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El jazz es la excusa para la mezcla de dos culturas

El Festival de Jazz Nuevas Generaciones demostró cómo jóvenes músicos hicieron suyo este género

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Se apagan las luces y sobre un lienzo blanco se proyecta la fotografía de Daniel Pearl, periodista y músico fallecido en manos de un grupo terrorista en el año 2002. Así se da inicio al primer concierto de la VII edición del Festival de Jazz Nuevas Generaciones, que este año se une a la red de conciertos que cada mes de octubre celebran su memoria y extienden la invitación a la promoción del respeto y entendimiento entre culturas a través del periodismo, la música y el diálogo.

Después del video para recordar la vida y obra de Pearl, entra en escena la actriz Sandra Yagure quien hará una breve introducción a la historia del jazz y al homenajeado de la tarde, Dizzy Gillespie, para luego dramatizar el texto escrito por Federico Pacanins, organizador del evento, sobre su paso por Caracas en el año 83. El estudioso de la música dice en una parte:

–Fue un jazzista presto no solo a tocar su curiosa trompeta, plena de tonos intrincados que le justifican el apodo de “Dizzy” –“vertiginoso”–, sino también listo para integrarse musicalmente con nuestros músicos. Dizzy fue y sigue siendo, según reporta Cheffi Borzachinni para El Nacional, “el profeta que logra fusionar el jazz con la música afrolatina y latinoamericana (…) que ha dado lugar a una integración cultural y a una mezcla de herencias”.

En esta ocasión, las filas de la CVA Big Band Jazz se alinean para rendirle homenaje a él, interpretando algunos de sus temas y llevándolo un paso más allá: a redescubrir las influencias que éste tuvo en nuestra propia música. La banda, dirigida por Albert Hernández, comienza con un mambo. Uno por uno se van presentando los músicos con un solo para “dar a conocer los instrumentos de la orquesta”, mientras el director explica a la audiencia las características de esta música. La biblioteca se vuelve sala de concierto y seminario. El público grita “mambo” a la señal del director.

En un recorrido por algunos temas representativos del latin jazz, la banda interpreta temas como Manteca, uno de los primeros experimentos de fusión entre el jazz y la música afro-cubana.  Uno de los objetivos del festival y de la Big Band es mostrar los puntos de confluencia entre el jazz y la música venezolana. Así, Aldemaro Romero invade la sala junto a las voces de Jesus Rafael Perez y Katherine Morales con el tema Venezuelan fiesta, composición que, cuenta Hernández, estuvo inspirada en Gillespie y sus experimentos de fusión.

Después de la presentación de Jazzología, una obra de Pacanins y Albert Hernández, la velada está llegando a su fin y la gente se para a bailar con una versión de Cerro Ávila, que corean mientras agitan sus brazos en el aire. Luego de largos y efervescentes aplausos, se sube a la tarima Mirna Ríos para cerrar con un abreboca de la tarde siguiente.

It don’t mean a thing if you ain’t got that swing. Dubah dubah dubah dubah dubah dubah.

Foto: CVA
Foto: CVA

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Este fin de semana está lleno de homenajes y el sábado 7 de octube es el turno de Ella Fitzgerald, la cantante más icónica y popular del jazz, alabada por su impecable voz, su versatilidad y sus habilidades de improvisación. Cien años se cumplen de nacimiento de “la reina del jazz” y esta tarde será dedicada a ella.

Luego de las respectivas palabras en honor a Lady Ella de la mano de Dale Lawton, agregado de cultura de la Embajada de los Estados Unidos, y tras un breve traspié con el repertorio, comienza el concierto a sala llena. Pese a algunos detalles con el sonido –de volumen principalmente–, el ambiente se destaca por su afabilidad. Las enérgicas melodías llenan el espacio.

Los cantantes Katherine Morales, Jose Rafael Perez, Mirna Ríos y Mar Cipriani se turnan para tomar el escenario junto a la Big Band. El repertorio, una vez más, es una mezcla entre jazz clásico y música latina. Sobre el escenario un viejito salta y baila al ritmo de la música.

San Juan to’ lo tiene, San Juan to’ lo da. Manos, laure y cuero pa toca el cumaco, la negra sabrosa que sabe bailar.

Mar dedica esta canción a Magdalena Sánchez, según dicen algunos, la mejor cantante de Venezuela, quien también cumplió cien años de su nacimiento recientemente. Podría decirse que Magdalena fue como la Ella venezolana, por esto la banda interpretó este arreglo en su honor, como un guiño a estas grande mujeres que vivieron paralelamente y fueron tan distintas y tan similares.

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Se escucha una voz, pero sobre el escenario solo están los músicos. De repente, Maria Elena Planchart sale de atrás del escenario con un vestido negro cincuentoso y un peinado difícil de no reconocer. Pelo negro, flequillo de lado y un tupé de media cola. Con la canción You know that I’m no good se abre el concierto dedicado a jóvenes solistas, esta primera parte dedicada por completo a Amy Winehouse.

Sobre el escenario María Elena se mueve con soltura; camina de un lado a otro interactuando con los músicos y pavoneándose ante el público Los integrantes de la banda no parecen superar los treinta años y acompañan con maestría algunas de las canciones más populares de la cantante como Valerie y para cerrar, por supuesto que no podía faltar, Rehab.

Luego de que la cantante se baja del escenario queda a cargo Wilman Sánchez, conocido como Wil Trumpet. El ágil trompetista emociona al público repetidas veces con sus solos y se desenvuelve con soltura entre el swing y un jazz más moderno. El guitarrista, Andrew Moreno, pese a su apariencia tranquila y casi inmutable se destaca demostrando un manejo virtuoso del instrumento.

Wil se incorpora de nuevo a la banda y llega el turno de Irvin “Sax” Blanco de liderar. Comienza la melodía del conocido standard “All the things you are”.  La propuesta del saxofonista es más funky y coquetea con lo progresivo. Todos en la banda tienen su turno para improvisar y son aplaudidos con fervor.

Finalmente, presentan a la agrupación “Yo soy Curiyapa” que con el culo’e puya, tradicional tambor barloventeño, se unirán a la banda para demostrar una vez más como nuestros ritmos –venezolanos y afroamericanos– ancestrales se hacen uno. Una pareja con traje tradicional entra moviéndose con soltura elegancia. Ella flores en el pelo, el sombrero en mano. Poco a poco, el sonido de la guitarra, el saxo y la trompeta comienzan a notarse y mezclarse con el sonido del tambor. Finalmente, la música empieza a desvanecerse mientras el público sigue cantando:

Barlovento, barlovento tierra ardiente del tambor