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Hesnor Rivera: «Gramática del alucinado»

Con a colaboración de la escritora Jaqueline Goldberg presentamos una información que facilita la aproximación a la poesía de Hesnor Rivera.

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Una información biográfica concisa y completa sobre Hesnor Rivera, autor del poemario Gramática del alucinado publicado recientemente por Fundación La Poeteca, junto a Daños Colaterales  de Harry Almela, antecede la publicación del epílogo del libro de Rivera  escrito por Valmore Muñoz Arteaga . Asimismo en esferacultural.com , tuvimos la oportunidad de difundir la síntesis de Alberto Hernández sobre la obra de Almeda. Los dos libros de poesía inauguran  la colección Memorial de La Poeteca.

 Hesnor Rivera: recuento de su trayectoria

Hesnor Rivera [Maracaibo, 1928 / 2000],es un reconocido poeta, periodista, locutor, profesor universitario venezolano. Licenciado en Letras por la Universidad del Zulia, donde fue destacado académico en el área de Literatura Española.

En 1949, junto a Otto Rincón, Hesnor Rivera, inició viaje por tierra que los llevó a Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil y Argentina. En Chile se quedó hasta 1951, allí inició estudios de Filosofía y Letras y se relacionó con el grupo Mandrágora. En 1953 visitó a Juan Sánchez Peláez en Bogotá y en su casa escribió el célebre poema «Silvia».

Entre 1958 y 1960 viajó por España, Francia y Alemania. Fue uno de los fundadores del Grupo Apocalipsis, que arrojó vanguardia al panorama literario local y nacional entre 1955 y 1958. Rivera ingresó en el diario Panorama en 1962 como secretario de redacción y fue subdirector entre 1965 y 1987, año en el que se retiró del periodismo tras obtener diversos reconocimientos como el Premio Nacional de Poesía [1979] y Premio Regional de Literatura Jesús Enrique Lossada [1992]. Fue merecedor de condecoraciones como la Orden Andrés Bello [1975] y la Orden Francisco de Miranda [1979]. Asiduo colaborador de Zona Franca, El Nacional, El Universal, La República, Revista Nacional de Cultura, Imagen y Puerta de Agua, entre otras publicaciones.

Autor de los libros de poesía En la red de los éxodos [1963]; Puerto de escala [1965]; Superficie del enigma [1968]; No siempre el tiempo siempre [1975]; Las ciudades nativas [1976]; Persistencia del desvelo [1976]; El visitante solo [1978]; Elegía a medias [1978]; La muerte en casa [1980]; El acoso de las cosas [1981]; Los encuentros en las tormentas del huésped [1988]; Secreto a voces. Sonetos completos [1992]; Hesnor Rivera. Antología poética [1993]; y Endechas del invisible [1995].

 

Hesnor Rivera Foto: Mauricio González

 

Hesnor Rivera: La alucinada gramática del amor

Valmore Muñoz Arteaga

 

Hesnor Rivera [Maracaibo, 12 de julio de 1928 – 17 de octubre de 2000] es la más alta voz de la poesía zuliana y, sin duda, una de las más importantes de la poesía moderna venezolana. Poesía que se inserta dentro de la renovación literaria que encabezaron Juan Sánchez Peláez, Adriano González León y José Lira Sosa, entre tantos otros que se atrevieron a dar el paso que faltó a la generación del grupo Viernes. El paso que supone el desafío, como dice en su más conocido poema «Silvia» [1953], «a la sombra que se antepone al bosque. El desafío al bosque que se antepone al cielo». Un desafío que, en el caso de Hesnor Rivera, parece haber hallado en una endemoniada ascensión a los infiernos silenciosos de la palabra un atajo que tradujera a nuestra realidad del trópico borracho trazos del romanticismo alemán y del surrealismo más alucinante.

La obra poética de Hesnor Rivera es testimonio siempre vivo de lo que fue una travesía por la vida desde la poesía, porque lo suyo fue vivir poéticamente. Su obra es la constatación de un imaginario que teje y desteje a Maracaibo, desaparecida por el sol de otros tiempos, para transformarla en una ciudad universal donde se pueden rumiar en secreto túneles hambrientos, naufragios de incendios melancólicos y las aguas de los desastres.

