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El incomprendido humor de Garmendia

Salvador Garmendia estuvo en el ojo del huracán con su cuento " El Inquieto Anacobero" pero luego se destapó en sus "Crónicas Sádicas"

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En Crónicas sádicas (Caracas: El Estilete, 2016) Salvador Garmendia relata con humor nuestras torpezas ante la llegada del progreso.

El escritor nacido en Barquisimeto (1928-2001) fue reconocido y galardonado a lo largo de su carrera literaria, siendo acreedor de los siguientes premios: Premio Nacional de Literatura (1973); Premio Juan Rulfo (1989); y el premio Dos océanos (1992). También se destacó, durante los años 80, como Consejero Cultural en la embajada de Venezuela en Madrid, España.

Narrador, cronista y guionista de radio y televisión, Salvador Garmendia es una de las figuras relevantes de las letras venezolanas: novelas, cuentos y escritos de no ficción son parte de su elaborado mundo escritural. Memorias de Altagracia (Monte Ávila Editores, 1974) es considerada una de las obras más representativas del autor; ella enmarca con destreza la transición del género del cuento a la novela, Garmendia desarrolla relatos independientes que configuran, a través de la reiteración de sus personajes, un universo único. Piezas autónomas que en conjunto forman un gran rompecabezas.

La polémica también es parte de su obra: en el año 1976 es objeto de una denuncia judicial por parte del Bloque de Prensa Venezolano, motivada por la publicación de un cuento titulado El inquieto Anacobero en el diario El Nacional. El relato, inspirado en la figura del intérprete boricua Daniel Santos, expone los excesos y desmadres de las grandes y lujosas fiestas realizadas en la época que Venezuela era gobernada por el dictador Marcos Pérez Jiménez. El uso de un lenguaje crudo, donde el autor busca la cercanía con el hablar cotidiano, siembra el escándalo.

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Dos años después, en el año 1978, luego del escabroso episodio legal, el irreverente lenguaje de Garmendia obtiene la ansiada libertad en la propuesta del humorista y caricaturista Pedro León Zapata, que ofrece lugar a sus escritos en una revista inmune a la censura. Ahora Garmendia forma parte de un proyecto que rompe con la tradicional manera de escribir humor.

El Sádico Ilustrado se convierte en la primera edición de corte humorístico en nuestro país que pasa del formato de periódico a revista; contando con escritores profesionales que no habían incursionado de forma recurrente (hasta el momento) en el humor puro: Elisa Lerner, José Ignacio Cabrujas y Salvador Garmendia (por nombrar algunos). Además, incluyendo colaboraciones del escritor argentino Manuel Puig. Lo novedoso de la propuesta es el otorgamiento de peso literario al humor. La editorial El Estilete compila en las Crónicas Sádicas los textos del autor barquisimetano realizados desde finales de 1978 hasta mediados de 1979 para el mencionado magacín.

Consiente del triunfo que simboliza (ante la censura) su inserción en la revista, Garmendia expresa su dicha con la primera publicación que escribe para El Sádico Ilustrado, titulada Elogio de la mala palabra:

No sé si algún filólogo simpático se habrá detenido a calcular, en cifras, la cantidad de vocablos, provenientes del lenguaje común o pretencioso, que se han desintegrado, podrido o muerto, simplemente, a lo largo del tiempo, mientras las malas palabras, manteniéndose frescas y rosadas, siguen su camino, muertas de la risa. (p.9).

Luego, en las consecuentes notas realizadas y aquí compiladas, el autor hace un despliegue de su irreverente estilo, demostrando el día a día de una sociedad que no comprende (y que sigue sin entender) el arribo de la modernidad. Una ciudad capital compuesta por la inocencia y la torpeza de los hombres del campo, arrastrando costumbres que más adelante mueren sobre el concreto. El escritor como oyente e intérprete sustrae, desde lo primitivo, la risa. Sus crónicas están cargadas de contenido social. En Salvador Garmendia el humor es el vehículo para llegar al gran público, a esos lectores incautos que apuestan por una salida del aburrimiento. Aquí está la trampa: una vez asimilada la lectura los sorprende el impacto.

 

 

 

 

 

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