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Gabriela Gamboa da un paseo por la historia del videoarte en Venezuela

La artista venezolana resumió la historia del videoarte en Venezuela a través de su propia experiencia

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El videoarte es algo complejo de definir incluso para Gabriela Gamboa, cuya trayectoria en esa área suma ya 30 años de experiencia. Para la artista, este instrumento de expresión vanguardista le ha servido para indagar en las artes plásticas y también como un recurso experimental, irremediablemente influenciado por el desarrollo de la tecnología.

Gamboa resaltó los momentos más importante en la historia del videoarte en el mundo y en Venezuela durante una charla ofrecida en la librería Lugar Común de Altamira el martes 28 de marzo. Mencionó, para empezar, al pionero en el área Nam June Paik (1932-2006), cuyo aporte consistió en analizar el rol que ocupa la tecnología en la vida cotidiana y cómo transmitirlo de manera novedosa.

El primer paso del coreano June Paik fue explorar el lenguaje técnico y estético de los nuevos artefactos que se lanzaban al mercado en la década de los sesenta, como el televisor, para luego enviar un mensaje artístico desde las mismas pantallas de T.V. que criticaba.

 

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“Quiero transmitirles desde mi experiencia, cómo el videoarte me ha permitido expresarme”,afirmó Gamboa. Foto: Gerardo Rojas

En torno el momento cumbre del género, Gabriela Gamboa señaló que mientras June Paik desarrollaba su obra en Norteamérica, en Venezuela, los artistas Jacobo Borges Régulo Pérez, y Margarita D´Amico, periodista y promotora de las artes electrónicas, realizaron una increíble muestra titulada Imagen de Caracas (1963 – 1968).

La conferencista recordó que a raíz de ese trabajo, en 1969, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas (MAC) admitió una de las obras de videoarte más importantes que se haya producido, una pieza creada a cuatro manos entre June Paik y la violonchelista Charlotte Moorman. Para esa época, Sofía Ímber y Margarita D’Amico también reconocían los aportes del fotógrafo Claudio Perna dentro del videoarte en Venezuela.

“En 1975, el MAC hace la primera gran exposición de videoarte llamada Arte en video, nuevamente coordinada por Margarita D´Amico, con instalación de June Paik, Douglas Davis, Shigeko Kubota y Charlotte Moorman, y por Venezuela, Régulo Pérez y Jacobo Borges”, continuó Gamboa.

–En los 80 -afirmó- comenzaron a surgir en la escena del videoarte criollo, artistas como Nan González con sus  performance ante la cámara. No lo hacían para la documentación de una obra efímera, sino como una obra de video independiente. La artista también mencionó a Nela Ochoa, quien además del performance, trajo una propuesta alternativa a la que llamó  video-cultura.

 

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Primera obra de Gamboa expuesta en 1990 en el Museo Alejandro Otero

La experiencia de trabajar en la película Tisure (1986) de Andrés Agustí le sirvió a Gabriela Gamboa como un primer acercamiento al video. Tras ese proyecto, decidió estudiarlo un poco más en serio. “En aquella época las cámaras de video eran grandes y pesadas. Normalmente se contaba con una sola y el proceso era doloroso, pero descubrimos trucos y recursos que podíamos emplear”, apuntó.

“Los salones, las galerías y los museos comienzan a aceptar el videoarte en los 80. Se inaugura el Instituto Universitario Armando Reverón, actual Unearte, donde se crea la escuela de videoarte. El primer grupo de egresados de la institución estaba integrado por artistas maravillosos como Jorge Domínguez y Jaime Castro. Nacía la cátedra de lo que llamamos nuevos medios, donde Sandra Pinardi, Antonieta Sosa y yo construimos el pensum”, dijo sobre esos años.

Gamboa muestra en 1990 su primera obra individual en el Museo Alejandro Otero y una década más tarde, el Museo de Bellas Artes recibe Video Habitats una muestra con participación de más de 20 artistas venezolanos. A partir de ese momento el videoarte se instala de manera formal como una expresión artística contemporánea en Venezuela.

“Durante esa época se evidenció en el videoarte el predominio de la representación femenina. Artistas como Nela Ochoa, Magdalena Fernández, Nan González y Sandra Vivas lo integraron a su obra habitualmente”, añadió.

 

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“Uno solo descubre la falta de documentación cuando se plantea presentar una charla”.

Pero además, las mujeres también fueron reconocidas por sus labores en el videoarte. Nan González y Gamboa recibieron el primer y segundo premio respectivamente en el Salón Arturo Michelena del 2001. Sobre ello la conferencista refirió: “Hice una instalación muy oscura, porque me gustan los espacios alternativos. Otro punto a favor del videoarte es que te da esa posibilidad de apropiarte de espacios que tradicionalmente no son aptos para obras plásticas”.

Esta es una de las principales características del videoarte, cuyo formato permite plena movilidad y su instalación puede cambiar dependiendo del tema que aborda el autor. Esa capacidad de mutar y transformarse en una obra completa es algo que Gamboa admira de este recurso.

“Desde que recibí el premio Michelena y hasta 2008 no toqué la cámara por razones personales”, comentó la artista. Cuenta que después contactó a uno de los padres del videoarte, el estadounidense Gary Hill, con quien hizo un trabajo aquí en Venezuela. “Hill realizó un taller y montó una obra aquí en el país. Él no solo es un conocedor del lenguaje del videoarte, sino que su obra es muy extensa, variada e intelectual”, aseguró sobre él.

Fue el mismo Hill quien le dijo a Gabriela Gamboa que nunca se deja de ser artista, lo que la hizo retomar la cámara y regresar al videoarte. Este viernes 7 de abril empieza el taller de Video-Arte que realiza Gamboa en el Centro de Investigaciones y Estudios Fotográficos (Cief).

 

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