 

Hesnor murió cuando no recordó más sus poemas. En silencio se fue haciendo invisible en medio de su risa de trueno enamorado. Sin embargo, antes de hacerlo, dejó una gramática para despertar «en la imaginación ajena otras gramáticas en las que las alucinaciones alcancen el loco y enamorado dinamismo de los bellos seres del mundo».

 

La imprudencia del amor lo exhortó a apostar por una propuesta que renovara las letras zulianas. Esa propuesta fue la fundación del grupo Apocalipsis en 1955 [junto a los poetas César David Rincón, Ignacio de la Cruz, Atilio Storey Richardson, Miyó Vestrini, Néstor Leal, Laurencio Sánchez Palomares y Régulo Villegas, y los artistas visuales Francisco Paco Hung, Rafael Ulacio Sandoval y Homero Montes], cuyo nombre no sólo debe ser relacionado con un instante determinado dentro de la literatura zuliana, sino también como expresión de un momento muy intenso dentro de las letras venezolanas. Tan intenso que la literatura nacional no volvió a ser la misma, incluso tras su desaparición en 1958. La década de los 50 es determinante para lo que vendría a tejerse luego en el arte de las palabras. Una década íntimamente relacionada con el verdadero sentir de la vanguardia surrealista y su significado libertario. Un significado que no supieron manejar ni valorar los integrantes de Viernes, pero que sí explotarían los jóvenes poetas que tomarán la palabra a mediados del siglo XX. Poetas valientes que parten de sus experiencias en el exterior, particularmente en Santiago de Chile, donde entrarán en contacto con un universo de imágenes que, unidas a sus previas lecturas de los surrealistas y futuristas europeos, forjarán un puente simbólico hacia otros mundos atrapados dentro de ellos mismos. El contacto con Mandrágora, grupo fundado en 1939, la obra poética de Pablo Neruda, Rosamel del Valle, Pablo de Rokha y el Vicente Huidobro de Ciudadano del olvido, harán posible que el surrealismo entre al país con el vigor y la conciencia necesarios para abrir definitivamente las compuertas de la modernidad poética.

 

Gramática del alucinado es el último trabajo poético de Hesnor Rivera, fechado en 1996. Aquí pone fin a una travesía que comenzó en el Chile de su exilio entre 1949 y 1951, bajo la orientación del grupo Mandrágora y los giros metafóricos que bebía de los senos desnudos de mujeres asomadas a los balcones y que amaban hacer el amor.

Supe de la existencia de este libro por boca del propio poeta. Una mañana de 1998, en la Universidad Católica Cecilio Acosta, conversamos sobre su deseo de que su más reciente libro estuviese acompañado de un cedé en el cual él mismo leyera los textos. Hesnor disfrutaba profundamente recitar. Creo que no hay poeta que lo haga con la pasión que él derramaba frente a un auditorio, al que emborrachaba entre metáforas que hablaban de sus antepasados marinos, de tiempos que vuelven siempre y de una mujer cuya mirada mágica lograba abrillantar la arena donde se tendía para huir de la noche. Esa mañana, por cierto, fue la última vez que conversé largo con él.

Su deseo no pudo concretarse, comenzó a volverse invisible y la gente, todos nosotros, ya no pudimos verlo cuando salía a respirar el humo de los amaneceres parados en la rama de la ventana. La Gramática del alucinado se transformó en un mito entre los amantes de su poesía. Terminamos creyendo que no existía, que nunca existió, que se trataba de otra de las invenciones maravillosas con las que inflamaba sus clases de Literatura Española en la Escuela de Letras de la Universidad del Zulia. Sin embargo, en 2014 Marta Colomina puso en mis manos una caja llena de papeles inéditos del poeta y allí estaban los poemas de la alucinada gramática de Hesnor Rivera, transcritos por su hija, Celalba Rivera Colomina. Poemas que leí con devoción y algo de tristeza, una tristeza tibia que fue echando raíces hasta volverse chorro de oro cálido. Leer estos poemas y no escuchar la voz del poeta es imposible para quienes tuvimos el privilegio de compartir con él. Y es que su poesía era él. Él era su poesía. Una misma carne transida por una liturgia maravillosa. Estos poemas consiguen ahora ver luz gracias a la Fundación La Poeteca y son una realidad servida, no sólo para los amantes de la poesía de Hesnor Rivera, sino como saludo poblado de esperanza para las nuevas generaciones. Un saludo que es un testimonio de una sensibilidad muy fina de quien quiso engañar a la muerte siendo semilla del amor en su sombra.

