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Jorge Dubatti : la escuela del espectador es un espacio de goce

En su conferencia en Caracas, Jorge Dubatti ,disertó sobre la actitud del espectador a la hora de evaluar la obra teatral y otros temas relacionados con la crítica cultural.

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En el marco del VII Festival de Teatro de Caracas, organizado por la Alcaldía del Municipio Libertador, el investigador argentino Jorge Dubatti estuvo de visita en la ciudad para conversar en torno a tres problemas fundamentales en su línea de trabajo y lo hizo en un trío de conferencias impecables, estos temas son: Pensar el teatro de América Latina, la Filosofía del teatro y la Escuela de Espectadores. Esta última será el centro de interés.

El sábado 5 de mayo en la Sala Aquiles Nazoa de Unearte, Dubatti nos relató, en clave de humor, su experiencia en la Escuela de Espectadores que coordina desde hace dieciocho años en Buenos Aires. Esta ‘escuela’ es un espacio para el goce, nos dijo, “porque allí no se le dice al espectador qué debe pensar sino que se le proponen temáticas y herramientas que le permitan aproximarse a la escena”. Su popularidad es enorme porque es una de las voces más experimentadas en la crítica y la investigación dentro del contexto argentino y latinoamericano. Refiero su popularidad porque tiene 340 alumnos en su programa y una lista de espera de 1200, que desean estar allí, compartir con él y formar parte de esa experiencia, es decir, Dubatti es un teórico admirado como un rock star.

La frase que da nombre a esta reseña, es uno de los ejes de acción del programa de la escuela, Dubatti insiste en llamarlo espacio de goce y no de placer. El goce está asociado con un trabajo y esfuerzo, exige una postura activa frente a lo que nos es dado a mirar, no es mera contemplación. Además hay algo, sumamente importante y es que ese goce que debe producirse en el espectador se asocia con la idea de ocio, con la sensación de disposición de libertad.

Jorge Dubatti, crítico e historiador teatral argentino en la foto de Moises Sayet cortesía de Fundarte

Dubatti, que ha sistematizado teóricamente su experiencia, propone un modelo para la comprensión del rol que asume el espectador ante la escena y en su relación con la experiencia convivial . Ser espectador no se reduce, únicamente, a una aproximación del individuo al teatro sino que implica una conciencia de pertenencia y vinculación con los otros espectadores, escuchar los sonidos y silencios en las butacas contiguas, hacer un ejercicio reflexivo en torno a lo que me ocurre cuando suceden cierto tipo de cosas sobre el escenario, reconocer cuál es el teatro que me conecta y con qué me conecta, dónde se enganchan los otros, en qué momentos se gesta la risa o el desagrado explícito. Esto es ser testigo y protagonista del convivio.

Ahora bien, este es el espectador modelo pero, qué ocurre con el espectador contramodelo. Dubatti presenta unas categorías, entre las que destacan: el amateur que no quiere producir ninguna clase de razonamiento crítico; el verdugo agresivo; el asesor, ese que al encuentro con los creadores decide hacerle sugerencias sobre lo que debería hacerse sin preguntarse antes ¿por qué lo hacen así?; el acreedor, el que reclama lo que quería ver y por último, el “metroteatral”, es ese espectador que se las sabe todas y cuya finalidad es rivalizar directamente con el coordinador de la escuela, es ese sujeto portador de un espíritu de contradicción. ¿En cuál categoría se encuentra usted? Me resulta interesante que intenten darse una respuesta a esta pregunta, allí podría estar el punto de giro para el  cambio necesario.

A ustedes que, pacientemente, han asumido el rol de lectores de mis notas, quiero decirles que la experiencia con Dubatti fue gozosa. Mientras él, entre teorizaciones y anécdotas, nos explicaba sus experiencias, me hice muchas preguntas sobre el teatro venezolano. Como investigadores nos hemos concentrado en el estudio del texto dramático y dejado de lado el problema de la puesta en escena. ¿Cómo podremos diseñar una cartografía teatral en Venezuela si no hacemos un registro sistemático de esas experiencias? Creo que, tal vez me equivoque, hemos sido espectadores verdugos y acreedores, demandando a la escena nacional algo que no tiene y no está en la obligación de tener. Caracas no es Berlín ni París, por qué o para qué deberíamos medirnos con esas varas que obedecen a otro sistema cultural. Esta es tal vez la apuesta de Dubatti en Argentina y creo que podría ser un punto de partida para nosotros. Mirar nuestro teatro con nuestros ojos, mirarlo desde adentro para poder construir rutas que nos permitan su comprensión como fenómeno vivo.