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Méndez Guédez: la literatura es una forma de enfrentar la brutalidad del poder

La presentación de "El baile de madame Kalalú" que se llevaría a cabo este 6 de mayo en Caracas fue suspendida por la convocatoria de la oposición

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Hace más de 20 años Juan Carlos Méndez Guédez se mudó a Madrid. El barquisimetano que creció en Caracas, y que ya acumula una gran lista de publicaciones y reconocimientos literarios, no pierde su cable a la Venezuela que lo inspira y lo enamora. Los colores, los olores, los afectos que aquí guarda lo acompañan donde esté, pero siempre es bueno volver a casa.  En esta oportunidad lo recibe un país convulso, perturbado, enlutado y en crisis. Es difícil celebrar un logro, presentar un libro, en un contexto como este. Sin embargo la idea de que literatura es una forma de belleza, una manera celebrar la vida y de enfrentar y negar la brutalidad del poder, dice el escritor, lo animó a concretar por lo menos una de las actividades que tenía pautadas.

“Se pudo hacer la presentación en Barquisimeto de la novela El baile de madame Kalalú (Editorial Madera Fina, 2017), a pesar de que tardé 10 horas en llegar desde Caracas y encontré un montón de calles bloqueadas. Fue una cosa preciosa. Muchísima gente se acercó a una librería que yo solía frecuentar de adolescente y como ese día no había ninguna actividad convocada, consideramos que la agenda no la puede marcar solo la brutalidad del poder”, apunta sobre el evento realizado este 3 de mayo en la librería El Clip de Barquisimeto.

En Caracas, en cambio, no habrá presentación tal y como estaba prevista para el mediodía de este sábado 6 de mayo. La oposición convocó a una marcha de mujeres en contra la represión y en consecuencia decidimos que “lo más humano es no hacerla”. En cambio se realizará un video de la conversación entre Méndez Guédez y uno de sus admirados colegas: José Balza.

–¿Cómo vivió esta corta estadía en Venezuela, en medio de una situación tan complicada?

–Lo que está sucediendo es muy doloroso, es muy terrible. Para mí era importante estar aquí porque quería ver lo que sucedía en primera línea, porque estar lejos es angustioso. Sin embargo, el país tiene viviendo estas situaciones desde hace muchos años. En esta ocasión he recibido una mínima ración de gas, en comparación a la que reciben los venezolanos todos los días (…) Estuve en una marcha, nos gasearon tres veces. Una de ellas fue en Chapellín y el suceso me llamó tanto a la atención que estoy escribiendo sobre eso. Allí me di cuenta que el chavismo ya no tiene ningún  arraigo popular porque justo en esa zona, la gente nos ayudaba a escapar de la policía. En fin, mis conexiones con el país son muchas y en ningún caso mi intención es esquivar las situaciones que ocurren, solo espero que en algún momento, las visitas sean de otro color.

Chapellín, 2 de mayo de 2017 Foto: Juan Andrés Mejía
Chapellín, 2 de mayo de 2017 Foto: Juan Andrés Mejía

–Estar aquí puede ser muy inspirador para un escritor…

— Para mí estar aquí es muy estimulante desde el punto de vista positivo, afectivo, olores, colores, algunas partes de la ciudad, los giros del lenguaje; pero también desde un punto de vista negativo; presencio tantas cosas terribles y las quiero narrar especialmente cuando existe una conexión afectiva. Probablemente si yo fuese a otro lugar del mundo que pasara por una situación similar, no experimentaría el  fenómeno que comento, o por lo menos no de la misma manera. En efecto, este país, para bien y para mal, es una fuente inagotable de escritura.