La gramática tradicional es producto de la racionalidad y, dirá el poeta, «la fría razón toma, entre sus férreas pinzas, a la mariposa de la palabra hablada o escrita, y la diseca hasta sus últimas consecuencias». Por ello Hesnor se atreve a proponer otra gramática producto de la endemoniada efervescencia del amor por la palabra, del amor ardiente por la vida, del amor como punto de encuentro entre todos los universos de la realidad, tanto material como espiritual. Una gramática que permita diluirnos en lo oculto, convocando al ser humano a liberarse a partir de la vida cotidiana, puesto que es la imaginación la que conduce a la conciencia al centro de las vibraciones fundacionales.

En Gramática del alucinado el lenguaje está fundamentado en el amor y sólo en el amor. El lenguaje respira desde dentro como si se tratara de un cuerpo fragmentado luego de haber hecho el amor y que, casi como artilugio mágico, comenzara a unificarse. Amor que no se dice, amor que se vive. Amor que bebe de la llama secreta oculta en el cuerpo para decirse a sí mismo, imposible de expresar desde la racionalidad de la gramática tradicional, puesto que se encuentra fuera de las fronteras de la razón, fuera del ámbito del lenguaje, allí donde la caricia quema e irrita. Amor loco surrealista que sólo ansía seguir ansiando lo desconocido en su brutal ambición de hacerse uno solo con el misterio y sentir que vive de esa forma en la infinitud de un universo distinto. Poemas alucinantes a partir de los cuales el cuerpo, que es lenguaje, se dispersa.

 Gramática del alucinado se construye desde la experiencia vital del amor y de la comunicación activa con las cosas y el universo. Ello también se concreta en el apartado «Otros poemas inéditos», que contiene textos hallados en los archivos personales del poeta, escritos entre 1988 y 1999.

Hesnor Rivera Foto: Cortesía de La Poeteca

 

Hesnor Rivera : Dos poemas del libro Gramática del alucinado

  El corazón de las cosas

Vuelvo a los mismos lugares

de antaño: no han cambiado

y sin embargo parece

que pertenecieran a una ciudad

donde nunca he vivido.

 

En los bares –en los restaurantes

donde solíamos hallarnos–

la gente –sobre todo

los borrachos habituales–

habla en otras lenguas.

 

En los mercados

nadie me conoce –me miran

como a un forastero

que llega de un país enemigo.

 

Me hace falta pasar.

Una vez más y otra vez.

Y de nuevo frente a tu casa.

En su sitio ahora

lo que hay es un árbol,

una ventana rota,

flores de otra época.

 

Lo que me ocurre en realidad

es que tú ya no existes.

Yo envejezco más de prisa.

 

Me vuelvo cada vez más pobre

y ante mi excesivo

amor por otros tiempos

se ha detenido

el corazón de las cosas.

 

————————————————-

 

Nunca a menudo todo el tiempo

 

Si te hubiera visto

tantas veces

como lo quise a menudo

ya no serías

como fuiste siempre.

 

No sentiría tu aliento

como sigo sintiéndolo

así no estés como ahora

para siempre a mi lado.

 

Lejos –más bien muy cerca–

de todas estas ilusiones.

La realidad extrae

las ventanas y las coloca

justo en los sitios

donde deben

comenzar los sueños

y desde ellas,

desde donde caen

las trampas mágicas

de la luz y la noche

–de la memoria y sus aguas

con las lámparas,

con las cabelleras

que vuelan como ángeles

sedosos para que la nostalgia

pueda descender

a las ciudades

justo en los sitios

donde se necesitan recuerdos.

 

Por eso si te hubiera visto

tantas veces

como lo quise a menudo

¿dónde andaríamos entonces?

¿En qué país destruido

por tormentas antiguas

dudaría tratando

de encontrar los pasos

de tu cuerpo

y tu sombra

–de tus formas que le dan

significado a los tiempos?

 

No las hallaré y no obstante

seguirás siendo

como fuiste siempre

como no serías

si te viera a menudo.