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Para Julie Barnsley la danza sólo surge en libertad

Aunque los espacios de la danza independiente hayan desaparecido casi por completo, el compromiso del artista siempre encuentra un marco, una vertiente, considera la creadora de la danza conteporánea y posmoderna

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La amplia trayectoria en el universo de la danza no deja rastros de agotamiento en el rostro de Julie Barnsley. Por el contrario, su palabra es precisa y clara, como sus ojos, y su presencia es completa, atenta. Con su cuerpo delgado, cálido gesto y una azul y expresiva mirada, abre las puertas de su apartamento. Las paredes sostienen hermosas obras de arte. Destacan las de Alirio Palacios, las cuales conserva con profundo amor. Un salón al fondo, aguarda la acordada visita.

De origen inglés, Barnsley escogió a Venezuela como su hogar hace más de treinta años. En 1985 comenzó su laboratorio permanente de danza contemporánea, teatro físico y video, Acción Colectiva/Aktion Kolectiva. Como muchas compañías independientes, sus posibilidades se han ido reduciendo en estos últimos años. Sin embargo, la artista no se detiene. Confía en el trabajo pujante desde los pequeños espacios. “Lo importante es mantener viva la llama”, insiste.

–¿Cómo ha variado la danza de Julie Barnsley, con los años?

–Tengo varias vertientes de interés, la parte docente, la estética: obras, coreografías, comunicar a un público a través de la danza, y la investigación, que da fuerza a ambos territorios. El “cómo” ha cambiado muchísimo durante los años. Desde los sesenta en Venezuela aparecieron espacios para la danza independiente muy nutritivos. Hubo personajes que surgieron y crearon escuelas, cada uno con sus intereses puntuales. En relación con el resto de Latinoamérica esta dinámica era muy avanzada, muy visionaria.

–La de los ochenta — continúa la artista– fue una época rica porque cualquier estudiante del movimiento podía elegir y ver las diferentes tendencias, pues en el movimiento hay miles de maneras de abordar la investigación. Los alumnos pasaban años estudiando profundamente diferentes estrategias sobre el trabajo del cuerpo y el movimiento. Después, empezaron los institutos universitarios de arte, lo que considero muy bueno porque eso significaba llevar la danza a la academia. En paralelo, seguían los territorios independientes.

Julie Barnsley. Foto: Edisson Urgiles
“El cuerpo sólo tiene sabiduría por los procesos vive”, dice Julie Barnsley. Foto: Edisson Urgiles

Para la coreógrafa e investigadora, la creación de la Universidad Experimental de las Artes en 2008 marcó un antes y un después en el desarrollo de los espacios independientes de la danza. Los problemas económicos,  mermaron la fuerza de estos lugares. “Ya la gente no te regalaba los espacios para tener los laboratorios y empezaba una nueva política cultural que redujo terriblemente los apoyos a los grupos de danza independientes“, dice.

“Ninguna ciudad que se respete culturalmente va mermando los lugares independientes de investigación”

Barnsley  asegura que  los hallazgos más importantes de la danza surgen de los laboratorios independientes y de manera tardía entran a la academia. Aunque se considera “pro-academia” es consciente de que el desarrollo institucional relacionado a la danza no se centra únicamente en el ámbito investigativo académico.

–¿Cómo evalúa la política cultural actual?

–Creo que sólo Coreoarte y el Taller de Danza han logrado sobrevivir porque tienen la gran suerte de tener una infraestructura física muy estable, pero más nadie ha podido mantener sus laboratorios. Nos queda solo la universidad. Me parece que la política cultural adrede le ha hecho la vida imposible a estos espacios. Creen que teniendo a todos los creadores en su institución la nueva generación va a tener las herramientas. ¡No! el cuerpo sólo tiene sabiduría por los procesos vive, no por una clase o una información que se va dando durante seis meses, es por ese compromiso que hace el intérprete con su cuerpo día a día, sobre meses sobre años y sobre territorios puntuales.

Para Barnsley comunicar su información a las nuevas generaciones no es una alternativa sino un deber. En Unearte creó la materia Conciencia Exploratoria Corporal, en la línea de la educación somática, con técnicas que permiten una gran concientización de la corporeidad, el movimiento y la sensopercepción. Es una cátedra obligatoria para todos los estudiantes de la universidad, no sólo para los que estudian danza y por esto se siente orgullosa. Sin embargo, denuncia que el hecho de que sólo exista la institucionalidad y no los espacios independientes está haciendo mucho daño al movimiento de la danza y más ahora, cuando la directiva está más interesada en su agenda política que en el arte”.

Julie Barnsley. Foto: Edisson Urgiles
“La universidad tiene un deber más allá de la formación intelectual”, refiere. Foto: Edisson Urgiles

Para ella, las estéticas y la cultura de la danza contemporánea, posmoderna y sus expresiones se han debilitado muchísimo por la poca profundidad. “Aunque los alumnos tengan mucho talento, no puedes cambiar su profesor cada semestre, cambiar la estética que están trabajando, y encima tener obligaciones teóricas. Hay limitaciones”.

