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Jacobo Borges : Hoy quiero que mi obra pase como un respiro (1)

Jacobo Borges revela momentos impactantes de su vida desde niño. Debido a la extensión del relato del artista lo editaremos en dos partes.

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Bélgica Rodríguez, Presidenta de Honor de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, capítulo Venezuela, tras los saludos de rigor en la  presentación del evento en la Sala TAC, el 19 de junio, dijo: “Nosotros en AICA, quisimos organizar e iniciar este proyecto de Encuentros con los Maestros.  Me emociona comenzar con Jacobo Borges; luego tenemos a Ángel Hurtado que vendrá directamente de Margarita y terminamos el primer grupo, con Régulo Pérez que está aquí –  aplausos – y después en septiembre, Abilio Padrón que también está aquí con nosotros – aplausos –

-Esta es una idea que se nos ocurrió en una de esas reuniones que hacemos en nuestra Asociación, junto a tantas actividades – continúa Bélgica Rodríguez- y para mí presentar a Jacobo Borges, es parte de una gran emoción, porque nos conocemos desde finales de 1999 ,no de 1989, a ver ¿Cuándo cayó Pérez Jiménez? 1958 ( risas) y nos conocimos en casa de Aquiles Nazoa que vivía en San Martín y ahí se reunía un grupo de gente muy divertida, con muchas cosas para conversar y Jacobo también participaba recién llegado de París . En fin, en esa época había muchísimas cosas qué hacer. Desde entonces, seguimos viéndonos durante mucho tiempo; nuestros hijos, los de Jacobo, los de Régulo, los de Vidal y míos, fueron amigos.  En estos días, buscando fotos, que son los recuerdos de un itinerario de vida emocionante, y son precisamente esos recuerdos los que nos permiten vivir en estos momentos tan terribles , yo les comentaba a Régulo y a Jacobo que tengo fotos de nuestros hijos disfrazados de gladiadores, unos carricitos que andaban por allí en todas las piñatas.

-En realidad – dice la reconocida curadora – yo no vine a hablar, vine a presentar a uno de nuestros grandes, grandes artistas que han hecho la historia del arte del este país, de quién nos sentimos sumamente orgullosos, muy agradecidos de que nos haya ofrecido y nos está dejando un legado tan hermoso que está en nuestros museos, en las colecciones y en Jacobo. Él nos va a contar partes muy importantes de su historia, porque ésto  que está pasando aquí en Trasnocho con Jacobo, es hacer historia.

– ¿Ustedes oyen atrás?  – pregunta Jacobo Borges – ahora frente al micrófono  para comenzar su intervención las dos horas y ocho minutos de grabación, 19 cuartillas de transcripción y más de 90 mil palabras.

El monólogo cargado de humor, sólo será interrumpido por la risa que desata en el público cada episodio del relato del artista, contadas  palabras de la audiencia – un ¡Wao! y repetidos ¡Bravo Maestro!-  por un sonido particular al final del cortometraje que se proyecta y en la última media hora de la charla, como  las olas del mar cuando llegan a la orilla con fuerza pero ordenadamente, los  aplausos del público recorren la sala de arriba a abajo, una y otra vez, hasta conmover a Jacobo Borges. Él tuvo la gentileza de devolver verbalmente esos aplausos a los presentes.

Para empezar el artista agradece la oportunidad a los promotores el evento y la asistencia del público. Rompe el hielo con chistes y bromas sobre su edad y la de sus amigos en primera fila. Luego refiere esta anécdota: “Cuando Cabré tenía 70 y pico de años y yo tenía como cincuenta, traté de convencerlo para que me dejara grabarlo porque él tenía un legado y había que conservar ese legado. Yo insistía y veía que más insistía y más estaba furioso conmigo. No entendía por qué estaba tan furioso, pero resulta que ahora me lo hacen a mí y entonces comprendo el motivo de su disgusto;es que en el fondo yo decía: “Te vas a morir y antes de que eso ocurra, te quiero grabar”.

-Voy a comenzar con un video de lo que ha sido mi trabajo – anuncia Borges y aparece el video en la pantalla. Se observa un compendio fugaz e intenso de la obra plástica del artista y algunas secuencias de una película que realizó. La audiencia queda impactada por el video, muda. “Yo quería que pasara como un respiro, comenta Borges porque así lo siento en este momento.” Acto seguida esboza cómo será  su charla y afirma: “No voy a narrar la historia sino las cosas que a uno le impactan”.

