Inicio»Artesanía»La artesanía: una cosmovisión de la venezolanidad

La artesanía: una cosmovisión de la venezolanidad

Teresa Briceño ha destinado trabajo y desvelos a la promoción y difusión de las creaciones artesanales nacionales, apoyando desde diversas instituciones y empresas a comunidades en todo el país con estrategias de autogestión y de inserción social, intentando mejorar la calidad de vida de “ los hacedores culturales y de la venezolanidad”.

12
Compartido
Pinterest URL Google+

Para Teresa Briceño, quien se ha dedicado durante quince años a la promoción artesanal venezolana, este es un país distinguido por sus artesanos, sus Homos Faber, con manos y cerebros comparables con los mejores del continente y del mundo, y con futuro, aquí y más allá de las fronteras.

La promotora cultural, se ha dedicado al desarrollo de relaciones públicas y de proyectos culturales para recaudar fondos mediante la organización de eventos en instituciones y empresas, entre ellas la Cantv, como coordinadora del programa “Aliados Sociales”, una iniciativa de esta empresa tanto cuando fue privada como pública, dedicada a promover y difundir piezas de artesanía de distintas regiones.

En contacto directo de los creadores, Teresa Briceño le ha dedicado 15 años

También en la Galería de Arte Nacional se ocupó de la organización de exposiciones de arte. Y en el Consejo de Coordinación de las Empresas Mendoza proyectó y ejecutó seminarios, congresos y jornadas de estímulo a la creatividad. La Sala Mendoza fue una de sus casas de trabajo, donde confiesa  le sembraron debilidad y pasión por visitar galerías y museos, en el país y en México, Colombia y Perú.

“Con estos viajes y periplos descubrí que la artesanía venezolana históricamente ha tenido poco apoyo e iniciativas de parte del Estado. Durante 16 años he recorrido el país y he conocido a creadores artesanales, quienes han tenido poco acceso al conocimiento sobre cómo realizar y mejorar sus creaciones. Sin querer ser pesimista, he visto con preocupación que muchos han abandonado su dedicación artesanal para lograr sobrevivir como agricultores, entre otros oficios”, comenta.

Briceño conoce casos de algunos artesanos venezolanos representativos que se radicaron tras nuestras fronteras. Por ejemplo: el del carabobeño Luis Acosta, tallista de la madera y pintor, quien ahora vive en Curitiba, Brasil. Ha sido invitado a participar en tres ferias artesanales brasileñas, logro mayor que el que cosechó en suelo nacional.

Creaciones en papel maché de Karina Sellanes, Mérida: La Rosa Mística, Mujer Floral, Frida Kahlo y un ángel

“Cómo Acosta, a muchos de ellos la creación artesanal los hace seres humanos extraordinarios, aliados y amigos. Aceptan sugerencias para mejorar sus obras y necesitan el apoyo de empresas y de instituciones nacionales, en todo sentido, porque Venezuela es rica, muy rica, en producciones artesanales utilitarias”, expresa.

Para Briceño, las manos creadoras venezolanas tienen destrezas en textiles, losa criolla, madera, vidrio, juguetería, cerámica, cestería, orfebrería, barro y tapara. Los textiles se confeccionan mayormente en Mérida, Trujillo y Lara, y otras locaciones indígenas entre ella habitadas por waraos, yakuanas y curripacos.

-¿Cómo marcha el tema de la formación artesanal criolla?

-Las fundaciones de las empresas Bigott y Polar mantienen algunos pequeños programas formativos, aunque en su mayoría nuestros artesanos son autodidactas, y les cuesta conseguir apoyo. Y del Estado no conozco iniciativas importantes.

Un alerta de Briceño: “Hace cuatro años, cinco artesanos nuestros merecieron el Premio a la Excelencia de la Artesanía de la Unesco y el Estado no los apoyó para viajar a recibir sus premios. A los cultores de lo atávico en Venezuela , no se les ha dado el debido apoyo ni los reconocimientos merecidos”.

La promotora cultural Teresa Briceño le explica al periodista Esteban Yepes las razones por las cuales los artesanos abandonan cada vez más, la artesanía

-La economía nacional, ¿cómo afecta al movimiento artesanal?

-Los creadores tienen necesidades de utilizar productos importados, como por ejemplo pinturas, hilos, resinas y tachuelas para completar sus piezas. Estos productos escasean en el mercado y sus precios se encarecen permanentemente. Sin embargo, nuestros artesanos confeccionan y fabrican maravillas.

Sobre el comercio artesanal comenta que en los aeropuertos venezolanos, el turismo en general se interesa más en la compra de manualidades que artesanías.

-No me opongo a las manualidades -señala-  pero tienen sus diferencias con el arte. Nuestros artesanos han logrado privilegios en sus creaciones, tienen el don de Dios, son consagrados. Están, digo yo, al mismo nivel que los artistas.

De su trabajo en la Cantv resalta que el programa Aliados Sociales ideó acompañar el apoyo a los creadores con la producción de catálogos promocionales en cantidades importantes que les permitían dar a conocer sus trabajos y ganar clientes, y les ayudaban a recapitalizarse mediante la organización y ejecución de encuentros y exhibiciones periódicas en diferentes ciudades del país.

-¿Anécdotas?

-Muchas y valiosas. Para llegar a Pedernales en Delta Amacuro, donde hay un puerto que sirve de entrada secundaria a Tucupita, hice una travesía de más de ocho horas en curiara por los ríos deltanos y me tocó dormir en una choza indígena. Valió la pena conocer a sus artesanos y apreciar sus obras. En San José de Cocodite, Paraguaná, Falcón, tuve la fortuna de conocer a Rafaela y sus creaciones en losa criolla, piezas preciosas pintadas con plumas de gallina. En su casa de bahareque Rafaela, pese a su humildad, era feliz, irradiaba alegría y se comportaba como una excelente anfitriona con quienes se interesaban en conocer su trabajo. Y como ella, montones de artesanos repartidos en todo el país.

En el taller Verde y Azul de Tinaquillo, Cojedes, Jorge Viedma y Félix Vera trabajan en equipo: uno talla y el otro pinta

Otra experiencia valiosa la remite a la organización con el apoyo de Cantv ,de talleres en Guadalupe, y Quibor  en el Estado Lara, para enseñar a los creadores cómo abrir cuentas bancarias y elaborar facturas para facilitar la comercialización de sus productos.

Actualmente Briceño se dedica a la difusión y venta de artesanías venezolanas en la tienda El Rincón del Ávila, en el hotel del mismo nombre en la urbanización San Bernardino en Caracas. Allí confiesa que mantiene contactos caracterizados por la confianza mutua con creadores de todas partes, con trato directo, sin la intervención de intermediarios.

Para la cámara fotográfica de Hildebrando Palma escogió algunas artesanías, entre ellas de los hermanos Argenis y José Castañeda, de Quíbor, dedicados a la madera, con la técnica de la marquetería o taracea.

Argenis confiesa: “Con este trabajo buscamos superarnos, todos los días, innovar cosas  y así creamos un mejor futuro”. José agrega: “Me gusta el trabajo que hago, cosas bonitas y superarlas también. Me siento bien cuando a la gente le gusta mi trabajo”.

Ellos recibieron formación artesanal en los talleres de La Siempreviva y El Araguaney, donde trabajaron como lijador y asistente, respectivamente.

 

Todas las fotos de esta información son de Hildebrando Palma