Su trabajo con Acción Colectiva/Aktion Kolectiva también se ha visto interrumpido. Hasta el 2013 mantenía obras anuales, la última fue El Vuelo (2012), con un esfuerzo enorme, y de allí decidió trabajar dentro de las instituciones “entendiendo que ya no habían laboratorios permanentes posibles”, y apoyando a jóvenes independientes, “pero cada vez es más difícil”, lamenta.

–¿Qué han hecho los artistas de la danza ante estos atropellos?

–En 2003, cuando Alice Dotta era Directora General Sectorial de Danza del Consejo Nacional de la Cultura (Conac), hice una gran convocatoria a los independientes de la danza, hicimos unos manifiestos para que no se redujeran los subsidios y existiera la posibilidad de dar continuidad a la danza independiente, no sólo apoyar a las compañías del Estado. Nos reunimos con ella y no pasó nada. Cuando llegué a Unearte luché mucho tratando de decir que la universidad tiene un deber más allá de la formación intelectual, un deber con la danza independiente, pero sus prioridades son sus prioridades.

–Después de un tiempo– prosigue– te cansas de pelear y, al final, eres artista. En la mayoría de los países los coordinadores culturales pelean los espacios, pelean los subsidios. En Caracas nosotros mismos hemos tenido que hacer esa gerencia a todo nivel, es muy injusto que no tengamos grandes coordinadores y gerentes defendiéndonos. Llega un momento, por mi edad, que tengo que concentrarme en mi arte, en mis investigaciones, en mi docencia, en mi estética. Que quede en el esfuerzo personal es muy triste, el país tiene que tener más conciencia.

“No es lo mismo trabajar en instituciones de repertorio como la Compañía Nacional que cuando tienes tu propia tribu”, explica. Para ella el hecho de estar comprometido con el “alma, cuerpo e intelecto” a un proyecto al que le dedicas tu tiempo a diario, simplemente por la creencia de que lo que haces tiene una importancia y trascendencia es fundamental.

Julie Barnsley. Foto: Edisson Urgiles
“Que sólo exista la institucionalidad y no los espacios independientes está haciendo mucho daño al movimiento de la danza”, asegura Barnsley. Foto: Edisson Urgiles

–Cuando estás en situaciones donde las energías no están comprometidas es limitado el alcance que puedes tener– dice al respecto y agrega — menos en la Universidad de las Artes, que tienes que dar clase a algunos que ni les interesa.

Otra arista importante del trabajo de Barnsley es la documentación. Desde los años ochenta trabaja junto al artista audiovisual Goar Sánchez para crear obras multimedia y registrar su trabajo: un archivo sustancioso, histórico. “Lo tomo muy en serio. Es una responsabilidad hacerlo debido a todo lo que he vivido y vivo. Es muy lamentable que la nueva generación de intérpretes y creadores no tengan referencias en vivo de esos grandes movimientos que son parte de la historia. Un alumno que no tiene referencias de su pasado, ni su presente a veces, ¿cómo va al futuro?”, comparte la autora de El cuerpo como territorio de la rebeldía (2006).

–¿Tiene alguna visión de lo que vaya a pasar con la danza en Venezuela?

–No. Uno sólo puede vivir en el presente. A cada clase que entro voy cargada con ese amor, ese compromiso, esperando prender la llama de aunque sea tres de los  20 estudiantes del curso. Hay jóvenes que son artistas innatos del movimiento, el deber de uno es darle información.

Sobre el tema de la fuga de talentos, la investigadora de la danza sentencia: “Es durísimo cuando la gente se va del país, cuando la nueva generación se va.  Es fuerte que una generación con tanto talento no tenga la oportunidad de estar en compañías, que tengan que estar en gimnasios del este de la ciudad dando Pilates para sobrevivir, y hacer su danza el fin de semana o cuando pueden”, fustiga.

“Estamos viviendo momentos históricos, sociopolíticos, muy grandes, dolorosos, muy duros. Tiempos de enfermedad, locura y muerte de un cuerpo que cree en la vitalidad, corporeidad y vida. Pero más que nunca hay que estar en un espacio promoviendo esa vitalidad corporal, sin pensar”, reflexiona Julie Barnsley.

“Vivir en Caracas es muy zen. Hay que vivir en el aquí y en el ahora. Sin expectativas”

Es por ello que el único consejo que da para adaptarse a una realidad tan hostil es el de ser realistas. “Aunque no estemos trabajando en montajes no significa que no estemos viviendo nuestra danza”, añade.

–Estoy escribiendo otro documento sobre la materia Conciencia Exploratoria Corporal. Sigo con mi laboratorio personal en la casa, siempre moviendo el yoga, el archivo. Creo que los jóvenes igual. Siempre es posible buscar un territorio de investigación con el cuerpo día a día, o con una investigación intelectual y así vas a estar en algo, creando, aportando.

“Hay que esperar. Uno no muere adentro, uno mantiene la llama de las cosas esperando el momento donde todos los espacios se abran otra vez, como es natural en las sociedades”, concluye.

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