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Graves lesiones en el patio de juego: No hay límites entre el amor y el dolor

Como parte del III Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense La Caja de Fósforos estará presentando Graves lesiones en el patio de juego de Rajiv Joseph

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Graves lesiones en el patio de juego es una emotiva obra de teatro sobre el amor y el dolor, escrita por Rajiv Joseph y  dirigida en esta ocasión por Carlos Fabián Medina. Como parte de la programación del III Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense, patrocinado por la Embajada de los Estados Unidos en Venezuela, la pieza se estará presentado en La Caja de Fósforo hasta el 10 de octubre. La obra cuenta con las actuaciones de Carolina Torres como Kayleen y Ricardo Nortier como Doug; los protagonistas que le darán vida a esta extraña y difícil relación amorosa.

La pieza presenta la historia de un par de niños, Kayleen y Doug, que se conocen en la enfermería del colegio, luego de que él sufriera un accidente en el techo con su bicicleta y ella se sintiera mal del estómago. Desde esta primera escena Rajiv Joseph le plantea al público una peculiar relación entre los dos que se caracteriza, esencialmente, por las cortadas, cicatrices, lesiones y visitas al hospital.

“Las mazmorras son un lugar al que la gente va para estar tranquila” frase del personaje Kayleen. Foto de Ricardo Nortier.

La obra no posee una estructura temporal lineal, sino que se organiza por diferentes episodios aleatorios de la vida de estos dos personajes. De la infancia se salta a una escena de su adultez, para luego volver a representar algún episodio de su adolescencia o de su pasado juntos, por lo que cada escena es un fragmento que se articula con los demás para dar sentido y coherencia a la historia.

Esto es posible gracias a la asistencia de escena de Danny Cruz y Diego Rodríguez, quienes con bragas de obrero mueven camillas, arman la puesta en escena y cambian la escenografía en cuestión de minutos. Los actores salen de unas cajas que parecen de muñecas, en las que se cambian de vestuario frente al público antes de que inicie un nuevo episodio, mientras suena alguna canción a cargo de Carlos Fabián Medina. Todos estos detalles que conforman la obra, desde las escenas, la escenografía, la actuación, el vestuario e incluso la iluminación hacen de la pieza una producción compleja, llena de detalles y movimiento.

La profundidad psicológica de Kayleen y Doug es un elemento digno de destacarse, puesto que, esta suma más dificultad a la realización de la obra. Doug es un experto en causarse lesiones, está obsesionado con tener accidentes que le dejan cicatrices y dolores de diferentes grados. Por su parte, Kayleen posee una incesante agonía interna, está llena de malos pensamientos que la llevan a vomitar constantemente o autolesionarse. Ambos poseen en su dolor un punto en común, gracias al cual, logran desarrollar una relación por treinta años de sus vidas a pesar de los encuentros y desencuentros. De esta forma, la delgada línea que separa al amor del dolor queda difuminada en la peculiar conexión de ambos. Por lo cual, podría decirse que sin el sufrimiento físico no es posible la existencia de la felicidad o el encuentro entre los dos personajes.

“Te necesito a ti para sanar, necesito tus manos en mis heridas” frase del personaje Doug. Foto de Ricardo Nortier.

Toda la pieza teatral está articulada bajo el concepto del amor como herida, puesto que, en la historia este se relaciona directamente con el dolor físico. La obra presenta una versión peculiar, anómala y extraña de lo que es el romance, lo que le deja al espectador el sabor de un amor triste, incompleto, ficcional que nunca llega a suceder en su totalidad. La tragedia va acompañada del júbilo que se presenta en la relación de Kayleen y Doug, quienes necesitan sufrir para encontrarse y congeniar. Sin poder establecer un límite entre sufrimiento y amor, los dos muestran un extraño placer por las cicatrices del otro construyendo así, una relación agridulce de lesiones.

A pesar de ser un joven director, Carlos Fabián Medina busca llevar a las tablas la representación de algo tan universal como lo es el amor, para transformarlo y hacer conectar al público con sus propias historias personales. La pieza le enseña al espectador que cada tragedia trae consigo la oportunidad del reencuentro, la capacidad de sanar y volverse más fuerte ante las adversidades que se presenten; una moraleja pertinente dada la difícil situación actual que atraviesa el venezolano. La puesta en escena de conceptos absolutos y universales conecta con la sensibilidad del público, quien podrá llegar a comprender que entre el amor y el dolor puede no existir límites que los distingan.