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Karl Krispin: el hombre que miente en cien palabras

El historiador, ensayista , cuentista , prefiere los géneros de ficción porque es el sistema más libre

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La entrevista tenía como fin poner en orden el todo Krispin. El Krispin escritor, no el egresado de la Universidad Católica Andrés Bello en Letras e Historia, o de la Universidad de Tulane, La ruma de libros condenados a crecer, una presentación con cierto orden para el lector joven, de acuerdo. Aceptó de buen grado el docente de la Universidad Metropolitana y alguna vez diplomático y funcionario público. Pero esos sujetos belicosos y decididos que infunden temor aún en reposo encaminaron la conversación hacia el hecho histórico dejando en espera los tratos con los otros géneros: el ensayo, el cuento, la novela, los asuntos públicos.

La foto, en la sepia del tiempo, muestra a cinco hombres corajudos, apuestos y resueltos a tirar la parada: el general y banquero Antonio Matos rodeado de su estado mayor; dos siglos se tropiezan brutalmente y la guerra y la paz terminarán por entenderse a tiros cuando Juan Vicente Gómez abate a Nicolás Rolando en Ciudad Bolívar. Deme razón del Mocho Hernández, de Antonio Paredes, de los doctores de Valencia, Karl. El liberalismo amarillo pierde hasta el color de sus banderas y la consigna Nuevos hombres, nuevos procedimientos, nuevos ideales de Cipriano Castro, termina por confirmar otro fraude histórico.

Terminaron las guerras y vino la paz de los sepulcros por casi medio siglo de hegemonía andina. Krispin lo trata con denuedo en la Revolución Libertadora. Una foto de rostro sereno y gestos decididos preside la entrevista, el bisabuelo que fue general y de seguro acarició también él tirar su parada, supo de goletas que se llevaban a los caídos del régimen obligándolos a cambiar de oficio, de idioma y de clima.

Karl Krispin en la sala de su casa Foto: Miguel Hurtdo
Karl Krispin en la sala de su casa Foto: Miguel Hurtdo

-Es el primer texto escrito sobre esos sucesos por alguien que no estuvo involucrado en ellos, como tampoco en los turbulentos golpes de los años cuarenta –dice Karl  Krispin-. Lo escribí un tanto por razones sentimentales, aunque guardando las distancias  a las que todo historiador está obligado porque mi bisabuelo Gregorio Segundo Riera fue el jefe de la Revolución Libertadora en el occidente del país y yo quise un poco recomponer ese capítulo que en lo familiar me tocaba y que yo desconocía. (Es el hombre de la foto, la única de ese tamaño que Karl Krispin tiene en su estudio ¿y en su impronta?).

“Sin escribir no concibo la vida, para mi el lenguaje escrito es la arcilla modelatoria con la cual trabajo”

La ruma de libros confirma una obsesión: Viernes a eso de las nueve (Fuentes 1992, Panapo 1997), Camino de humores (Fundarte), Alemania y Venezuela 20 testimonios (Fundación para la Cultura Urbana), Golpe de estado en Venezuela 1945-1948, Ciento breve (Fundación para la Cultura Urbana 2004), Con la urbe al cuello, (Alfaguara 2005 y 2006), Lecturas y deslecturas, (Unimet 2009), La advertencia del ciudadano Norton (Alfa 2010).

Para el momento de la entrevista tres nuevos títulos ocupaban un apreciable espacio de su biblioteca: 200 breves (Oscar Todman), de creación literaria, y dos volúmenes de compilaciones: Los retos de la Venezuela del siglo XXI, Temas para la agenda del futuro (Oscar Todman Editores) en la cual reúne en su condición de presidente del Capítulo Venezuela del Club de Roma 22 sesudas propuestas que en los diversos ámbitos del desarrollo un grupo de intelectuales propone al país, ora como diagnóstico, ora como programa de país en tiempos de sosiego y entendimiento.

Karl Krispin recuerda que el Club de Roma fue fundado en 1970 y es uno de los organismos de opinión más inclusivos del mundo pues en su seno caben todas las voces, desde socialistas marxistas hasta los más liberales donde predomina una especie de equilibrio en las posturas personales que hacen causa común con el destino de la humanidad. Sus preocupación es hacia dónde va la sociedad, la democracia, el ambiente. Curiosamente se define como una No organización; no es burocrática y su poder es eminentemente moral, científico e histórico dado el prestigio internacional de sus integrantes.

La otra compilación memoriosa versa sobre los 75 años del Centro Venezolano Americano, sin duda un hito histórico-cultural de suma trascendencia en las relaciones a veces turbulentas a veces amistosas entre Venezuela y Estados Unidos y que tuvieron como eje central la explotación del petróleo.

-He navegado entre la historia, la novela, el cuento breve y el ensayo porque en algún momento llegué a la conclusión de que a mí lo que realmente me interesaba era mentir y pensé: qué mejor mentira que la que uno hace cuando escribe ficción, cuando uno recrea un mundo nuevo, cuando uno forja una serie de situaciones que no existen sino en la mente del escritor. La escritura me ha parecido un sistema más libre, mucho mas fluido, por eso me he dedicado más a la literatura y la historia la he dejado para el ensayo.

Los barbudos de la foto imponen volver al pasado.

