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La banda sonora en el cine, emoción desde el subconsciente

El sonido y la música refuerzan la imagen en una película y aportan credibilidad. Nazoa, González y Cabrujas hablan sobre las fases en las que el oído debe estar atento

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Alegría, miedo, angustia, desagrado, optimismo, rabia. Todas son emociones que pueden experimentarse mientras se observa una película. Las imágenes se suceden, una tras otra, y el espectador reacciona ante ellas de determinada manera. La ilusión del cine lo envuelve, lo hace partícipe del hecho dramático. Pero no son las imágenes las principales responsables de generar emoción, lo que va directo al subconsciente es el sonido. El sonido y la música se engranan con la acción para potenciarla.

En un principio se concibió a la música como un acompañamiento de la imagen, sin sacar tanto provecho de su poder expresivo. Fue a partir de Apocalypse Now de Francis Ford Coppola que lo sonoro pasó a tener un rol protagonista en la creación de emociones: la guerra retumbaba en los oídos. Desde ese momento han sido muchas las innovaciones que se han hecho en esta materia. En palabras de David Lynch la música es como una droga, es tan pura que cuando llega a los oídos instantáneamente genera un efecto, además que puede constituir el 50, 60 o 70% de una escena.

A pesar de ser un elemento fundamental para un film lo que predomina en la cabeza de la gente es la imagen, el sonido no pasa por la parte racional, lo consciente. Puede que por esta misma razón se conozca poco acerca del equipo que trabaja con lo que se escucha; los más visibles son los actores, el director o el camarógrafo. Sin embargo, hay un gran equipo de gente dedicada a escuchar durante toda la creación del producto audiovisual. A grandes rasgos, son tres las áreas que se integran para la elaboración de una banda sonora, Esfera Cultural contactó a tres representantes para cada una: Mario Nazoa, en el sonido directo; Gustavo González, dueño de 360 estudio, en el diseño de sonido y Francisco Cabrujas, en la música.

Mario Nazoa: los oídos del rodaje

Foto: Edisson Urgiles
Foto: Edisson Urgiles

A Nazoa no le gusta encerrarse en el estudio, lo suyo es estar en el set junto al resto del equipo al momento del rodaje. Su trabajo es recoger el sonido directo: grabar lo mejor posible los diálogos y los ambientes de sonido que luego servirán para enriquecer una banda sonora. En un principio, todo lo que se crea parte del guión y, con base en lo que se ha leído, se estructura lo que se quiere para la película.

En principio la relación del sonidista es con el realizador y luego con todo el equipo. “En mi vida profesional son muy pocos los directores que se han sentado conmigo para decirme qué quieren hacer con su sonido. Una vez en el set, todos están pendientes de lo que se ve, no de lo que se oye. El sonido es la parte menos conocida de todo el cine”, explica Nazoa.

Lo primero que debe hacer un sonidista es visitar las locaciones para aprobarlas. Debe estar muy atento a todo lo que se escucha de forma que, al momento de filmar, no hayan sorpresas que entorpezcan la grabación: un radio que no se puede apagar o la caída de agua de una fuente. En seguida debe escuchar cómo hablan cada uno de los actores, para saber si hay que enviar a alguno a un terapista de voz. El ritmo del habla también hay que mantenerlo. “Cuando comienzas a grabar en la mañana el actor comienza a hablar en corcheas, al terminar a las 6 de la tarde ya pasó a negras. Eso hay que cuidarlo. El cine es ritmo”, subraya Nazoa. Sin embargo, lo más importante de todo es garantizar que se entiendan y escuchen los diálogos.

Es por esto que la mayor dificultad a la que se enfrentan es al ruido. Durante la filmación deben controlar todos los sonidos molestos, inclusive si más tarde deban incluirlos en el proceso de postproducción. “Lo más importante cuando estoy en el set es que no interfiera nada con el diálogo porque se puede perder el hecho dramático. Es paradójico porque todos los ruidos que mando a quitar luego los tengo que volver a poner, pero al volumen que yo considere”, puntualiza el sonidista.

