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La Dama y El Oso, sedientos de amor

Este fin de semana el Taller Experimental de Teatro presenta " La Dama y el Oso" de Ida Gramcko (1958) en el Teatro Luis Peraza

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“Todos estamos sedientos de amor”, es lo que nos dice Erich Fromm en su ensayo El arte de amar. Joaquín Sabina habla de la miel en los labios y la escarcha en el pelo del ser amado, mientras que Platón, relata la odisea del amor a través de la batalla que libra con la razón: dos caballos desbocados imposibles de controlar o domar.

De las emociones humanas, quizás la más abstracta sea ésta, porque el amor, el más puro, conlleva, no solamente a la sensación del desvarío y la euforia, sino el compromiso y la responsabilidad que tenemos hacía nosotros y los demás. Respetar, también es una forma de amar. Quizá por ello, todos buscamos amor, pero pocos se comprometen a mantener ese árbol frondoso, “bien regado”, como diríamos en criollo.

La referencia a Platón no es gratuita. En su diálogo “Lisis o sobre la amistad”, el filósofo, mediante su dialéctica, da una explicación al origen de la amistad, aquí emparentado en un sentimiento de amor. El joven Hipotales, enamorado de Lisis, le narra su aventura a Sócrates. Platón, entonces prueba que el amigo no puede ser, ni simplemente aquel que ama, ni aquel que es amado, semejante, contrario, relativo, lo absoluto fuera del deseo, ni la conveniencia sola. Es pues, la amistad, y el amor que nace de ella, una vinculación circunstancial emocional que debe estar en constante equilibrio con nuestra mente y nuestro corazón.

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La obra llega en el marco de El Viaje Teatral -nueva propuesta a cargo del Centro TET. Lya Bonilla y Boris Paredes Foto: Daniel Dannery

¿Y cómo se puede medir tal verdad? Es tan complejo el amor, que Fromm apunta a que nadie piensa que hay algo que aprender acerca del amor. Los muros se levantan en la búsqueda de ese equilibrio entre deseo, pasión, amistad, percepción y sentimiento, que ni siquiera Platón es capaz de responder, dejando su diálogo inconcluso para que la respuesta provenga del lector, en esa búsqueda incansable y agotadora que proviene de lo deseado y, del ser deseado.

Lisis se llama el personaje principal de la pieza La Dama y El Oso (1958), original de la venezolana Ida Gramcko. Su argumento proviene de un mito de origen merideño, que según su autora, fue un regalo intelectual que le dio su amigo Mariano Picón Salas, y del que la filósofo, poeta y dramaturgo, se valió para entretejer las ramas de una pieza moderna para su época, como lo apuntó José Ramón Medina en un artículo para la Revista Nacional de Cultura en el 2009.

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Lisis (Lya Bonilla) y El Poeta (Boris Paredes) Foto: Daniel Dannery

La Dama y El Oso, es una obra particular. Gramcko teje un argumento hermoso que parte de la soledad y de las maneras que se tiene para batallar contra ella.

Lisis, pasa las noches con su amigo El Poeta. La amistad entre ambos se ve trastocada un día por la presencia de un Oso. En principio, la entrada del animal a escena crea un aura de suspenso, la bestia ruge ante el más mínimo desatino, pero la situación va llegando a la calma cuando entre copas y tragos, en lo que parece ser una ensoñación, Lisis se entrega a la bestia en un arrebato de deseo.

De este encuentro, nace un hijo (en las cavernas), y pasan veinte años. El hijo niega su origen, ser mitad oso. Sus complejos son escuchados por su joven amante, quien al enterarse de la particularidad genética del novio, parece entregarse aun más a ese amor que va naciendo entre ellos, entre confesiones, verdades y deseos. Como si ese instinto animal heredado del padre jugase a favor en el arte de la conquista y su posibilidad de encaminar el deseo, de la misma forma como la dama del cuento, se vio presa por el primitivismo de la bestia.

La pieza apela al naturalismo, en medio de un mundo abarrotado de símbolos y poesía ¿Es el oso un ser real o es acaso una metáfora del deseo?  Gramcko no lo aclara, no hace falta. El símbolo cobra vida a través del juego de la palabra. Lisis se ha entregado en cuerpo y alma a su más profundo ser, como si ese encuentro producto de las más bajas pasiones marcará su retorno a un estado puro de mujer y animal.

Es Lisis un arquetipo hermoso de mujer salvaje, aquel que profundizaría la psicoanalista Clarissa Pinkola Estés, en su estudio sobre la psiquis femenina, Mujeres que corren con lobos. Lisis duerme al pie de la puerta entre ramas y hojas secas a la espera de la llegada de su complemento animal, aquel poeta que removió en su corazón y aclaró su razón. Mientras el hijo preocupado por el comportamiento de su madre, trata de buscar razones, sin hallarlas, resignado a presenciar lo que él piensa es la semilla de la locura.

En el prólogo a la obra Lisis o sobre la amistad de Platón, su traductor y también filósofo Patricio de Azcárate, resume la intención del diálogo en Lisis, en un párrafo hermoso que se emparenta con el argumento de Gramcko, (…) la verdadera belleza, la belleza digna de que se la busque y de que se la ame, no es la del cuerpo, sino esa belleza del alma, cuyo culto ennoblece a la vez al amante y al amado. De esta manera uno podría suponer que la entrega en cuerpo y alma que hace la Lisis merideña, apunta a un sentido particular de belleza, al observar el alma del oso amado, y todo lo que ese encuentro fugaz removió en sus entrañas.

El aprendizaje que tal amor engranó entre la dama y el oso, es uno que trasciende el cuerpo para verse liberado en el culto a lo salvaje, a la primitivo, a lo instintivo, como si Gramcko apostara desde su cualidad de fémina a la libertad de amar a poetas y poesía en partes iguales y rendir frutos de ese amor, a través de la entrega ermita, y de la herencia carnal. Aprender y enseñar a través del amor, sobre el amor mismo, y no saciar la sed que ese amor produce, es lo que finalmente el hijo y su amante terminan por comprender.

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Oriana Álvarez Foto: Daniel Dannery

Pieza difícil, que ha llegado a manos del joven director Joe Justiniano y que ha sido puesta en escena en el marco de El Viaje Teatral -nueva propuesta a cargo del Centro TET y aliados-. Justiniano apela a mostrarnos la caverna, y en sus entrañas, la comedia y la poesía de sus personajes, a cargo de un variado grupo conformado por Boris Paredes, Ricardo Lira, Oriana Álvarez, Miguel Suárez, encabezado por Lya Bonilla, actriz permanente y docente del TET, quien entrega una Dama, llena de amor.

La Dama y El Oso, se presentará hasta el domingo 17 de septiembre, en el Teatro Luis Peraza (sótano de la Iglesia San Pedro, Los Chaguaramos). Viernes 6:30 p.m. y sábado y domingo a las 4:00 p.m.

 

 

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