Transcripción del discurso de Jacobo Borges

Nací en 1939 en El Cementerio , duré ahí hasta los cinco años. Vivíamos cerca de El Cementerio. Creo que cuando murió Gómez o cuando moría alguien importante, llegaban las carrozas al barrio y me emocionaba ver esas carrozas doradas porque sentía que vivía en un barrio rico. Otra. Mi papá tenía un carro y para que no se lo robaran, le metía electricidad. Un día, a las 6 o 7 de la tarde yo toqué el carro y me quedé pegado. Empecé a gritar. Vino mi padre, le quitaron la electricidad al carro pero yo quedé temblando en el suelo. La otra; mi primera relación amorosa con una niña y había una hamaca. Ella debía tener 15 años y yo tenía 4. Ella agarró la hamaca por un lado, me dijo que me montara. Yo me subí. Ella empezó a mover la hamaca, la soltó y yo salí en el aire y caí de platanazo y esa fue mi primera relación amorosa. Después mi hermano. El era mayor que yo, era muy tremendo. Un día me monté en un cochecito y él empujaba el cochecito pero lo empujó por el barranco que estaba cerca de la casa y yo más nunca confié en su cariño. Luego en la bodega. Mi mamá me mandó a comprar algo pero todas sus amigas estaban en frente a 10 metros de la bodega esperando a ver que yo hacía. Entré a la bodega. no me acuerdo exactamente que pedí, pero cuando salía exactamente con lo que había pedido, todas las amigas de mi mamá y mi mamá me aplaudieron por lo inteligente que era. Ahí cerca vivían tres hermanos, dos eran ciegos y una vez nos agarramos a piedras. Naturalmente yo tenía más puntería que los cieguitos, vino un policía en vez de reprenderme me dijo: “¡Así son los hombres que necesita el Gobierno!”. Esa fue mi primera educación política, social y sobre el Estado de Derecho.  Esa fue la primera etapa.

El público que asistió al encuentro con Jacobo Borges, quedó cautivado, impactado por un relato del Maestro. Foto : Ezequiel Carias

La cementera

La segunda etapa fu la mudanza a Catia. Fue una cosa muy triste porque ya me había acostumbrado a la zona anterior, al lago que había allí, al barranco, un terreno vacío y el cementerio. Atravesamos una carretera que era la Avenida Sucre, no había muchas casas. Había muchos bosques. Cuando llegamos al lugar de la vivienda, había vacas en Catia. Tomé de niño leche de vaca. Las calles eran de tierra. Había una cementera, una especie de obstáculo para todos los niños. Como a los seis años, sin que los padres supieran, nosotros nos reuníamos a la cementera y tratábamos de subir por un inmenso espacio abierto en el cerro sobre las zonas más verticales y sumamente peligrosas. Uno de esos niños se mató. Siempre había alguien que lo hacía muy bien. El que salía primero cruzaba una zona muy angosta y después que pasabas ,el pedacito de tierra que pisabas, se caía. El segundo, no conseguía donde apoyar el pie. Y allí comenzaba el riego y la emoción. Por otro lado, estaban los bosques llenos de plantas y de muchas matas espinosas. La espina se convirtió en algo demasiado importante porque mi mamá decía: “¿Dónde estabas?»,» Ahí en la calle», le respondía; pero resulta que yo llegaba con rasguños, por todo el cuerpo. Paliza por mentir. Mariposas; las mariposas me emocionaban muchísimo,igual  las lagartijas, flores, lluvia, pozos de lagunas; años más tarde, cuando tenía 12 o 13 años en uno de esos pozos conocí a la muerte.

Cuando llovía se hacían pozos, pero yo no nadaba. En uno de esos pozos veo a los niños metidos en agua pantanosa nadando, y de repente uno de ellos me miró arriba y me gritó: “¡Tírate cobarde!” y me dijo unas groserías. Me desnudé y sin saber nadar, me tiré. Me iba ahogando. Empecé a tirar golpes por todo lados. Los niños salieron y se montaron en la parte alta y cuando yo lograba salir a flote, veía como a veinte muchachos con cara de asustados viéndome morir. Porque yo  estaba seguro que no lograría salir del pozo. Bueno tuve la suerte de agarrarme de una rama. Y logré respirar. Cuando salí, ellos todos se tiraban al agua, tras mi fracaso y humillación. Subí donde estaba mi ropa y me vestí. Nunca me sentí tan humillado y esa fue un experiencia que me marcó de por vida.

