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IV Festival de Jóvenes Directores Trasnocho: un final anticlimax

En opinión de María Carolina García, la dirección de Kevin Jorges en "Cara de Fuego" no tuvo la eficacia que sí lograron otros montajes del Festival

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La IV edición del Festival de Jóvenes Directores culminó en un sorprendente e inesperado desenlace, de allí el  anticlímax de la situación.  El jurado conformado por Carolina Rincón, Javier Vidal, Luis Parada, Andrés Rojas y Solveig Hoogesteijn dio como ganadora, en primer lugar,  la puesta en escena de Kevin Jorges, Cara de Fuego de Marius von Mayenburg. Antes de exponer las razones por las que me sorprendió el veredicto, me gustaría hacer un balance de los trabajos presentados en esta edición del festival.

En principio me referiré a los textos dramáticos seleccionados por los noveles directores, éstos dan cuenta de una necesidad de hablarle al país. Asunto que me resulta no solo de vital importancia sino pertinente porque la escena nacional está cada vez más vinculada a un teatro irreflexivo que invita a la evasión. No puedo decir si eso está mal o bien, simplemente señalo que es una constante que responde a circunstancias particulares  que inciden en  la deformación del gusto del público. Como decía anteriormente, esta necesidad de hablarle al país, me resulta interesante , porque exhibe  un compromiso  de la escena que opera en distintos niveles y apunta a distintas direcciones que van desde lo político, pasando por la experiencia de la nostalgia del desarraigo  y hasta la preocupación por la deshumanización de las relaciones interpersonales.

Un segundo aspecto que me interesa comentar es la calidad de las propuestas escénicas. Algunas de mayor factura que otras y más eficientes en la relación con el espectador. A mi modo de ver, y es una opinión compartida por varios, hubo dos montajes cuya eficacia fueron indiscutibles: La edad de la ciruela  y Modo Avión de Jean Helmuth y Aitor Aguirre, respectivamente. ¿Por qué? Porque la formulación del discurso escénico fue clara, precisa y sobre todo, ambos montajes tocaron asuntos que movilizaron el interés del público, tanto en relación a la temática  como a la estética de la puesta.

En la foto de Edisson Urgilés, una escena de ” La edad de la ciruela” dirigida por Jean Helmuth

Por otra parte quisiera reafirmar mi posición frente al triunfo de la propuesta escénica  Cara de Fuego,  el cual me resulta inexplicable porque la capacidad de resolución escénica de una pieza tan compleja fue insuficiente, al menos poco satisfactoria, bajo mi perspectiva. En cualquier caso, este trabajo de Kevin Jorges no es de mi gusto por múltiples motivos que expuse, en su momento, en una columna anterior, de ahí mi decepción  ante el veredicto.  Supongo que la arriesgada apuesta , lo llevó al triunfo. Me hago muchas preguntas sobre esto, pero la impresión que tengo, es que  hay una degradación del gusto y un apego  hacia lo experimental que no es ni contemporáneo ni avant garde y que ciertamente revela  el desconocimiento que demanda la puesta en escena más actual.

Existe, desde vieja data, una pretensión renovadora en el teatro venezolano que no es real, puesto que el experimentalismo tiene sus asideros en la década de los sesenta. En el segundo y tercer número de la Revista de Teatro editada por El Nuevo Grupo, Humberto Orsini y Ugo Ulive, tienen una interesante aproximación en torno a este asunto y estoy hablando del año 1968. Lo experimental no es una excusa para ser mediocres y para darle legitimidad discursiva a cualquier cosa pero es parte de la tragedia del teatro en Venezuela, cosa que espero sea superada, eventualmente, con trabajo comprometido y formación académica.

En todo caso, es loable que iniciativas como esta se sigan llevando a cabo para darle plataforma a jóvenes que están en la búsqueda de un lenguaje propio como creadores escénicos. Espero que Trasnocho Cultural siga auspiciando estos esfuerzos en un país donde la apuesta por el sector cultural va en una dirección que limita la expresión individual y aspira  a la homogeneidad.