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Gustavo Dudamel: A los músicos nos queda tocar, cantar y luchar

Cinco conciertos de Ludwin van Beethoven se escucharon en la Sala Simón Bolívar para celebrar los 42 años de El Sistema

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Desde las diez de la mañana personas de todas las edades comenzaron a congregarse frente al Centro Nacional de Acción Social por la Música, también conocido como La Sede, en Quebrada Honda. Los asistentes esperaban pacientes que sus relojes marcaran las dos de la tarde para poder entrar, pero las horas de espera lo valían. No todos los días se tiene la oportunidad de presenciar un concierto en el que Gustavo Dudamel dirige piezas de Ludwin van Beethoven. Para vivir aquello, amantes y curiosos de la música aguardaban por su boleto y su asiento. No todos lo obtuvieron.

Durante cinco días sonaron las melodías de Beethoven dentro de la sala Simón Bolívar de La Sede. El viernes 24 de febrero, Dudamel dirigió a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, la Coral Nacional Juvenil Simón Bolívar y las voces de la soprano Ámbar Arrias, la mezzosoprano Marilyn Viloria, el tenor Jesús Herrera y el barítono Jonás Yajure, para regalarle al público una interpretación de la Novena Sinfonía en Re menor del compositor alemán.

Fueron muchos los que se quedaron con las ganas de presenciar el espectáculo, pues las casi mil doscientas butacas del recinto -tapizadas con los diseños del artista cinético Carlos Cruz-Diez- estaban ocupadas. Los que lograron recibir su entrada gratuita, tuvieron la oportunidad de compartir un saludo y de llevarse una fotografía con Dudamel, quien casi inadvertido se encontraba en el cafetín de La Sede recibiendo las muestras de cariño.

“La semana de conciertos ha sido maravillosa. Estoy reencontrándome con todos los muchachos y muchachas de la Orquesta y estamos contentos de hacer Beethoven. Ésta es mi familia. Me siento muy bien y feliz en Venezuela”, dijo Gustavo Dudamel a Esfera Cultural. “Beethoven es un compositor muy complejo, que lo estemos interpretando y que la gente lo aprecie y lo sienta suyo creo que es lo más importante. Por eso no puedo estar más feliz de ver a todos los jóvenes aquí”, agregó con voz y semblante calmo, refiriéndose a la concurrida asistencia del público durante toda la semana de conciertos.

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El órgano de la Sala Simón Bolívar, construido exclusivamente para La Sede por la empresa alemana Orgelbau Klausbun y donado por Fundación Polar

Pasadas las cuatro y media de la tarde, la Orquesta y la Coral tomaron el escenario de la sala, la cual fue diseñada por el Premio Nacional de Arquitectura 2014, Tomás Lugo.  Junto a ellos, ingresaron Gustavo Dudamel y el Eduardo Méndez, Director Ejecutivo de Fundamusical, quienes compartieron unas palabras sobre los 42 Años del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela.

El maestro José Antonio Abreu nos sembró una condición: la lucha. Tocar, cantar y luchar», dijo el afamado director para empezar. Aprovechó la oportunidad para rememorar su experiencia dentro de la evolución de El Sistema y comenzó con sus inicios en Barquisimeto: «Me tocaba el violín los martes y los viernes porque lo tenía que compartir con otros niños (…) estábamos brincando de sitio en sitio y nos llamaban la Orquesta de los Sintecho, porque no teníamos dónde desarrollarnos artísticamente».

«Entre el 2001 y el 2003 el maestro Abreu nos traía aquí, a este sitio que era tierra, estaba éste escenario que era cemento solamente y no había ni una pared. Entrábamos con cascos y tocábamos», recordó y evocó las palabras de Abreu cuando llegaban a aquel terreno: «mis queridos, escuchen, la mejor acústica del mundo». Sobre eso explicó: «No era la mejor acústica del mundo, evidentemente, no había ninguna acústica. Pero había una visión. Esa misma evolución en la infraestructura, gracias a la cual ahora tenemos esta sala tan maravillosa, ha sido resultado de un crecimiento humano y artístico. Nuestras orquestas ahora suenan en un altísimo nivel. Nuestros coros cantan en un altísimo nivel», puntualizó.

Pero no siempre fue así, apuntó: «Algunas personas se me acercaban y me decían que esas orquestas sonaban mal, pero no sonaban mal, sonaban como tenían que sonar y sobre todo sonaban con la entrega y el amor, y es por ello que nosotros estamos aquí hoy en día”.

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Precisamente a las críticas, Dudamel respondió con firmeza. “El Sistema ha sido una lucha de muchísimos años. Nos podemos imaginar toda la avalancha de críticas que el maestro Abreu recibió en su tiempo, y que ahora sigue, seguimos recibiendo. No importa, nosotros seguimos tocando, cantando y luchando, porque estamos convencidos de que es una realidad, es palpable. Esto es una realidad, es un lujo merecido, y el maestro lo dice sabiamente ‘la cultura para la gente humilde no puede ser una pobre cultura’ tiene que haber espacios dignos», dijo.

El también director de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles y de la Sinfónica de Gotemburgo se mostró muy agradecido con Abreu y refirió hacia el final de sus palabras que la mejor manera de retribuirle todo el esfuerzo invertido en El Sistema era continuando el legado: «No tenemos como pagarle al maestro toda esa lucha, toda esa vida que nos ha entregado y que nos sigue entregando, por eso el aplauso eterno al maestro Abreu. Sigamos haciéndolo con la forma de amor más hermosa que nos ha enseñado: la música, esa transformación infinita, profunda. Somos privilegiados por tenerla y por compartirla”.

La Fundación Musical Simón Bolívar de Venezuela ha beneficiado a ochocientos mil niños y jóvenes en el país, siendo un modelo internacional de inclusión social que ha sido replicado en países latinoamericanos y de otros continentes.

El Himno de la Alegría

Después de haber realizado esta maratón de conciertos en Bogotá, Colombia (2015), en Barcelona, España (2016) y en otros países europeos con muchísimo éxito, desde el lunes 21 de febrero le tocó al público venezolano escuchar el homenaje a la obra de Beethoven. Este ciclo se presentará también en el continente europeo en marzo.

La Novena Sinfonía en Re menor fue la última sinfonía que el genio musical compuso –casi totalmente sordo- antes de morir. El cuarto movimiento versa un fragmento de la Oda a la alegría, escrita por el poeta y amigo del compositor alemán, Friedrich von Schiller.

Un público conmovido

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Ludwin van Beethoven

El concierto movió las hebras del público, que aplaudió conmovido y eufórico al final de la obra. Incluso desde la Península de Paria se acercó una madre con su pequeño de 9 años a disfrutar del concierto. “Fue espectacular. Vine dos veces, una con mi abuelo para celebrar su cumpleaños número 72 y hoy con mi mamá. Me gusta la música”, compartió con alegría Luziano.

“La calidad musical fue sumamente impecable, valiosísimo. La interpretación fue una de las más vivas, más reales que he escuchado. Quedé impresionado. El público hoy pudo acercarse a una obra cien por ciento acertada, muy buena y extremadamente hermosa”, compartió Frank Castillo, músico de orquesta asistente al concierto.