Agua violenta

Yo he estado a punto de morir en el agua muchas veces. La más ridícula fue en un hotel en Milán. Había sufrido una caída, tenía un yeso y me estaba duchando. Resbalé y quedé clavado debajo de la bañara. Empecé a gritar, y llegó un momento que el agua me llegó al cuello y me ahogaba porque no me podía levantar. Por fin un mozo entró, cerro el grifo y por eso es que ustedes me ven todavía aquí. Otra fue en el mar. Esa vez yo había leído “ Las Troyanas” de Eurípides y ahí se ahoga todo el mundo al final. Simultáneamente estaba oyendo La Mar de Debussy y lo sentía tormentoso. También leí un libro de Gastón Bachelard sobre el agua violenta. Además, yo había pintado un cuadro con el agua abajo. No sabía por qué lo había pintado y decidí ir a la playa. Fuimos en familia a un club.  Alguien nos mencionó la playa oceánica en dos oportunidades ese mismo día.  Yo nunca había sentido  ningún océano cerca de mi, salvo la laguna de Catia que era lo más grande que  había visto en agua.  Me dejó una inquietud lo de la playa oceánica. La playa oceánica es una playa que está ahí, es pequeña y el agua es bajita. El padre de Diana está a mi lado y nos metimos. El me pregunta si yo he pintado algún cuadro del mar y yo digo no: «No,no me interesa el mar, me interesa el agua violenta» y en el preciso momento que dije eso, una contracorriente del mar me agarró y me jaló  por los pie. Mi compañero me jaló al mismo tiempo por el brazo, pero yo vi que me lo podía llevar y decidí ahogarme.  En ese trance pienso que la muerte finalmente es más sabrosa que la vida porque la vida es puro trabajo, una lucha todo el tiempo, entonces, morirse y yo sabía que me iba a morir en ese momento, es una cosa dulce, casi hipnótica. Además un amigo que tenía un velero me había contado que cuando uno cae al agua no hay manera de ver luz, porque las olas son como colinas y no hay forma de que te  descubran y yo pensaba: “ No voy a hacer un esfuerzo para vivir cuando es tan sabroso morir».  Y de repente veo a Diana en un saliente haciéndome gestos y un salvavidas se  acercó; él creía que yo estaba en pánico, lo tranquilicé y  salí con él,porque había muchas piedras y cosas. Al final me entero que un amigo había estado tomando fotos  “maravillosas” de mi supuesta muerte y cuento ésto para relacionar la insensibilidad de unos, la atracción por el riesgo de otros, frente a la normalidad de otros más.

Yo crecí en el Paraíso de Catia .Desde Catia, había un cerro que tardábamos  dos horas en subir para llegar a El Paraíso donde vivía un tío. Quiero agregar que mi mamá era blanca, toda su familia rubia y mi papá era un negro como en las películas, le gustaba vestir muchísimo, usaba sombrero, bailaba vals. Mi mamá era una persona muy seria y yo no sé por qué él se enamoró de mi mamá. Papá era un caballero y era un showman. Él era el centro de los bailes; mientras tanto mi mamá estaba sentaba con cara brava y el bailaba con todas las mujeres que había ahí.

El artista Jacobo Borges, Bélgica Rodríguez , Presidenta de honor de AICA . Foto: Ezequiel Carías

Eso que yo salía a buscar a casa de mi tío en El Paraíso era mango. Porque mi tío vivía ahí al lado de uno de esos puentes de una hacienda gigantesca que llegaba hasta La Vega y allí había mucho mango. Buscaba mango en principio para comerlo y después para vender. Había una película de perro que se llama Rin Tin Tin, todos los niños quieren tener perro. Yo conseguí un perro viejo, que ya no servía para nada e imaginaba que era valiente y que me protegía hasta que un día le dio mal de rabia y lo tuve que correr antes que me matara el perro ese. Ahí decidí no tener más perros.

