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Harry Almela: «Daños Colaterales»

"Nos leemos en este libro, en esta hora en la que todos nos pertenecemos". Esta frase de Alberto Hernández sintetiza el libro dolorosamente realista que es " Daños colaterales" de Harry Almela

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Milagros Socorro, Alberto Hernández y Graciela Yáñez Vicentini , ayer 30 de julio, presentaron en emotivo acto, los dos primeros libros de poesía de la Colección Memorial de La Fundación  Poeteca. Se trata de  Gramática del alucinado, de Hesnor Rivera y  Los daños colaterales de Harry Almela.

Alberto Hernández  autor del epílogo del libro de Harry Almela, tuvo a bien  enviarle a esferacultural.com ese texto  para su publicación en el portal. Agradecemos este  gesto  porque  el epílogo como indica la palabra, resume las principales ideas que afloran en los versos de Almela y en el discurso de presentación del libro de Hernández.

 

UNA BRUMA EN EL HORIZONTE

**Alberto Hernández**

 

                                                          Tampoco tuve tiempo

                                                          de recubrirme de verdín y óxido

                                                          y transmigrar:

                                                          nacimiento-sepultura-nacimiento,

                                                          de pertenecer a los recuerdos

                                                          y ponerme amarillo

                                                          hoja tras hoja en un libro pesado

-Hayyim Guri-

 

Ya es libro desde la memoria y la escritura el paso de Harry Almela por la tierra. Son libros los que deja porque su escritura es una marca que abriga todos los verbos, la sustancia de su acritud ante la realidad que lo convulsionaba y nos convulsiona.

Y con éste, el último que dejó para que se hiciera testamento, Harry cierra un ciclo, el de su ausencia física, y abre otro, el de su presencia espiritual, porque la poesía seguirá siendo el espíritu vivo de los poetas que dicen morir.

Harry siempre estuvo muriendo, siempre delegó en el tiempo la angustia de ser la agonía del otro, la que le dolía y lo hizo sucumbir. Como todo daño colateral, nuestro autor fue una víctima propiciada desde el odio, desde el discurso del poder contra quien albergaba el deseo de verse en una calle y seguir siendo voz y presencia humana.

Harry no tuvo suficiente tiempo, por eso afirma que “veré morir a tantos/ en este mar muerto/ que se muere”, metáfora que traza el contenido de este libro en el que se resume toda la poética de los últimos quebrantos de Almela.

Desde aquella patria forajida hasta ésta que ya no le pertenece, nuestro autor se aproxima más a la tragedia: la hace suya, la describe, la toca, la vive y la muere él en su propia implosión corporal, tanto en el poema como en su carne: duélete en tu corazón/ lo que has ganado. Allí deja, en dos versos ese dolor que despidió una mañana, que fue su nacimiento y su sepultura.

Todo nacimiento devela el tiempo que vendrá. Es una escritura, es la traducción de lo que no era y será: lo que no está escrito/ aún espera, y Harry, el poeta angustiado, no quiso esperar más, aunque dejó escrito lo que esa espera pudo haber contenido.

En este libro, en esta piel rota, anda el poeta cercano al desierto. Dedicado a ser parte de una cultura de la cual disfrutó sus oraciones y sufrió su historia, la muerte de tantos que luego se convirtió en poemas, en Escribir en un dialecto que me odia, como si fuera la sangre, la suya, en el dolor ajeno, desde el martirologio, desde la desgarradura de los tantos hombres y mujeres que tuvieron como patria el crematorio. Pero también desde su país, el del paisaje forajido, el del sombrío país donde la niebla nos diluye.

Desde este libro que pesa en nuestra hogaza de pan agrio. En este libro del poeta anclado en la esperanza o el temor, respira el largo momento que vivimos, en la zozobra del verbo criminal, en la tensión primitiva del que asoma el hocico y quebranta la vida.

Y así, desde la burbuja/ la patria es una bruma/ en el horizonte,

el que tantas veces oteó Harry Almela en las muchas calles de su país y del mundo.

Su lectura vela siempre en oración. Es una vigilia permanente, en la que la dolina nos obliga/ a escarbar en los desastres.

Nos leemos en este libro, en esta hora en la que todos nos pertenecemos.

 

» Daños colaterales» sobrevive a la muerte física de su autor, Harry Almela. Foto Cortesía de La Poeteca

(Epílogo para “Los daños colaterales”, de Harry Almela, publicado por la Fundación La Poeteca de Caracas, Caracas, 2019)