrera. Los lectores tienen la última palabra.

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