La vida es muy rara. Es curioso cómo a cada uno se le presentan cosas que van encadenando una historia y al principio uno no sabe  por qué aparecen.  Retrocedo.Cuando llegamos a Catia yo tendría unos seis años mamá me metió en casa de una señora para aprender a leer. La casa de ella estaba como perforada en el cerro. Lo único que tenía a la vista era la fachada. Y tenía escalerita y esa escalerita llevaba al taller de un escultor que era el marido de ella. Él más que escultor, era retocador de fotos. Yo lo seguí  hasta que tuve veinte años hasta la Plaza Bolívar donde él trabajaba.

El color

Él significó en mi vida el descubrimiento de la escultura . Los bustos de Sucre de la Plaza de Catia, eran de él, y el descubrimiento del color porque la primera vez que llegué a su taller, ahí estaba un niño haciendo un barquito con lápices de colores. Yo nunca había visto lápices ni colores. El niño tendría un año más que yo. Me le acerqué. El dibujo era normal, un barquito. Empezó con el amarillo, después rojo, después azul. Con mi cara de asombro, la boca abierta y casi sin poder respirar le dije: “¡Regálamelo! “y él me contestó: “ No te lo voy a regalar porque tú vas a decir que es hecho por ti”, Salimos afuera, llovía, los niños jugaban en los charcos  y había  caballitos del diablo. El niño del dibujo comenzó a decir: “Este carajito me quiere quitar el dibujo para decir que es hecho por él”, y lo repitió tantas veces que me tenía como loco. Resulta que años más tarde, yo iba caminando por La Avenida Andrés Bello. Era una época fuerte. Era la época de Pérez Jiménez y de repente un Guardia Nacional me grita: “¡Borges!” , yo lo veo y digo: ¡Éste me va a embromar ”y el militar continúa : “ Yo soy Cuervo. ¿Tú no te acuerdas que me querías robar el dibujo que yo había hecho?”. A la pregunta de por qué él recordaba ese episodio ocurrido hace tantos años,  el rector de una universidad de Méjico que visité me dijo: “ Ponte a pensar ,que tú pudiste ser el Guardia Nacional y él el pintor” y ese es exactamente el significado.

La música

Mi casa era un rancho pero a mi papá le gustaba que uno dijera la casa. Al lado vivía un carpintero, un tipo grandote, pero el escuchaba música,  Ópera y Mozart. Me encantaba  y nunca me interesó la música popular; las guarachas, los boleros, todo eso, me fastidiaba. Tan así que cuando tenía 60 años, yo  descubrí a Pedro Vargas  cantando Quizás, Quizás … y me gustó todo ,el fraseo, la música y la voz. Lamenté no haberlo descubierto cuando él era famoso y yo tenía como 16 o 17 años. Cerca de la casa también vivía un zapatero remendón como lo llamaban, arreglaba zapatos pero él leía y nos contaba cuentos y nos leía pedazos de libros. Yo crecí viéndolo y visitándolo todo el tiempo. Cuando tenía como 15 años me dijo : “Quiero que decores mi casa” y yo quise hacerle un regalo maravilloso. Quería que la casa pareciera una palacio oriental y le pinté murales por todos lados, pero al final (ya para esa época yo lo sabía)  parecía más un burdel que una casa. Eso me persiguió por muchísimo tiempo. A propósito, un día Cruz Diez me dijo cuando yo era muchacho : “lo peor que le puede pasar a uno es hacer una obra que uno odia y que la tiene atrás y  que te persigue” Y esa es una cosa que me ha obsesionado mucho y por eso  vivo destruyendo cuadros incluso expuestos.