–Pero no corre el riesgo de que su literatura sea demasiado local

— Tengo muy presente, a pesar de que considero que la literatura debe estar centrada en sus aspectos míticos o arquetipales, que las singularidades deben apuntar hacia lo que finalmente es universal en el ser humano. No creo en la literatura como una herramienta política de uso inmediato. Sin embargo, recuerdo que cuando el deslave de Vargas presencié cómo las Fuerzas Armadas, que debieron prevenir y ayudar, tardaron horas en actuar porque debían completar el capricho de la consulta electoral de Chávez. En ese momento, horrorizado, recuerdo a mi tía Juanita diciéndome: “cuéntelo porque si no lo contarán ellos”. Esas palabras durante mucho tiempo han estado gravitando en mí. No permitir que solo sea el discurso del poder militar el que cuente este país. Para mí es importante que mi obra literaria tenga también otros tonos como pueden percibirse en el  libro 20 merengues de amor y una bachata desesperada, donde se habla de otro tipo de pasiones humanas, se habla del amor, el desencuentro, de la fiesta, de la triangularidad  del amor. Vivo un poco oscilando en la necesidad de diversos tipos de narraciones.

— ¿Eso quiere decir, que leeremos pronto obras de Méndez Guédez que transcurren en la Venezuela de la actualidad?

–Ya de cierta forma las hay. Hay una novela que ya apareció en España, Los maletines, publicado por la editorial Siruela, que habla sobre la corrupción de las clases medias chavistas, el contrabando, el tráfico de dinero y de influencias. También en la novela que publicará  la editorial Harper Collins en octubre, en España  y que protagoniza una detective venezolana que vive en Madrid  y es contratada para rescatar a una española que se ha perdido aquí. Esta mujer cuando regresa, encuentra un país muy parecido al que yo vi hace seis meses, muy violento, con un gobierno y unos poderes muy corruptos. Entonces, de alguna manera, la actualidad sí se está filtrando en mi escritura, pero al mismo tiempo  tengo muy presente  una idea que escribió Rufino Blanco Fombona. Él se quejaba de que su escritura  había sido  envenenada por el gomecismo. Yo intento, en todo momento, que a mi escritura, un movimiento tan despreciable como este, no la dañe.

Juan Carlos Chirinos y Juan Carlos Médez Guédez Foto: Vasco Szinetar
Juan Carlos Chirinos y Juan Carlos Médez Guédez Foto: Vasco Szinetar

–Hablemos de El baile de madame Kalalú. En ella la personalidad de la mujer cobra un papel muy interesante.

–Comienzo, con los años, a sospechar que la diferenciación  ya no debe hacerse entre hombres y mujeres sino entre individuos (…) la realidad  se ha vuelto más compleja y por suerte hay más tipos de mujeres que los que me enseñaron de pequeño que existían. Hay una complejidad infinita en el ser humano. En el caso de la protagonista de esta historia hay otro tema que me interesa mucho como la identidad y la posibilidad que tenemos de albergar muchas personas en un solo cuerpo.

–Porque uno va cambiando a lo largo de la vida, no eres el mismo ahora, que hace unos años. Aquí la protagonista es diversas personas al mismo tiempo…

— Es una teoría que ya viene contenida en un autor venezolano al quién admiro muchísimo,  José Balza. Él hablaba de la multiplicidad psíquica del ser y decía que una persona contiene dentro de sí misma muchas posibilidades y muchas personas. Es algo que está en Fernando Pessoa, el poeta portugués que creó  heterónimos, en Eugenio Montejo que también creo heterónimos y en Herman Hesse. Este ha sido un tema importante en la literatura: cómo el decir yo, en realidad esconde un nosotros; cómo somos mas complejos de lo que socialmente estamos dispuestos a aceptar. Y entonces el personaje de esta novela es alguien que radicaliza y lleva al extremo esa intuición que tiene. De hecho, en alguna parte ella dice que ser solo uno es una especie de muerte, una suerte de cárcel. Me interesaba un poco dentro de una novela que tiene algunos toques  de comedia, de suspenso, que hubiese algo sobre la reflexión de lo que realmente somos.