Al terminar de filmar, todo el sonido se le entrega al editor de la película, quien se encarga de sincronizar audio y video, cortar y montar todo el film. A partir de ahí comienza la otra etapa del mundo sonoro: la postproducción de sonido.

Gustavo González: el ilusionista del sonido

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La película ya está montada pero aún no está completa, no es creíble. Es el momento en el que el diseñador de sonido comienza a trabajar. Lo primero es limpiar el sonido directo de cualquier ruido, nivelar los diálogos. Este es el esqueleto. “Hay que hacer un trabajo casi forense de limpieza y cuidado”, subraya González. Después se establecen equipos de trabajo. Unos se encargarán del foley –recreación de sonidos que durante el rodaje no se pudieron registrar-, otros del ambiente y un tercer grupo de los efectos.

En esta fase la imagen se refuerza con el sonido, que toma un papel importante en la narrativa, estética y emociones que quiere transmitir un film. Anteriormente era un trabajo exclusivamente técnico, en la actualidad es una labor técnico-artística. “Cuando en una película ocurre un evento importante el sonido nos sorprende antes que la imagen, aunque no nos demos cuenta y creamos que es simultáneo. Además, el oído es el sentido más importante para la supervivencia, por eso reaccionamos mucho más rápido ante él”, explica el ingeniero.

El sonido puede pasar desapercibido cuando está bien hecho, el objetivo es que se integren tan bien que resulte natural haberlo escuchado. La imagen, al ser objetiva y concreta, atrapa más fácilmente como idea principal, el sonido en cambio trabaja en el subconsciente. “Para expresar una emoción visualmente necesito una imagen que objetivamente la represente. La música se expresa de forma completamente abstracta lo cual nos permite ante cualquier imagen cambiar la percepción solo con lo que se escucha”, explica.

Una de las maneras de engañar al cerebro es darle más detalles de los que puede percibir, por eso hay sonidos en varios planos a distintas intensidades cuyo objetivo es hacer creíble lo que se proyecta en pantalla. Si esto no se hace bien, podría tumbar toda una película. Esta es una de las razones por las cuáles un film pasa tanto tiempo en postproducción.

“El reto en el sonido es innovar, poner en pantalla algo que deje al espectador emocionado y complacido. Por otro lado, el reto de la industria cinematográfica venezolana es subsistir en un momento crítico. Tenemos a nuestro favor que una de las áreas en las que estamos más al día es esta. Ahorita todos los que tenemos equipos y tecnología estamos financiando el cine venezolano y esperamos que con el cine extranjero podamos equilibrarnos”.

Francisco Cabrujas: la melodía hecha a la medida

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El último terreno del sonido lo lidera la música. La composición para cine tiene sus rasgos particulares y, más allá de la libertad artística, lo importante es adaptarse al estilo de la película que quiere el director. Cada realizador tiene su forma de trabajar, algunos dejan toda la responsabilidad en el músico, otros dan las directrices. Sin embargo, en ambos casos lo que debe predominar es el hecho dramático.

La composición de la música forma parte de la postproducción y hasta que la película no esté lista no es posible comenzar a trabajar. “Para componer tienes que seguir la imagen, tú no existes por encima de eso. La música es un traje a la medida que viste a la película y que tiene la propiedad de ir directo a la emoción”, expresa Cabrujas.

La musicalización habla en un lenguaje al que la palabra no puede acceder. Tiene un poder transformador. Esta es una de las razones por las que se dificulta tanto hablar de la música, hay una apreciación subjetiva que no se puede expresar. Para Cabrujas es un gran fracaso cuando la música toma protagonismo en una película independientemente de lo se está narrando. “El compositor debe tener el oficio y la humildad de aceptar de que su trabajo le sirve a la historia. La música no vale por sí misma en una película”, asevera.

En Venezuela no existe una formación exclusiva para composición cinematográfica, las escuelas que existen son de ingeniería de sonido o de composición general. Sin embargo, el camino empírico es una característica común en el hacer cine. “La creatividad no la detiene nadie, los estudios te imparten una forma de hacer las cosas pero no significa que las personas no puedan llegar a la misma conclusión por sus propios medios”, finaliza.

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