La religión

Cuando tenía como 4 o cinco años. Mi mamá era muy religiosa. Sumamente religiosa. Un tipo, un negro de esos grandes, le vendió dos Cristo de gran tamaño, que según él, tenían un cabello de Jesús adentro. Mi mamá, con la poca plata que teníamos, sin contar que pasábamos mucha hambre, compró los dos Cristo milagrosos porque así ella resolvería  el  problemas de enfermedades que tenía y todos los problemas. Sin embargo en lo particular, el Cristo ( colgante) me salvó de un verdadero desastre.  En la escuela me usaban mucho pa´que peleara con otros niños y provocaban a otros niños para que pelearan conmigo.  Pero antes de eso mi mamá me dio una lección. Voy a decir una barbaridad: “ Yo estoy seguro que si mi mamá no hubiera sido tan fuerte conmigo, yo habría  matado a media humanidad. Yo tenía una carga de odio interno muy fuerte. Un ejemplo fue lo del niño Jesús. Más abajo, en la Catia con cemento, los niños recibían regalos del Niño Jesús. Yo nunca los recibía y además no entendía qué había hecho de malo para que ese señor Niño Jesús, no me trajera nada y le trajera bicicletas y otras cosas a los demás. Un día bajamos y en una casa que tenía un jardincito en la entrada, vivía un niño rubio. Debió ser italiano. Me llama y desde afuera por la ventana me muestra la bicicleta que le habían regalado. Yo no sé de dónde me salió la convicción y la fuerza para decirle: “!Eso es mentira, eso  te lo trajo tu papá!”. En el momento que le dije eso, la mamá se había acercado, oyó y me dijo “ “!Niño malo, sucio!” – esto último era verdad- y yo me  sentí tan avergonzado, tan malo, de tan malos pensamientos, y pasaron muchos años  antes de entender que yo tenía razón y que había tenido una iluminación  porque sabía que  eso no lo había traído Dios , así que yo era un niño prodigio.

A los 17 años yo perdoné a mi mamá. Una cosa importante es que si uno no perdona a sus padres siempre será un niño y un enfermo. Cuando uno le echa la culpa de todo a los padres y dice por ejemplo, :“ Yo no llegué a nada porque mis padres me protegían mucho, por eso soy un estúpido” o dicen “ “Mi papá me pegaba muchísimo; no me dejaba hacer nada y es por eso que soy un estúpido” son seres que nunca asumen la responsabilidad de perdonar a sus padres y de verlos como personas o como sus amigos. La verdad es que uno no tiene toda la responsabilidad de lo que tienen o no tienen sus hijos. Otro ejemplo Jimena , la hija de nosotros (Jacobo y Diana) Ella posee un oído absoluto. Pero eso es de ella. Porque yo no tengo un oído absoluto, ni Diana. El asunto es que si ella tiene un oído absoluto le pertenece, pero si es una ladrona o no sirve, el responsable es su papá.  Eso es relativo, la responsabilidad es de uno. Es como hoy en Venezuela, unos se van y otras se quedan. Si me preguntan que hay qué hacer yo diría que esa es una decisión personal,igual ocurre en el campo del arte.

Lo cierto es que cuando unos llegaban a su casa se cambiaban la ropa de festejo para la ropa de la casa; ésta última era más sucia y rota. Pero, en el caso mío, era la misma ropa. La ilusión de mamá era una muda  pero la ropa era igualita.  Cabrujas me cuenta cómo era yo de zarrapastroso.  Me acercaba a un café, por ejemplo y me gritaban : “¡Sal. muchacho sucio!”

De palizas y de lecciones

Un día cuando llegué a casa de la escuela, me desnudé y no conseguí ropa. Nosotros no teníamos cocina sino un fogón, entré ahí y mi mamá apareció frente a mí, con un taco de billar. El billar en mi casa era un símbolo, porque mi papá era un jugador de billar y era un campeón. El decidió que yo debía jugar al billar porque en los momentos más difíciles económicamente, me podía mantener con el billar. Pero en realidad el palo de billar no sirvió para eso, sirvió para que mi mamá tuviera otra arma con qué pegarme. Con la parte gruesa, que es como piedra, con eso me pegó,pero además como estaba desnudo no podía correr y salir a la calle. Tenía que doblarme y ahí me dio varios golpes terribles. El día siguiente en la escuela me prepararon una pelea con un muchacho fuerte, que me iba a matar a golpes seguramente. Cuando estaba por comenzar la pelea y se agruparon como 40 muchachos alrededor, yo me quité la camisa. Salió mi Cristo así grandote. El otro se preparó para darme golpes, vio mi cuerpo, se impresionó muchísimo, y todos los muchachos empezaron a preguntarme cómo me había pasado eso. Bueno, el Cristo me salvó. Yo hubiera podido haber sido muy religioso en ese momento.

