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Karina González, la venezolana del Ballet de Houston, gesta un nuevo desafío

Karina González y su esposo el bailarín Rupert Edwards se preparan para recibir a su primera hija

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Llegó al ballet accidentalmente cuando tenía siete años. Junto a su madre, mientras buscaban clases de danza nacionalista, se toparon con una clase de ballet. La niña se vio hipnotizada por los elegantes movimientos de la danza clásica, los cuales se quedaron por siempre con ella. Hoy, dos décadas más tarde, Karina González destaca como Primera Bailarina del Ballet de Houston y desata sus zapatillas para emprender el viaje hacia la maternidad.

González vivió su infancia en el barrio Campo Rico del municipio Sucre, en Caracas. Se graduó en la Escuela Ballet-Arte -Fundación Gustavo Franklin, a los 16 años. Bailó durante dos años en el Ballet Teresa Carreño mientras éste era dirigido por Zane Wilson, aunque desde pequeña formó parte de El Cascanueces del maestro Vicente Nebrada. Una audición realizada por la directiva del Tulsa Ballet Theatre de Oklahoma, en Caracas, la llevó a alzar vuelo en los Estados Unidos. González fue nombrada Primera Bailarina del Tulsa Ballet en el año 2007, fecha en que ganó una medalla de plata en el New York International Ballet Competition.

Las aspiraciones de la caraqueña la llevaron a ingresar al Houston Ballet en el año 2010, convirtiéndose en el primer talento hispano en ser Primera Bailarina de la importante compañía dancística. Éste hecho la hizo ganadora de una mención dentro de las 30 Mujeres Influyentes de Houston, gala organizada por la compañía d-mars.com el pasado 25 de agosto de este año. Para ella, fue inmenso saberse nominada y ser la representante de las artes en el grupo de valiosas mujeres. “Soy considerada un ejemplo para la gente hispana en Estados Unidos, en especial para las nuevas generaciones, sobre todo en estos momentos donde a la gente latina no la están apoyando tanto como deberían”, explica González a Esfera Cultural.

Karina González en la Gala de las 30 Mujeres Influyentes de Houston

“Me vine a los 18 años completamente sola, dejando atrás a mi familia, todo… Sabía que tenía que trabajar o tenía que trabajar. No hablaba nada de inglés, tardé muchísimos años en dejar el miedo y la pena de cometer errores, pero ya no tengo el miedo y me siento hasta orgullosa de que sea mi segunda lengua”, comenta la artista, quien describe a los Estados Unidos como un país de grandes oportunidades. “Aunque no estés en tu país de origen, sabes que puedes cumplir tus sueños si trabajas de verdad, aquí te dan la oportunidad de lograr cosas que nunca pensaste. No es de gratis, siempre he dicho que cada dólar que me gano lo sudo grandemente”, relata.

El pasado septiembre, el Houston Ballet estrenó la joya del repertorio inglés Mayerling (1978) del bailarín y coreógrafo británico Kenneth MacMillan. González interpretó el rol de Mary Vetcera, dirigida por la bailarina y maestra australiana Leanne Benjamín. “Estaba súper nerviosa cuando me enteré que ella venía a ensayarnos. Fue y es una de las mejores bailarinas del Royal Ballet y sé que este papel ha sido muy especial para ella, más aún sabiendo que terminó su carrera bailando el rol de Mary Vetcera”, expresa.

“El primer día de ensayos, fue uno de los más difíciles en mi carrera. Me dijo, ‘Okey, déjame ver’, colocó la música, yo hice dos pasos y la quitó, ‘¡No!, ¿qué estás haciendo?’. Así fue todo el ensayo. Fui a casa, lloré y decidí olvidar lo que había hecho por un mes y medio y recibir toda la información que ella tenía. Al día siguiente traté de aplicar sus correcciones, y de una manera u otra sentí que mi rol de Mary se transformó en no sólo lo que debía ser técnicamente, sino que Karina era Mary. Fue un verdadero honor haber trabajado con tan hermosa artista”, relata.