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-El caudillo –razona Krispin- surge cuando hay una suerte de vacío entre una realidad decretada y una realidad real, entre la realidad deseada y una realidad que no es, (surge) ante la falta de una cultura política que sustentara esa realidad. Mientras el estado venezolano no se terminó de construir, mientras las instituciones no se solidificaron, surgió el caudillo como una suerte de intérprete personal de la ley y una figura de intermediación entre el estado y los ciudadanos. Una vez que se unifica el país, una vez que el país adquiere instituciones -y parte de lo que podemos destacar del aporte de Juan Vicente Gómez fue precisamente hacer sólidas las instituciones, definir y consolidar el estado- a partir de ese momento los caudillos desaparecieron. Además el caudillo es el producto de una sociedad netamente rural y quien hable del caudillo en el siglo XX o en el XXI se equivoca porque el nuevo ejercicio político esta sustentado sobre la base de liderazgo, sobre la base de partidos políticos  y elementos intermediadores institucionales entre el Estado y los ciudadanos.

-No resisto citar a Ramón J. Velásquez quien afirmaba que la dificultad por estudiar los hechos recientes estribaba en que aquí todos tienen su abuelito cuya memoria deben proteger.

-Efectivamente ese es el problema, además de escribir la historia. El problema no esta en los hechos sino en cómo contarlos. Como decía el doctor Velásquez, hay que cuidar al antepasado para que no salga mal librado. En la Revolución Libertadora hay un incidente donde yo dejo mal parado a mi bisabuelo Segundo Riera y lo hago a propósito porque la historia no tiene agendas personales ni agendas familiares sino que es la interpretación de los hechos de cara a la contemporaneidad para sacar lecciones de esa suerte de inventarios de actos del pasado.

-¿Cómo convertir en mentiras esa historia? Pensemos en el pavor de los historiadores, en la historia escueta ayuna de ficción.

-El escritor de ficción debe ser un escritor de ficción y el historiador debe ser un historiador. El historiador debe contar con las herramientas modernas investigativas que ofrece el método y debe actuar en consecuencia. Hacer de la historia un ejercicio de ficción jamás me ha parecido. Me atrae la novela histórica para leerla, no para dedicarme a ella; para mi el escritor debe ser un intérprete del tiempo presente que vive.

-Karl Krispin no frecuenta, si es que existen, las peñas o grupos literarios o lo que se le parezca como centro de reunión de artistas.

-Yo hago vida literaria frente al libro, con las lecturas. Jamás he pertenecido a ningún conclave o grupo literario. No tengo una cédula de identidad literaria colectiva. Tengo más bien la impresión de que la literatura, en resumidas cuentas, es un ejercicio muy íntimo, un ejercicio de estar frente al papel o la pantalla de la computadora y que no resiste esa suerte de visión gregaria del grupo. Yo en particular descreo de eso y tengo la impresión de que los escritores venezolanos no nos retratamos en familia, no nos retratamos en grupo.

-Los controvertidos años 40. Medinismo, Revolución de Octubre, Betancourt, la locura de Escalante y la mala leche de Biaggini, la tragedia de Delgado Chalbaud, Pérez Jiménez, Gallegos…¿Caben especulaciones sobre tan precipitados escenarios?

-A los historiadores no nos interesa el que habría pasado sí…porque eso abre unas puertas tan imaginarias como fantasiosas. El historiador debe circunscribirse a los hechos tal como sucedieron y esa es su base de trabajo. Yo creo que en los últimos años los venezolanos han venido buscando respuestas y ese es un ejercicio muy sano porque en la medida en que tengamos un retrato mas fidedigno ante el espejo de la historia tendremos una conclusión absoluta de saber a dónde vamos y de qué forma nos vemos mejor en el espejo de nosotros mismos

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Krispin Foto: Miguel Hurtado

-Pongámonos marxistas en una cómoda frase: La historia ocurre primero como tragedia y se repite como comedia.

-O a lo mejor comienza como comedia y se repite como tragedia, yo descreo un poco de esas frases rimbombantes porque pueden servir para todo aunque las haya dicho el señor Marx en su sillón del Museo Británico cuando escribía El Capital.

-Sigamos en Alemania, o salgamos de ella con los paisanos suyos que llegaron para quedarse, a propósito del libro que recoge experiencias sobre sus vidas y los aportes que le dieron al país.

-Una de las cosas más interesantes que descubrí haciendo ese libro sobre los alemanes en Venezuela es precisamente, y esa es una características no solo de los alemanes sino en general de los migrantes, esa necesidad tal de hacer, de emprender, de conquistar un papel personal como destino final: que nadie podía quedarse pensando qué iba a ser de sus vidas sino que todas esas personas que llegaron estaban muy conscientes de que tenían que hacer algo para afirmar ese destino y para evitar esa especie de desarraigo que sucede cuando emigras hacia otro sitio.

-Amante de la brevedad, ¿no le teme a la aritmética del relato? Cien palabras por cuento, ya lleva trescientos, ¿no lo ponen ante el dilema de que al ajustarse a cien palabras algo le sobre o le falte?

A mi me gusta la puntualidad y me gusta la precisión. Y este ejercicio narrativo de ceñirme como una suerte de cosa estricta literaria,  de corsé de la escritura, de contención, me ha permitido ser más libre de lo que la gente piensa. Porque lo que finalmente he obtenido, además producto de un largo trabajo, concentrarse en tan poco, me ha permitido ceñirme exactamente  a lo que yo he querido contar. Mientras mas dificultades me impongo mas contento quedo.

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Karl Krispin Foto: Miguel Hurtado