La razón de la paliza de mamá, fue porque mi hermano mayor le dio mis calificaciones y eran malas como siempre. Entonces mi mamá me daba golpes y yo entre los golpes logré preguntarle por la calificación. » ¿Y cuál era la clasificación?» 12,me dijo. Inmediatamente me sentí feliz porque al muchacho que vivía al lado lo rasparon con 9  y al  otro con 8 .Le dije a mi mamá Andrés sacó 8 y no le han pegado, el otro sacó nueve y no le han pegado , y yo saqué 12. ¿Y quién sacó 20 ?, preguntó mi mamá. Luis un odioso que vivía al frente, uno de esos estúpidos que tienen buenas calificaciones. » No te fijes en el que  saca menos sino en el que saca más» dijo mamá y esa es otra gran lección que ella me dio. A lo mejor es por todo eso es que yo he enfrentado mi vida, mi trabajo y en el plano del arte no he competido con nadie sino conmigo.

Sobre estudiantes y profesores

Yo di clases en Salsburgo durante 12 años en una academia que fundó Cocó y yo me convertí en un profesor impresionante porque yo no les enseñaba nada a mis alumnos. Una vez vino una periodista de Viena y cuando hay una exposición de los estudiantes se reconoce al profesor. En las mías no se reconocía. Entonces la periodista me preguntó : «¿ Qué hace Usted aquí?». » «Yo soy el profesor», dije «Yo se que es el profesor pero usted no está aquí.»replicó. En efecto, yo era una suerte de  espectro y descubrí que tenía el talento de darle seguridad a los alumnos.Hasta  que conocí a un profesor de violín. El decía que un buen profesor es el que enseña al alumno a ser su propio profesor.

Volviendo a las coincidencias. Mi papá fue chófer de taxi y también chófer de privados. Y fue el conductor de Pedro Vallenilla Echeverría. Los que visitan el Museo de Bellas Artes saben que tiene una colección de cubismo y esa colección la hizo Pedro Vallenilla Echaverría .Mi papá sin saber que yo iba a ser pintor, me llevaba a ver los cuadros a esa casa. Así conocí el proceso de como él vendía, compraba y cómo fue construyendo esa colección. Cuando  Régulo, Guevara Moreno y yo hicimos una exposición Echevarría fue a la muestra y me dijo «! Tú eres el hijo de Negdalí!»

La selección de la información que hizo e artista Jacobo Borges en su presentacion en la TAC, no fue casual, estuvo su obra  y también sus recuerdos, vivencias y pensamientos tamizados por los años en un divertido monólogo. Foto: Ezequiel Carias

Aquiles Nazoa

Cuando tenía como 10 años quería publicar una caricatura en Fantoche y llevaba  mis caricaturas que eran muy malas y todas las rechazaban .Un día no se como llegué a una puerta cerca del Municipal entré y era el taller del periódico. Allí  estaba un hombre armando una página, entonces  se armaban en plomo y me dijo,:»¡ Toma eso ahí tráemelo y toma eso, pásamelo!»  y así un buen rato hasta que me preguntó : “ Qué haces tú aquí ?” Yo traigo siempre un dibujo pero nunca me lo publican. Él lo agarró, » te lo voy a  publicar», aseguró, y lo publicó . Ustedes se imaginarán en el barrio . Yo con ese periódico aquí abajo todo el tiempo para que me preguntaran: » ¿Qué llevas ahí?».

Mis primeras  exposiciones fueron en los bailaditos que también llamaban,  arrocitos. Yo me paraban con 8 o 10 años, en la acera frente a las fiestas, entraban y salían los jóvenes y yo cargaba un dibujo levantado con las dos manos. Los muchachos se detenía a verlo  y decían : «¿ qué tienes ahí?», yo respondía y ellos se quedaban viendo y llamaban a otros amigos para que vieran el dibujo. Así terminaba mi exposición y me iba a casa tranquilamente.  Pero ahí en ese momento yo sentía que estaba afuera pero la fiesta sucedía adentro.  Había gente en las ventanas y el resto estaba adentro

Fui creciendo y como no quería parecer un asomado, o una persona que quiere entrar a un sitio sin ser invitado pero sí quiere ver, me  colocaba en un espacio intermedio que no estaba adentro pero tampoco estaba afuera. Yo veía los que estaban afuera y adentro pero nadie podía decir que era una asomado. porque para mi afuera y adentro es lo mismo. Mucho tiempo después supe que eso es un problema filosófico importante; estar afuera o estar adentro.

Esta historia continuará…….