Sueños en “puntas”

Sus años de formación en la Escuela Ballet-Arte estuvieron marcados por el esfuerzo de su familia. “Somos cuatro hermanos y mi mamá en ese entonces tenía una escuela de cuidados diarios y tareas dirigidas. Desde el principio ella me apoyó y me decía ‘tienes que ser la mejor de la clase por todo el esfuerzo que estamos haciendo’, eso siempre me motivó a dar lo mejor de mí”, recuerda.

La constante práctica y entrenamiento del ballet le exigía un par de zapatillas de punta nuevas cada mes, gasto que sus padres no podían cubrir. González se inventaba formas de mantener vivas sus “puntas”. Su padre, quien se enamoró del ballet al ver a su pequeña bailando El Cascanueces de Vicente Nebrada, se jugaba el ingenio al cortar plásticos para colocarlos en los arcos de las zapatillas y rehabilitarlas durante unos días más.

“Había días que las zapatillas estaban tan partidas que no podía hacer la clase y me tenía que sentar”

“Las zapatillas de punta que utilicé en mi graduación las tuve gracias a la maestra Laura Fiorucci, quien le pidió un par al Ballet Teresa Carreño, en ese tiempo, unas zapatillas marca Capezio, ¡para que me graduara con unas zapatillas bonitas! Aún lo recuerdo y me trae una sonrisa inmensa. Ahora, después de tantos años, todo ese esfuerzo y, a veces, de momentos difíciles fueron los que hicieron que no parara y siguiera con mi sueño, que no sólo fue mío sino de mis padres y hermanos”, comparte.

Un nuevo viaje

Al mudarse a Oklahoma, González conoció en el Tulsa Ballet a Rupert Edwards, bailarín de origen jamaiquino con quien comparte un hogar basado en la comprensión y el apoyo. Ambos amantes del movimiento, esperan hoy la llegada de su primera hija. Sobre compartir la pasión del ballet con la misión de ser mamá, confía en la opinión de sus colegas, para quienes el tiempo en el estudio de ballet se vuelve más valioso una vez que ya no disponen de todo el tiempo que podían dedicarle antes.

Este nuevo reto inspira a González y la emociona mucho. Ahora entrena menos horas al día pero sigue asistiendo a sus clases de ballet. Espera dar a luz en marzo y en julio incorporarse a la temporada del Houston Ballet que estará presentando Sueño de una Noche de Verano, comedia romántica del laureado bailarín y coreógrafo estadounidense John Neumeier, director del Ballet de Hamburgo. González bailó esta pieza en el año 2014, por lo cual se siente en la capacidad de retomarla después del nacimiento.

“A Midsummer Night’s Dream”; Karina Gonzalez y Aaron Robison; Fotografía: Amitava Sarkar

Aprecia el apoyo que ha recibido por parte de la compañía y de su director artístico, Stanton Welch, quien cariñosamente se ríe de la idea de González sobre su participación en julio, y le aconseja esperar a tener a la bebé en brazos.

Mientras tanto, González asume otro reto: estudiar en inglés. Conscientes de que la carrera de los bailarines no es eterna, González y Edwards decidieron dar un salto y comenzaron estudios académicos. “Mi esposo y yo decidimos que no solamente es importante el ballet, que ha sido nuestra vida, la educación es algo super importante también, y más ahora que tengo mi nuevo reto de ser mamá. Siento que es una de las cosas que quiero demostrarle, que la educación es importante, tener un título, ir a la universidad, tener un carrera es importante”, afirma. Edwards se prepara en la Universidad de Houston para ser Fisioterapeuta. González estudia vía online para ser bachiller en ciencias y más adelante decidirse por una carrera universitaria.

La pareja ha cambiado noches de cenas y cine por desvelos y estudios. “Ahora no vemos el momento para tirarnos en el mueble y ver una película tranquilos. Hemos disfrutado. He disfrutado mi carrera muchísimo, he sido bendecida con todas las oportunidades y las personas que me han apoyado”, declara.

Aunque el ballet no le deja mucho tiempo libre, González visita a su familia en Venezuela una vez al año y conversa diaramente con ellos. Conoce la crítica situación económica y social del país y dice que jamás se imaginó enviando cajas con alimentos a sus familiares. Sin embargo, considera a su país natal como una tierra de grandes talentos, el trabajo constante hace realidad a los más grandes sueños.

Karina González y Rupert Edwards. Fotografía: Cottage Hill

Fotografía Principal: Cottage Hill