–¿De dónde salen las personalidades de la protagonista?portada-madame-kalalu

— Para construir este y otros personajes, me he basado en personas que conozco. Emma es dos o tres amigas mías que sé que actúan de esa forma; que se comportan de esa manera, que me han contado o que las he visto tomar la iniciativa profesional, amorosa. Existen mujeres de ese estilo porque, como ya dije, un personaje literario es la reunión de otras personas que uno conoce, más una pizca de imaginación. En este caso la mezcla la logré de tal manera que nadie se sienta identificada. Pero sí, me ha pasado que una amiga me dice: «estoy enamorada de un hombre»  y al preguntarle de qué lo conoces me responde: «bailé con él una vez, nunca más he vuelto a verlo pero  estoy convencida que era el amor de mi vida». Hay fragmentos literales. Lo que sucede es que en la literatura funcionan los personajes singulares. El personaje promedio no me da juego literario.

–Emma es una gran admiradora del arte, pero ¿cómo percibe Usted las artes plásticas?

— Siempre me ha gustado, pero de una manera muy tímida, sin mucho rigor. Iba desde muy pequeño a los museos  que había en esa Venezuela. Me llevaba mi madre. Pero, en efecto, un personaje literario tiene que ser un ente independiente del autor. La protagonista de El baile de madame Kalalú es un ser infinitamente más culto que yo y muchísimo más implicado con las artes plásticas . Cierto es que para construir la novela tuve que investigar, tuve que hablar con gente que conociera del mundo de las artes  y el de las joyas. Creo que de alguna forma modificó mi mirada y hoy en día percibo las artes plásticas con muchísima más pasión. Ese personaje de alguna forma quedó viviendo en mí.

–Otro de los temas bastante presentes en su obra es el de la paternidad. Aquí el padre tiene una participación fugaz pero importantísima…

— El padre de esta novela es un personaje que yo quiero mucho, porque sufre trastornos mentales y ante la posibilidad de que su enfermedad cause algún daño a sus hijas hace una suerte de sacrificio para facilitar la vida de sus hijas. Era un modo de expresar un cierto tipo de ternura, de amor paternal basado en la renuncia (…) A mí me interesa muchísimo el tema de la paternidad en el mundo actual porque creo que aunque estén pasando cosas terribles, también ocurren cosas estupendas y una de ellas  es que se ha creado un nuevo discurso sobre lo que es la paternidad. Los hombres se permiten una ternura que a lo mejor no se permitían antes. Me interesa ver cómo se van rompiendo esos límites. Puede existir una mujer con ese liderazgo feroz y competitivo que solo se le suponía  a los hombres y puede haber un hombre encantado de ejercer su paternidad. Este es un tema que me interesa y que me gustaría explorar en todas sus vertientes, porque el abandono paterno marcó mi existencia y la literatura está para dialogar con lo que llevas muy dentro de ti; para dialogar con eso y hacerlo cada vez más complejo. Me gusta ver a muchos tipos de padres y las muchas relaciones de padres que se pueden desarrollar. Es muy posible que el tema siga apareciendo en mis libros y, aunque la situación ha cambiado, yo nací en una generación de venezolanos en la cual la figura del padre era la figura de la ausencia.

–¿Usted tiene en cuenta la audiencia al momento de escribir?

–En principio uno escribe para uno mismo. Para yo divertirme escribiendo, que es algo que necesito, tiene que ser de un tema que me toque, me conmueva, me sacuda, algo que me importe. Yo no podría escribir sobre un tema de moda, solo porque esté de moda. No podría hacerlo no porque sea un escritor demasiado puro sino porque quizá gano tan poco dinero que no me puedo dar el lujo de hacer algo que no me guste (…) pero cuando tienes ya varios libros publicados comienzas a cobrar conciencia de que hay un público al otro lado, que hay unos lectores, algunos tienen rostros, otros no y te escriben. Tú sabes que ellos existen, esa presencia está allí. La decisión de escribir una novela u otra no está ajena a su presencia porque, en mi caso, trato que los lectores en cada libro consigan a un escritor diferente.

Méndez Guédez es autor de libros como Historias del Edificio, La noche y yoTal vez la Lluvia, Arena negra, Los maletines, 20 merengues de amor y una bachata desesperada, Chulapos Mambo y de las novelas juveniles como Nueve mil kilómetros y tu abrazo y el cuento infantil premiado El abuelo de Zulaimar.